De duelo el fútbol: fallece Jorge Toro

Figura de Chile en el Mundial de 1962, el ex mediocampista tenía 85 años y hace semanas se encontraba delicado de salud. Hoy lo recordamos con una nota testimonial de Julio Salviat.

Por JULIO SALVIAT Y EL ÁGORA / Fotos: ARCHIVO

Hace dos años, nuestro columnista, Julio Salviat, rememoró “los tres grandes momentos de Jorge Toro”, donde recreó las mejores pinceladas futbolísticas de uno de los más grandes jugadores que ha producido el balompié chileno.

Hoy, tras confirmarse el deceso del “8” de La Roja en el Mundial del ’62, reproducimos íntegramente ese testimonio:

“Tenía buen ojo Fernando Riera, además de muchas convicciones futbolísticas.

“A tres años del Mundial de 1962, cuando iniciaba un proceso que generaba enorme entusiasmo y muchas dudas, de acuerdo a como le fuera a la Selección en los encuentros preparatorios, se vino encima el Campeonato Sudamericano de Buenos Aires. Y así como Bielsa hizo jugar en la selección mayor a Mauricio Isla sin que hubiera debutado en el fútbol profesional, el Tata convocó e hizo jugar a dos juveniles que muy luego harían historia: Luis Eyzaguirre, de Universidad de Chile, y Jorge Toro, de Colo Colo.

“El lateral de la U fue uno de los pilares del Ballet Azul y tras una nominación a una Selección Resto del Mundo que actuó en Wembley contra el representativo inglés fue apodado “el Fifo”. El volante albo jugó menos en el cuadro popular, porque apenas terminó el Mundial se fue a Italia, donde desarrolló la mayor parte de su notable carrera. Pero lo que hizo acá fue inolvidable para los hinchas colocolinos.

“Il Signore”, le decían en el país de la bota por la elegancia con que se desempeñaba en la cancha. Sin saber una gota de italiano, hablaba con la calidad de su fútbol, que podía resumirse en tres elementos: exquisita técnica, poderoso remate y destacada inteligencia futbolística.

“En ese tiempo no me perdía partido. Si escaseaba el billete, sobraba la agilidad para saltar los muros y astucia para superar los controles. Eso me permitió disfrutar tres de los grandes momentos que vivió Jorge Toro en esa etapa de madurez entre el juvenil y el crack.

Con la camiseta de La Roja, Toro jugó 23 partidos y marcó tres goles.

“Su bautismo como gran figura fue enfrentando al Santos, por entonces el equipo mejor pagado del mundo, por la atracción de público que ejercía Pelé, ya consagrado en el Mundial de Suecia el año anterior.

“Era primera vez que el Santos se presentaba en Chile y también era la primera aparición de Edson Arantes do Nascimento en canchas chilenas. Más de 50 mil personas llegaron al Estadio Nacional la noche del 15 de abril de 1959 para deleitarse con el juego de Pelé. Pero el público y los propios jugadores de Santos terminaron ovacionando a Colo Colo. Y entre los futbolistas, la prensa nacional y las agencias internacionales destacaron a tres: Mario Moreno, al que un prestigioso periodista francés bautizó como “el Superclase” por lo que hizo en ese partido; Enrique Hormazábal, que provocó que la gente pidiera a gritos su convocatoria a La Roja, y Jorge Toro, que anotó tres goles de jerarquía y confirmó tempranito que Riera no se había equivocado.

“Seis a dos ganó Colo Colo, para delicia de los amantes del buen fútbol y para sorpresa del mundo. Juan Soto, apodado “el Niño Gol”, aportó dos festejos y “Cuacuá” cerró la cuenta.

“Por la Selección, la gran tarde premundialista de Jorge Toro fue jugando contra Alemania, un año antes del Mundial, cuando buena parte de la prensa nacional exigía el despido de Riera, aunque se habían acallado un poco las críticas un par de semanas antes, cuando Chile goleó 5-2 a Perú después de ir perdiendo 0-2.

“Fue el 26 de marzo de 1961. Éramos 47.816 los fanáticos que pagamos para verlo (ahorré un mes de mi mesada estudiantil para comprar la entrada). Ganó Chile 3-1 en una de las mejores actuaciones de una Selección en toda su historia.

“Dos goles anotó Leonel Sánchez esa tarde soleada. El primero, de tiro libre. Era tanta la distancia entre la pelota y el arco, que el arquero Hans Tilkowsky no hizo barrera. Y el zurdo lo sorprendió con un misilazo inatajable. El segundo fue la culminación de una jugada individual de Jorge Toro, que eludió elegantemente a tres alemanes y le puso la pelota a Leonel como diciéndole ‘hágalo, compadre’. El problema era que el artillero azul estaba cargado hacia la derecha del ataque, y no podía ya definir con su temible zurda. Pero se atrevió a disparar con la muda y acertó. El marcador lo completó Eladio Rojas con un remate que después patentaría en el Mundial frente a soviéticos y yugoslavos.

“La actuación de esa tarde significó la consagración definitiva de Toro. Se le consideraba muy joven como para ser el conductor del equipo, y además abundaban los admiradores de Enrique Hormazábal, el crack del momento que no encontraba lugar en los planteles de Riera. Pero lo que hizo ante los alemanes despejó todas las dudas: él sería el dueño del puesto.

“Terminado el partido, el entrenador alemán, Josef Herberger, lo destacó como una figura excepcional. Y dejó una frase que ganó titulares en la prensa nacional: ‘Me gustaría tener jugadores como el 8 (Toro) y el 11 (Leonel)’.

“Si algo faltaba para que Jorge Toro quedara inscrito entre los mejores jugadores de la historia del futbol chileno, lo completó en la fiesta universal. En el balance global fue el más parejo dentro del gran nivel que mostró el equipo, y su ausencia se hizo notar en la derrota frente a Alemania, en la fase de grupos.

“Y tuvo momentos de gran brillantez en dos partidos: frente a Brasil, en semifinales, y ante Yugoslavia, en la definición del tercer puesto.

“Contra el primero, se puso a la altura de Didí y discutió méritos con Garrincha, a la postre la gran figura del encuentro. El tiro libre con el que batió a Gilmar y puso el marcador 2-3, faltando buen tiempo como para volcar el resultado, fue una obra de arte. Debe estar al ladito del que le metió José Luis Sierra al arquero de Camerún en el Mundial de Francia.

“Frente a Yugoslavia, con el equipo diezmado por tres lesiones y sin posibilidades de reemplazo, se adueñó de la pelota, marcó los tiempos, impuso el ritmo y deslumbró al mundo. Ya lo venían mirando con interés los europeos, y fueron los italianos de la Sampdoria los que ganaron la mano”.

Vea el gol a Brasil en el Mundial de 1962: