Cuarenta años de “Clics Modernos”: la esquina de Charly en la Gran Manzana

El pasado 5 de noviembre se cumplieron exactamente cuatro décadas desde que se lanzara el segundo álbum de estudio del cantante y multiinstrumentista bonaerense Charly García. Grabado en Electric Lady Studios de Nueva York, la fotografía de la tapa de “Clics Modernos” fue tomada en la intersección de Walker Street y Cortlandt Alley, mismo lugar donde se inauguró una placa conmemorativa.

Por RODRIGO CABRILLANA / Foto: ARCHIVO

Hablar de Charly en la música popular sudamericana es rememorar esencialmente parte de los orígenes del rock en español, que al menos en esta parte del globo sur, tuvieron una clara y elocuente expresión desde los primeros acordes eléctricos que provinieron desde Argentina.

Sin embargo, la tarea y la relación de García con la música comenzó desde sus primeros años, cuando se le consideró un niño prodigio en el conservatorio, para luego conocer a los Beatles y desde ahí, nada sería lo mismo. Se aventuró de lleno en el rock, formó Sui Generis con el paso de los años junto a Nito Mestre, y la leyenda del viejo Charly comenzaría a tejerse providencialmente.

Porque a García no solamente se le considera una eminencia por su obra discográfica musical, sino que también su personalidad ha marcado profundamente la escena del rock sudamericano. Disruptivo, desafiante, rebelde y vanguardista. Charly puede ser a ratos insurrecto, pero también es un trabajador compulsivo de la música. Su gran capacidad en el estudio sorprende, y a partir de esa genialidad es que se han gestado álbumes solista de gran corte como “Piano Bar” (1984), “Say No More” (1996) o “Influencia” (2002).

Así lo recuerda Guido Nisenson, ingeniero y productor argentino, que trabajó con Charly en el estudio La Diosa Salvaje, durante las sesiones del disco “Say No More”: “Yo estaba trabajando el doble de ‘(Spinetta y) los Socios del Desierto’ (1997) y estaba grabando ‘Say No More’ de Charly. Y trabajaba con los dos al mismo tiempo. Con Charly trabajábamos de noche, como en el horario contrario y a veces terminábamos dos días después, cuando salíamos del estudio. Y con Spinetta era todo lo contrario, ya que le gustaba levantarse temprano, tomábamos café, grabábamos, luego cocinaba, todos los días cocinaba en el estudio. Era todo lo contrario a Charly, porque con Charly no se comía, no había comida y no te podías ni levantar para ir al baño. Nada de nada. Eran horas y horas y horas… con todo eso que te estás imaginando”.

De hecho, ese carácter volátil, temperamental, apasionado y en ocasiones impulsivo es parte de su genialidad musical en todos los escenarios posibles. A Charly hay que entenderlo como un poeta legendario y precursor, inmerso en las aguas más profundas y creativas del rock. Así también lo recuerda el baterista histórico de Virus, Mario Serra, quien fue parte de la banda de García en la época de “Say No More”: “Charly siempre tenía esa cosa impredecible. Yo recuerdo un concierto acá en Argentina con Charly, era una Navidad y que duró cuatro horas tocando. Y así como vos decís, había otros recitales que duraban media hora y lo querían matar. Pero, está bueno, el artista es así”.

Por lo mismo, durante la época de gestación de “Clics Modernos”, a inicios de los ’80, es el período en que Charly fundamentalmente está emprendiendo su carrera solista, y como todo músico de avanzada, redirigió sus composiciones hacia la ciudad de los rascacielos en Estados Unidos, con motivo de registrar sus canciones en Electric Lady Studios.

Con el apoyo de Pedro Aznar en el bajo y voz, el guitarrista estadounidense de jazz Larry Carlton y la producción del ingeniero neoyorkino Joe Blaney, Carlos Alberto García llevó a cabo las grabaciones de “Clics Modernos” en un breve tiempo en el estudio. Y el resultado fue un álbum pop con varias canciones de estilo bailable, algunas que remiten a la dictadura argentina en su lírica y con la incorporación de la batería electrónica como un instrumento más en el estudio.

Es más, las fotos tomadas a García por el fotógrafo argentino Uberto Sagramoso, de la revista Expreso Imaginario, en esa icónica esquina de Nueva York, fueron las que determinaron finalmente que el disco se denominara “Clics Modernos” y no “Nuevos Trapos” como pensaba titularlo Charly. Además, que fue la imagen definitiva que ocupó la portada del clásico y emblemático álbum del, por aquellos años, también grafitero Charly García.

