¿Cuál Colo Colo veremos en el Superclásico?

El juego albo, y su capacidad de victoria, se basa fundamentalmente en lo que puedan hacer Paredes y Valdivia. Pero ambos, ya veteranos, sienten el rigor de la marca y la intensidad que el rival plantea. Y la U, que más allá de su magra cosecha de puntos seguramente propondrá un partido muy físico, puede obtener por esa vía el resultado que refrende aquello de que en este tipo de encuentros nunca hay un favorito.

Aunque parezca un contrasentido, la mayor fortaleza de este Colo Colo de Mario Salas es también su mayor debilidad.

Transcurrido ya poco más de un tercio de campeonato, ¿qué duda cabe de que este cuadro albo basa sus mayores opciones de triunfo en lo que puedan hacer Paredes y Valdivia?

Y es que, cuando no existe un adecuado funcionamiento como equipo, como lo viene demostrando reiteradamente el “Cacique” en lapsos prolongados de cada partido, inevitablemente queda entregado a que el “Mago” saque algún truco de la galera o a que su sempiterno goleador dé con el arco.

Sólo que el volante, a estas alturas de su carrera, tiene que esforzarse el doble para deshacerse de la marca que todos los rivales le plantean, a sabiendas que el impedirle que se haga de la pelota constituye el primer paso para disminuir aún más la poca claridad ofensiva alba.

Respecto de Paredes, sólo un miope, o un hincha recalcitrante, será incapaz de ver que, con 39 años a cuestas, el goleador se ha ido quedando paulatinamente sin esa explosión que requiere un jugador que, encerrado entre los zagueros centrales rivales, necesita mostrarse como alternativa de pase o desmarcarse para provocar los espacios para la llegada de otro atacante. Y eso, que parece tan simple y tan nimio, no lo es para un jugador cuya veteranía le fue restando buena parte de su velocidad y chispa.

No es menor el que el técnico albo durante la semana los tenga a ambos entre algodones. Que, en más de una oportunidad durante este campeonato, los haya enviado a la cancha recién promediando la segunda etapa. Y es que, más allá de un talento y una calidad que no puede estar en discusión, ni Valdivia ni Paredes parecieran estar para 90 minutos de un torneo que, sin haber mejorado mucho su calidad ni competitividad, ha aumentado en elogiable medida el número de aquellos equipos que han entendido que, sin intensidad, es bien poco a lo que pueden aspirar frente a cuadros conformados por jugadores mejores y más caros.

Es esa intensidad, precisamente, la que se echa de menos en el Colo Colo de Salas. Mientras varios equipos, con sus limitaciones y sus ripios, emplean una quinta marcha, el elenco albo a lo más utiliza la directa. Mientras varios marcan la salida y atosigan, apurando la equivocación (¿alguien olvida el error provocado de Suazo en el gol de Unión La Calera?), el equipo popular recién se arma defensivamente en su propio campo, y hasta por ahí no más, porque su capacidad de anticipo es tan escasa como el uranio y la velocidad un atributo que tampoco abunda en sus zagueros.

A Salas, lo sabemos, no le gusta jugar así. A él, como a todos, le encantaría que su equipo mostrara la intensidad de un Ajax o de un Liverpool. Pero no puede hacerlo. Simplemente porque sus principales jugadores son ya tipos veteranos que, de afrontar un partido así, en media hora quedarían reventados y no se podrían ni los zapatos.

El mejor defensor albo de los últimos campeonatos, Julio Barroso, en lo que va de este torneo ha visto amenazada su titularidad tanto por lesiones como por el hecho claro de que la poca velocidad que tenía la ha ido perdiendo a pasos agigantados. Consecuencia: las veces que ha jugado, ha estado lejos de dar la solvencia y seguridad que daba antaño, y hasta ha cometido errores groseros que nunca antes formaron parte de su repertorio.

El tercer gol de Universidad Católica, en el Monumental, surgió de un pase suyo hacia el arquero absolutamente desmedido. Un tanto que, vista la reacción alba tras el ingreso de Paredes, resultó clave en la victoria “cruzada”.

¿Cuál es el problema? Que Insaurralde también es lento. Y no sólo eso: de diez pases o pelotazos suyos, ocho van a dar a los pies de un rival. Que el apodado “Chaco” tiene oficio, no cabe duda. Sólo que habría que preguntarse si es lo que Colo Colo necesita, considerando que la inmensa mayoría de los rivales, al plantearle los partidos a la contra, cuentan con espacios mucho más amplios a la hora de intentar hacer daño.

