De “Palacio de Buckingham” a Macondo

La elección de Sebastián Moreno como presidente de la ANFP por los próximos cuatro años demostró que las peores pesadillas siempre son posibles. La testera del fútbol profesional chileno estará ocupada por un mentiroso, cercano a Jadue, y al menos cómplice pasivo del mayor escándalo del deporte en toda su historia.

El fútbol en este país es el único deporte que se supera a si mismo. Si alguna duda quedaba, la elección de Sebastián Moreno a la presidencia de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP), así lo corrobora.

Por 25 votos contra 21 de Jorge Uauy, el amigo cercano a Jadue, cómplice al menos pasivo de las mayores tropelías que ha protagonizado el fútbol chileno a través de toda su historia, fue ungido nuevo timonel de la ANFP por los próximos cuatro años, a contar del 7 de enero de 2019.

Los antecedentes señalan, de manera fehaciente y tajante, que el integrante de la mesa que presidió Arturo Salah estaba moralmente inhabilitado siquiera para presentarse. Sin embargo, Moreno no sólo se transformó en el candidato “de fierro” del oficialismo, sino que, luego de cuatro extenuantes rondas, ganó una elección cuyo resultado constituye una verdadera bofetada a la ética y a la decencia.

Una bofetada al fútbol, ciertamente; pero también a un país que increíblemente parece más conforme y más feliz mientras más caraduras y más sinvergüenzas vayan ocupando situaciones de poder en todos los ámbitos.

Porque, seamos claros: Sebastián Moreno es un caradura. No de otra forma puede calificarse a quien, sospechosamente, se hizo el tonto y no denunció a sus superiores de Codelco un robo de concentrado de cobre que a la compañía -en otras palabras, al país-, le costó la bagatela de 45 mil millones de pesos.

Como abogado de la cuprífera estatal, era su deber y su obligación poner los antecedentes que obraban en su poder, en conocimiento de las esferas superiores de la compañía. Con mayor razón si, quienes denunciaron oportunamente este gigantesco latrocinio –sus cercanos colaboradores, Leslie Keller y Manuel Meriño-, habían entregado datos que hubieran permitido dar rápidamente con los responsables.

Moreno no sólo no lo hizo. Citado por la respectiva comisión investigadora de la Cámara de Diputados, increíblemente le bajó el perfil a la denuncia. Para él, era “poco seria y muy vaga”, a pesar de que el documento entregado por Meriño y Keller contenía nombres, lugares, fechas y datos que transformaban la denuncia en una verdadera acusación. En otras palabras, ni siquiera se trataba de tirar una hebra. El ovillo con la sinvergüenzura venía completito en el documento que le fue entregado a “Tatán” Moreno.

Cuando ya quedó meridianamente claro para la compañía que el concentrado de cobre efectivamente se lo estaban robando en camiones, Moreno se lavó olímpicamente las manos. No sólo eso: demostró la calaña de tipo que es culpando de todo a sus subordinados.

Y como ni Meriño ni Keller al parecer contaban con santos en la corte, ambos fueron despedidos. Seguramente, además, cometieron la inmensa torpeza de no haberse inscrito jamás en un partido político. Porque doble contra sencillo que otro gallo les habría cantado.

El que “Tatancito” Moreno siguiera perteneciendo a Codelco, después de protagonizar estos numeritos despertó, y como es lógico, la furia de los Supervisores de la compañía. No podían entender que el máximo castigo que sufriera el chanta e inepto abogado hubiera sido el que lo trasladaran desde El Salvador a la casa central de la cuprífera, ubicada en la calle Huérfanos de la capital.

Más todavía: Moreno siguió ejerciendo muy campante y suelto de cuerpo la presidencia de Cobresal. Y, desde ese cargo, fue uno de los más leales colaboradores que tuvo Sergio Jadue para cometer sus incontables tropelías sin que nadie, nunca, se diera por enterado.

Aparte de ser uña y mugre con Sergio Jadue, no cabe duda de que a “Tatancito” le tocó en suerte un Angel de la Guarda de lujo, y no esos angelitos tiernos y simpáticos pero que no sirven para nada, y no salvan a nadie, como canta Silvio Rodríguez en su “Cita con Angeles”. O, a lo mejor, que no lo echaran tuvo más que ver con poderosos padrinos políticos que, por cierto, y aunque suene a blasfemia, son mucho más efectivos y mejores que “esos seres alados de otro mundo” a los que alude el genial cantautor cubano.

El asunto es que los Supervisores no se quedaron cruzados de brazos. No sólo exigieron la salida de Moreno de la compañía una vez que quedó demostrada en forma fehaciente su negligencia y su ineptitud. Recordaron que, producto de esos mismos “méritos”, Codelco había perdido, uno tras otro, juicios millonarios con cualquier trabajador de la estatal que se le parara en las hilachas a la poderosa compañía.

