De atrás para adelante

Gustavo Quinteros se dio cuenta durante el seguimiento que le hizo en las últimas semanas a Colo Colo que a pesar de haber cierto grado de eficiencia individual en la defensa (Barroso es un buen tiempista, Insaurralde es bravo) no existe hoy un liderazgo marcado en ese sector ni menos una complementación colectiva.

Por SERGIO GILBERT J.

Gustavo Quinteros se bajó literalmente del auto que lo trajo desde Buenos Aires y al llegar a Monumental dio a conocer de inmediato su prioridad: encontrarle rápidamente un reemplazo al lesionado zaguero Matías Zaldivia. El director deportivo Marcelo Espina tomó nota y se abocó a la tarea de buscar el jugador requerido. Juan Fuentes, defensor nacido en la siempre prolífera cantera de O´Higgins y hoy en Estudiantes de La Plata, asoma como el principal candidato para cumplir los deseos del nuevo entrenador de Colo Colo.Hay más nombres, en todo caso.

No es raro. Quinteros, aparte de haber sido un recio zaguero central que llegó a jugar el Mundial de Estados Unidos vistiendo la casaquilla boliviana, tiene clarísimo que todos los equipos se arman desde atrás porque es un hecho que no existe fórmula futbolística que pueda sostenerse si es que primero no se tiene una estructura defensiva sólida y confiable. Ni siquiera la propuesta ofensiva más dogmática y recalcitrante puede carecer de la construcción primaria de un circuito de contención al rival.

La historia lo demuestra y hasta el mismo Marcelo Bielsa -quien para muchos, equivocadamente es un DT kamikaze- lo ha señalado en más de una oportunidad en sus conferencias de prensa. El actual DT de Leeds reconoce que si bien el modo defender solo tiene un par de variantes (el ataque tiene decenas de formas, según el rosarino), ha puesto siempre de relieve la importancia que tiene para él el volante de contención como sujeto sostenedor del bloque defensivo cuando se sueltan al mismo tiempo los dos laterales (Mascherano en Argentina, Carmona en Chile, son los ejemplos). Eso habla de la importancia que Bielsa le da a mantener los equilibrios.

Por eso es que Gustavo Quinteros, abocado a la ardua tarea de darle cierto ritmo competitivo al Colo Colo más abúlico y soso de las últimas décadas, se ha fijado como primera tarea la de solidificar el patio trasero.

El entrenador se dio cuenta durante el seguimiento que le hizo en las últimas semanas a Colo Colo que a pesar de haber cierto grado de eficiencia individual en la defensa (Barroso es un buen tiempista, Insaurralde es bravo) no existe hoy un liderazgo marcado en ese sector ni menos una complementación colectiva, lo que se acentúa aún más cuando los albos exhiben la pretensión de salir en forma atildada (incluso desde la portería). Casi siempre terminan en un pelotazo sin sentido.

No es todo. Tampoco hay velocidad para el retorno frente a un contraataque rival ni menos una mecanización para reconvertirse si es que algunos de los zagueros acompaña una jugada ofensiva.

Las carencias en ese sentido son muchas y como Quinteros ya las detectó, seguro que se preocupará desde ahora mismo en arreglar este problema antes de pensar en otros aspectos débiles de este Colo Colo (no tener ideas para construir una jugada ofensiva, por ejemplo).

Seguro que, por ello, Quinteros deberá pasar por el cuestionamiento de los adalides del fútbol ofensivo, esos que proclaman con ignorante desparpajo que al colocolino solo le gusta ver jugar a su equipo de una sola manera.

Tendrá que tener convicciones fuertes Quinteros para no caer en el embrujo populista. Su tarea es salvar el rancho. Es verdad más que nunca. De atrás pica el indio…