Excluyendo a Valdivia y a Paredes, Colo Colo no tiene mucho más a lo que echar mano. Ni Vilches ni Parraguez están a la altura del ídolo goleador albo. El uruguayo-peruano Costa ha sido hasta aquí un rotundo fiasco, al punto que Morales, con todas sus limitaciones, que son muchas, se antoja una mejor carta. ¿Mouche? Es sin duda el mejor atacante que ha mostrado el “Cacique” en este campeonato, pero tampoco hay duda de que lo que prometió en las fechas iniciales no se ha visto refrendado en sus actuaciones posteriores.

¿Bolados? Nadie sabe para qué retornó tras estar el año pasado a préstamo -al igual que Vilches- en Universidad Católica. Entre reiteradas lesiones, y un rendimiento que nunca ha superado la opacidad, el llegado desde Deportes Antofagasta sigue sin justificar el por qué, en su momento, albos y azules se lo disputaron.

Si ni Vilches ni Parraguez han hecho olvidar a Paredes, cuando el “Mago” no ha estado el asunto ha sido todavía más dramático. Alarcón, titular las primeras fechas, ha resultado toda una oda a la intrascendencia, y claramente no se explica que ex futbolistas, que copan los programas de televisión y radio en su calidad de expertos en fútbol, le sigan poniendo fichas, como en su momento se la pusieron a otro juvenil albo -Provoste- que nunca ha demostrado nada.

¿Defensa corporativa? Lo concreto es que estos analistas han calificado a Alarcón y a Provoste como “volantes mixtos”. ¿Qué diablos es eso? En cualquier país que se juegue fútbol de verdad los volantes son todos “mixtos”. Es decir, marcan y corren tanto como juegan. Lo otro sería aceptar pataduras que sólo están para el quite y flojonazos que, al estilo de los antiguos “centro half” argentinos, esperan en el mediocampo que la pelota les llegue para distribuirla.

Consecuencia: el mediocampo albo tampoco tiene mucho si falta Valdivia o, producto de la marca, y más de algún foul de esos que llaman “táctico”, el rival consigue borrarlo de la cancha. Sabemos que Pavez no es “mixto” (¿?), porque se va achicando conforme se acerca al área rival, y Suazo, que comenzó bastante bien para provenir de las series menores albas, luego del TEC frente a Antofagasta parece que además sufrió amnesia, porque frente a Unión La Calera no anduvo y ante Palestino sencillamente cumplió un partido para el olvido.

No sólo estuvo a punto de mandarse un “autogolazo”, que evitó Zaldivia, sino que la mayoría de sus intervenciones terminaron en decisiones erradas, siendo la guinda de la torta un taquito sin asunto que se mandó en plena área palestinista en una de las pocas cargas coherentes que el “Cacique” había podido hasta allí enhebrar.

Decisión de Salas: Suazo no salió a disputar el segundo tiempo frente a los “tricolores”.

Por ello es que, más allá del lugar de la tabla que albos y azules ocupan cumplidas doce fechas, como nunca es más válido el dicho cierto de que los Clásicos son partidos aparte. En otras palabras, que el sábado puede pasar cualquier cosa.

Como nunca, o como pocas veces, además, más allá de la tabla no existe un favoritismo absoluto de uno por sobre el otro futbolísticamente hablando.

Porque, ¿cuál Colo Colo veremos? ¿El superado física y futbolísticamente por Unión La Calera y sometido luego durante 45 minutos por Palestino? ¿El que las vio negras frente a la Universidad de Concepción, Iquique, Curicó y también frente a O´Higgins? ¿O ese Colo Colo que, excluyendo piezas que no han funcionado, echó mano al temple y a la mística para quedarse con los tres puntos?

Colo Colo cometería un error gigantesco si, más allá de lo que se dice de la boca para afuera, entra pensando en dar el tiro de gracia con la sola camiseta. O sacando cuentas de esos largos años que los azules no pueden celebrar ni siquiera en el Estadio Nacional.

Una cosa es clara: la U, que es un mal equipo, de eso no puede haber dudas, tiene bastante más que varios que en la tabla lo superan.

Tiene, además, una mística y un fervor que suele ser el mejor antídoto para superar crisis prolongadas. Una dinámica y una intensidad que, ya vimos, el Colo Colo de Salas no tiene no porque no quiera, sino que porque no puede.

En resumen: el sábado gana cualquiera. Porque esta vez, y como pocas veces, además, un eventual empate no le sirve a nadie.