La esquina de Charly en Nueva York.

Y en esa esquina, a 40 años de este suceso (“Clics Modernos” se lanzó un 5 de noviembre de 1983), se ha querido conmemorar la figura musical de García, y se ha instaurado a modo de homenaje en el lugar una señalética que dice: “Charly García Corner”, sumado a que el alcalde de Nueva York, Eric Adams, declaró cada 6 de noviembre como el día oficial de Charly en la ciudad estadounidense.

Para el escritor argentino Sergio Marchi, biógrafo del músico argentino y autor del libro “No Digas Nada: Una Vida de Charly García”, expresa sobre este acontecimiento: “Me encanta que le hayan dado una esquina a Charly García, y supongo que él debe estar más encantado que yo. Recuerdo que alguna vez le habían preguntado si le gustaría que le hicieran un monumento o le pusieran su nombre a una calle. Y, entre otras cosas, él dijo: ‘Una estación de subte me encantaría’. Supongo que esta distinción que le dieron en NYC, ciudad a la que ama y que siempre menciona en cualquier charla, supera su sueño. Por otro lado, me pareció muy bien que viajara su hermana, Josi García Moreno a la inauguración y que varios de sus músicos tocaran allí”.

En tanto, el periodista chileno Emiliano Aguayo, autor del ya clásico libro “Maldito Sudaca”, en “Conversaciones con Jorge González”, manifiesta acerca de este suceso que: «Es algo simbólico, simple, quizá, pero como somos latinos, cada cosa que venga de Nueva York es como más importante. Como de demostrar algo, que te vieron allí. Casi provinciano. Cerati ya lo decía: ‘con esa gente diferente yo me codeo, qué tipo inteligente’. De todas maneras, es bonito y es parte de la gestión argentina. Porque con esa gestión, la música chilena tendría más hitos importantes. Imagínate, ellos rescatan una esquina. ¡Una esquina! A nosotros eso no se nos ocurre. Un aporte, al fin, para que nos vean más y el rock en español sea revisitado. Sí, sé que hay un español que hoy se escucha harto en el mundo, pero yo me refiero al de Charly, al español de rock sudaca. A propósito, Charly ya es un grande, con esquina gringa o no. Qué bonito igual que dos músicos chilenos estuvieran en el homenaje. Kiuge Hayashida y Toño Silva. Faltó Carlos González, nomás, de The Prostitution”.

Por otra parte, Fernando Blanco, músico y compositor de rock argentino y también escritor, reconocido por integrar en voz y bajo a la banda marplatense Los Súper Ratones, opina que: “Respecto del homenaje de Charly, lo celebro, me parece bárbaro y la verdad tuvimos la suerte de haber tenido un artista enorme acá en Sudamérica como es Charly, que se ha reconocido en el hemisferio norte, y eso me parece maravilloso. Sobre todo, en una ciudad como Nueva York. El disco ‘Clic Modernos’ es una obra fundamental y esos discos de Charly de esa época, son todos realmente buenos y me parece que es un muy merecido homenaje”.

La iniciativa de este reconocimiento a García fue de parte de Mariano Cabrera, ex mánager de Twist, con el apoyo del consulado argentino en Nueva York y la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería Argentina. Un tributo a un músico y a un disco que trazó un momento importante del rock trasandino y que además fusionó la energía de las guitarras eléctricas, el bajo y el teclado con la electrónica, el pop y el tango en años que el rock latinoamericano comenzaba a tomar cada vez más fuerza en esta parte del mundo.

Y como termina de acotar el baterista Mario Serra: “Charly es realmente un rockero, que en momentos pasa de categoría rockero tirando a punk. Pero es un rockero así agresivo, es todo ¡groar! Sacó, por ejemplo, el disco ‘Demasiado ego’ (1999), que lo grabó en vivo, por suerte, y al verlo uno a García, cada cual tocaba de acuerdo a lo que él transmitía. Porque el mono te transmitía ¡que la matés! ¡groar! Todo así, muy bueno. Y como comenzó esta nota, todo tiene una parte muy linda y otra no, es como la vida misma. Pero, bueno, ¡arriba la música!”.