Crónicas de Sergio Ried: Una visita al paraíso

En sus casi cien años, el Beverly Hills Tennis Club ha visto pasar por sus instalaciones a una constelación de estrellas, del cine, del tenis, de otros deportes o de los negocios.

Por SERGIO RIED / Foto: ARCHIVO

Como dijo Nick Bolletieri (QEPD), «no hay en todo Estados Unidos un club como éste». El gran entrenador se refería al Beverly Hills Tennis Club de North Maple Drive en Los Angeles, California, el club que no sólo tiene las mejores instalaciones y las más cuidadas canchas de tenis, sino también una hermosa piscina, sauna, jacuzzi, un gimnasio de última generación y un restaurante de categoría internacional.

El club fue fundado en 1929 por el ex tenista estadounidense Frederick Beasley Alexander y sus socios Milton Holmes y Larry Bachmann, dos profesionales de la industria del cine, que les negaban la entrada al club a sus propios colegas de Hollywood. Seguramente, porque sabían demasiado de ellos.

Hasta que en 1936, el gran campeón británico Fred Perry, se mudó a Los Ángeles para hacer negocios con su marca de ropa deportiva y se asoció con el legendario tenista californiano Ellsworth Vines, para invertir en el club, remodelar sus instalaciones y abrir sus puertas a quien quisiera y tuviera los medios para ser socio.

Y de la noche a la mañana el Beverly Hills Tennis Club pasó a ser punto obligado del glamoroso mundo hollywoodense. Actores, actrices, productores, directores, millonarios y campeones se daban cita en sus instalaciones. La mayoría iba a jugar tenis, tomar clases carísimas con el mítico campeón ecuatoriano-estadounidense Pancho Segura, o a hacer negocios al almuerzo o desayuno en el restaurante.

LLUVIA DE ESTRELLAS

Desde su inauguración con sus nuevos propietarios, con un loco y extravagante partido de tenis entre Fred Perry, Ellsworth Vines, Charles Chaplin y Groucho Marx, que repletó las gradas con la «creme de la creme» de Los Ángeles, el emblemático club, en sus casi cien años de vida, siempre ha estado plagado de glamour, con estrellas de cine, campeones de tenis y otros deportes y por quien pueda pagar los 20.000 dólares de iniciación para poder pisar sus courts y disfrutar de los beneficios de este exclusivo y elitista club.

El autor con el mítico Pancho Segura.

Suma que yo no tuve que pagar por ser invitado del propio Pancho Segura, en ese momento entrenador de Jimmy Connors y profesor de quien pudiera pagarle 150 dólares por una hora de clases.

Stan Smith, Charlie Pasarell, Tracy Austin, entre otros reputados campeones, eran asistidos periódicamente por Pancho, que, además, enseñaba a una pléyade de artistas de cine y personajes de la farándula hollywoodense.

Yo estaba como un niño en una tienda de caramelos, porque para el lado que mirara había un actor, una actriz de Hollywood, un tenista famoso o una celebridad.

Arthur Ashe, número dos del mundo y ganador de tres de los cuatro Grand Slams, entrenaba allí cuando no andaba en gira; Jimbo era la súper estrella del club, desde que su madre, que lo entrenó desde niño, lo puso en manos del gran Pancho Segura a los 16 años.

Paul Newman y Ava Gardner, dos ilustres que disfrutaron de las excelentes canchas del club.

Ava Gardner, Barbra Streisand, Janet Leigh, Lauren Bacall, Doris Day, Bárbara Stanwyck, Barbara Marx, esposa de Frank Sinatra, Charlie Chaplin, Paul Newman, Charlton Heston, Groucho Marx, Dean Martin, Gene Hackman, Kirk Douglas y decenas de los personajes más famosos del mundo del cine, desfilaban por sus courts o disfrutaban de la piscina o el restaurante.

No diré que los vi a todos, ni si jugaban bien o mal, pero si que pase un día inolvidable y que con el correr del tiempo llegué a tener a algunos de ellos al otro lado de la red.

Una vez más tengo que decir: gracias tenis.