¿Cuál es el verdadero nivel en que se sustenta nuestro fútbol?

Mientras los dirigentes no inviertan, y no organicen torneos verdaderamente competitivos, vamos a continuar en la mediocridad actual. El tricampeón del fútbol chileno -Universidad Católica-, manda sin contrapeso en el plano local, pero a nivel internacional no ha conseguido nada. ¿No es esa una clara señal?

Por GERARDO SILVA

Dándole un par de vueltas a estos conceptos, la verdad es que cuesta mucho hacer un diagnóstico certero. Para el común de la gente, el fútbol chileno es de lo más malo del continente. No obstante, los mismos piensan que tenemos un buen equipo como para clasificar al próximo Mundial, y que lo que necesitábamos de manera urgente era un cambio de técnico. 

El técnico ya no está. Reinaldo Rueda nunca tuvo la confianza del hincha del fútbol chileno. Quizás sí contaba con la confianza del gremio de los entrenadores y de algunos dirigentes, como también de algunos periodistas, sólo algunos, porque en su gran mayoría abogaban por la salida del estratega. 

Ahora Martín Lasarte, nuevo entrenador nacional, trabaja afanosamente en un microciclo, en un período quizás un tanto más optimista y relajado, ya que la fecha doble del mes de marzo se encuentra suspendida. Claramente, hay más tiempo para implementar un nuevo modelo de juego o fortalecer lo que ya había.

Lo que sorprende es que la palabra recambio ya no es tan recurrente. Parece ser que vamos a exprimir a los históricos y de manera paulatina vamos a ir buscando alternativas.

Lo dijo el propio técnico: no importa la edad, importa el rendimiento. A mí me parece una buena observación. El fútbol debe ser eso siempre, ¡rendimiento!. Así las cosas, en este primer microciclo dirigido por Martín Lasarte fueron convocados jugadores avezados y con mucha experiencia, otros jóvenes con un pasar interesante y otros absolutamente desconocidos.

El estratega está observando, analizando y sacando las mejores conclusiones. Nosotros también podemos sacar las nuestras. Parece ser que los futbolistas destacados que seguirán haciendo la fuerza en este proceso selectivo serán los históricos y, principalmente, los que juegan en el exterior. En el campeonato local se pueden encontrar un par de valores que le permitan complementar el grupo seleccionable. 

Como lo dije al principio, cuesta situar el verdadero nivel competitivo de nuestro fútbol. En Chile, la Universidad Católica ha conseguido tres campeonatos consecutivos, pero en el plano internacional no es mucho lo que ha logrado conseguir. Como todos los años somos sometidos a prueba, pero los resultados definitivamente no llegan. 

Tenemos que concluir que nuestro torneo está por debajo de la media en el concierto sudamericano. Las preocupaciones de todos los que vivimos fútbol en este país tienen una lógica alarmante: no invertimos y no generamos torneos competitivos, lo que seguramente en el corto plazo nos traerá muchísima decepción. No tendremos capacidad competitiva y la otra, quizás la más importante, es que inexorablemente la pequeña luz que queda de nuestros ídolos históricos terminará por extinguirse.

Por esto, llegó el momento de cambiar el chip, de activarnos y tomar desde lo más alto de nuestro organismo rector del fútbol, junto a los presidentes de las instituciones que la componen, las mejores decisiones. Cuidar menos los intereses económicos de los clubes y recuperar con trabajo intenso el prestigio que tanto nos costó ganar. 

Por favor, implementemos campeonatos de verdad. Materia prima existe para seguir exportando y, en la medida de lo posible, recoger los mejores rendimientos para  mantenernos vigentes y competitivos en el concierto internacional.

Por cierto, no hablo sólo de la Selección. Es importante que los clubes no sólo participen de la Copa Sudamericana y la Libertadores, sino que llegó el momento de ganarlas.