Y como “Tatancito”, que se sepa, jamás ha sido un Clotario Blest, ni cosa que se le parezca, había que descartar, de partida, que su desaprensiva labor como abogado hubiera tenido algo que ver con el acendrado amor que sentía por la clase trabajadora.

La presión fue tanta, y tantas las “yayas” de Moreno, que finalmente hasta a Codelco se le agotó la paciencia, pidiéndole, luego de seis meses en el edificio corporativo, que cerrara la puerta por fuera.

Dicho sin eufemismos, lo echaron. Lo despidieron. Le dieron el sobre azul.

Pero como no está muerto quien pelea, Moreno fue acogido con los brazos abiertos por el directorio de la ANFP. Y, para conseguir ese salvavidas, no titubeó en olvidar que había sido cercano a Jadue, teniendo además la suerte de que Salah y sus boys sufrieran de una repentina amnesia, para darle una bienvenida con fanfarria y por todo lo alto.

No sólo eso: intentando limpiar su imagen, Moreno mintió descaradamente. Dijo que Codelco a él no lo había echado. Que él había renunciado.

Mentira, Sebastián Moreno. Fuiste despedido. Y El Agora tiene el documento oficial de Codelco que así lo acredita. Fuiste “dado de baja”, término sumamente castrense que debe haber quedado de aquellos tiempos en que los milicos hacían lo que querían con el cobre.

Y con todo el país, desde luego.

El mismo documento que el Programa Fox Radio exhibió, entre otras pruebas, en un reportaje que constituyó una sutil pasada de cuenta a la ANFP, que en la licitación del Canal del Fútbol optó por Turner, en circunstancias que la Cadena Fox ofreció más y mejores condiciones.

El tema es que ese reportaje, que desnudó a “Tatancito” Moreno, y que lo dejó como chaleco de mono, provocó -como era de esperar- la airada reacción del entonces candidato a la testera de la ANFP.

Como es estila en estos casos de honor ofendido, de honestidad mancillada, Moreno respondió anunciando la consabida querella por injurias y calumnias. No nos consta, pero debe haber agregado aquello de que “en esto, voy a llegar hasta las últimas consecuencias”.

Ningún chanta que se precie de tal va a dejar de pronunciar tan potente frase.

Consultadas ayer, fuentes de la cadena, señalaron que siguen a la espera del mencionado recurso. En otras palabras, hasta aquí, Moreno se ha ido en puras aniñadas y combos al aire.

Por lo demás, estas alturas del partido, Moreno menos que nunca necesita de una querella. Después de todo, cumplió ya su objetivo de conducir durante los próximos cuatro años el fútbol profesional chileno y la vida le sonríe mientras él se ríe -y con toda razón- a carcajadas.

Para decirlo pronto y claro: muchachos de este país, no cometan la torpeza de gastar plata y perder tiempo en educarse. Con ello sólo van a estar más cerca de convertirse en un ser humano mejor y con más valores, pero si no pertenecen a esa reducida elite dueña del país, o no cuentan con padrinos políticos poderosos, van a constituir únicamente la inmensa tropa de giles que, actuando con honradez y decencia, todavía cree en el Viejito Pascuero.

O sea, van a marcar el paso toda la vida, y no van a pasar de ser unos “don nadie” cuyo fin último será sobrevivir y llegar a fin de mes con las cuentas pagadas y -con suerte- unas pocas monedas en el bolsillo para no pasar vergüenza en una colecta.

La realidad nos muestra, día a día y a cada rato, que este país es el de los patanes. Pero frescos y vivarachos. Ahora, si a todo eso le agregan la militancia en un partido político con poder e influencias, con eso ya la están haciendo “de oro”, como dicen los chuscos.

¿Cuántas cosas más deben pasar en Chile para que nos demos cuenta de nuestra condición de simples borreguitos, de simples cretinos funcionales al sistema?

Este país, moralmente, está podrido. Porque todos fuimos aceptando mansamente que la podredumbre fuera ganando terreno, apropiándose de todo. Acorralando a esa inmensa mayoría de gente decente y trabajadora que, sin embargo, se deja engañar, abusar y esquilmar mansamente.

A veces, y vaya ironía, hasta con una sonrisa en los labios

Con una mano en el corazón, como decía mi abuelita, ¿qué otra cosa podíamos esperar del fútbol chileno, cuando al Presidente de la República de este país un periódico mensual lo trata en su portada de delincuente y ni él ni nadie reacciona o se espanta de tamaño calificativo?

Que a pesar de su prontuario Sebastián Moreno se haya convertido, por obra de un Consejo de Presidentes, en el conductor del fútbol profesional chileno, sólo revela lo sabio que fue Gabriel García Márquez cuando, a los críticos de su “realismo mágico”, les respondió que “la realidad, suele superar a la ficción”.

Eduardo Bonvallet, que en su momento bautizó a la sede de la ANFP como el “Palacio de Buckingham”, de estar vivo tendría que “aggiornarse”. Es decir, ponerse al día.

Hoy sería “Macondo”.