De la sanadora de Rosario al «vidente» de Villa Alemana: los inescrutables caminos de la fe y devoción popular

La argentina Leda Bergonzi atrajo la atención de miles de personas en Santiago por sus “dones” de hacer milagros con la imposición de manos, en un fenómeno de fervor masivo que hace cuatro décadas tuvo a un joven de Villa Alemana como protagonista de un episodio dramático.

 Por CAMILO REY / Foto: ARCHIVO

Las manifestaciones de fervor religioso generadas por la visita reciente de la “sanadora” argentina Leda Bergonzi a Santiago tuvieron amplia repercusión en los medios, incluso en aquellos detalles organizativos menores que su comitiva de 30 personas –que cobra pasajes y estadía- no querían que se divulgaran.

Cerca de 5 mil personas se agolparon en la explanada del templo votivo de Maipú y otras 5 mil en el santuario de Lourdes, impulsadas por su fe de un milagro a través de la “imposición de manos” que le dio fama a la pequeña empresaria argentina de 44 años y 4 hijos, a partir de sus encuentros y oraciones en Rosario.

Laica y de gran parecido físico a la cantante Soledad, Leda asomó este año en Argentina como un fenómeno masivo que reunió a miles de personas en torno a la fe, a partir de su origen en una congregación rosarina y el apoyo clave que le otorgó la visita a sus ceremonias de la familia de Lionel Messi.

La mujer asegura que hace 8 años recibió “un don de Dios” y que “la gente debe entender que nunca voy a poder curarla, pero Dios puede cambiarle la vida”.

Muchos seguidores argentinos han declarado a la prensa que la «sanadora» logró la “milagrosa curación de enfermedades”.

A su paso por Santiago dejó una estela de veneración y polémica. Y es que la «sanadora» se metió en profundidades riesgosas al hablar del cáncer: “Es una enfermedad del hoy. Sabemos que tiene un origen, que es la falta de perdón. El cáncer es todo emocional”, dijo, generando una reacción inmediata de la comunidad científica nacional para refutar sus dichos.

El impacto mediático de su caso permite remontarse mentalmente 40 años antes al efecto multitudinario provocado por el joven chileno Miguel Ángel Poblete, entonces conocido como el “vidente de Villa Alemana”, en cuyos cerros decía ver y recibir mensajes directos de la Virgen María.

Más terror que religiosidad

En tiempos de la dictadura militar de Pinochet, sus supuestos poderes recibieron amplia difusión en la prensa, tras anunciar la presunta aparición de la virgen en el Montecarmelo, en la región de Valparaíso. En ese lugar llegó a reunir hasta cien mil personas que acudían, amparadas en su fervor religioso, en busca de milagros gracias a la intercesión del muchacho, quien había sido abandonado por sus padres y consumía drogas.

Con el paso del tiempo, la Iglesia Católica ordenó una investigación   dirigida por el cura Jaime Fernández Montero, de Valparaíso. Él determinó que el joven fue usado y manipulado por la la tristemente célebre CNI para distraer la atención de la opinión pública, mientras comenzaban las protestas contra Pinochet.

A su muerte por alcoholismo en junio de 2008, Miguel Ángel ya era la persona transgénero Karol Romanoff, de 42 años, y su historia dejó el testimonio de una película y el recuerdo de un país que vio con asombro su protagonismo en los escenarios más tenebrosos de la época…