De Rancagua al Chaco boliviano: la nueva siembra futbolística del técnico Gerardo Silva

“La pelea por el mar que ha tomado el presidente Morales como bandera no es tema cotidiano en Yacuibá; acá la gente tiene otras preocupaciones esenciales”, analiza el entrenador, mientras prepara al club Petrolero para intentar el retorno a la Primera División de ese país.

Con una trayectoria de más de veinte años como director técnico, que comenzó ganando la 3ª División con Colchagua, Gerardo Silva (56) inició a principios de año su primera experiencia en el extranjero: conduce a Petrolero, de la segunda división de Bolivia, que en la temporada pasada disputó la Copa Sudamericana y luego descendió de categoría.

Su primer contacto con el fútbol boliviano fue a mediados de 2017, cuando dictó un seminario a los técnicos locales donde expuso sobre el funcionamiento del fútbol chileno a través de sus distintas categorías y sistemas tácticos. Asistieron más 70 personas, incluido el ex seleccionador Mauricio Soria.

Gerardo Silva sostiene que “dado al éxito que tuvo esta primera incursión, fui invitado a realizar lo propio en Santa Cruz de la Sierra y La Paz, donde pude conocer, además de técnicos, a directivos del fútbol boliviano”.

En ese momento, Petrolero del Chaco veía complicada su permanencia en la categoría y conversó con el presidente del club, Federico Ibarra, pero no se concretó su llegada. El equipo finalmente descendió, lo que motivó a la dirigencia a contactarlo para asumir el desafío del retorno.

“Me gustó la idea y, considerando que no tenía otro ofrecimiento en Chile y ya llevaba meses sin dirigir, consideré que era momento de tomar un nuevo rumbo. Fue así como llegué a principios de este año a conformar un equipo que finalmente nos ha dado muy buenos resultados”, afirma Silva, quien sabe de ascensos. Prueba de ello son otros dos que consiguió con Deportes Copiapó en Tercera (2002) y Segunda División (2012).

En su primer semestre, logró el campeonato de la Liga Tarijeña de Fútbol, que les permitió acceder al Nacional B, instancia que disputan los equipos clasificados de los distintos departamentos para pelear el ascenso a Primera. “Justamente estamos hoy preparando el equipo para jugar este torneo con buenas posibilidades·, agrega Silva, como ayudante al renguino Juan Reyes Miranda.

-¿Cómo evalúa esta primera experiencia en el extranjero?

“Sin duda, que ha sido espectacular, toda vez que tuvimos que adaptarnos un corto período para conocer las vicisitudes de la competición, y también entender la idiosincrasia de los futbolistas, para intervenir de manera eficaz en la consecución de resultados. En menos de cinco meses conseguimos llevar a la institución nuevamente a luchar por un ascenso a la Primera División, situación que nos tiene muy satisfechos”.

-¿Qué diferencia nota entre el fútbol de Bolivia y Chile?

“Las diferencias son variadas y para mi gusto muy significativas. En Chile existen las categorías debidamente marcadas y señaladas, como también se pueden evidenciar en los niveles competitivos, a diferencia de Bolivia. Acá existe solamente la Primera División y luego torneos departamentales, con niveles competitivos en que se mezclan equipos de mucha jerarquía con otros muy precarios, situación que no te permite evaluar con claridad el nivel competitivo que realmente tiene tu equipo”.

-¿Qué proyecciones y potenciales, según su criterio, posee el ascenso boliviano?

“Me parece que muchísima, en la medida que se logre establecer de manera definitiva una categoría de ascenso a nivel nacional, y que ya no se juegue con este sistema departamental, que finalmente enfrenta a todos con todos. Lo he sugerido en diferentes medios de comunicación bolivianos. El departamental debiera ser utilizado para fomentar el fútbol de Tercera División y establecer con claridad lo que sería el Nacional B o Copa Simón Bolívar, como se denomina para promover los equipos que estén mejor constituidos y preparados para incursionar en la Primera”.

La estadía de Silva en el país altiplánico le ha significado un notable cambio en su estilo de vida. Por ejemplo, el tener que caminar más, debido principalmente a las distancias cortas en Yacuiba. “Eso me ha servido bastante para bajar de peso, producto de que la comida es distinta, hace mucho calor, y he aprendido cosas que en Chile no hacía. Eso me ha permitido mejorar también mi estado de salud”, explicó el técnico, quien define al pueblo boliviano como “amable, humilde y bastante trabajador, que procura tener buena relación con el extranjero”.

-¿Cómo es para un chileno vivir allá, más aún con las insistentes demandas del presidente Evo Morales hacia Chile por una salida soberana al mar?

“Se puede pensar que debe ser difícil, con un ambiente de hostilidad. De hecho, muchos amigos me lo han manifestado y su mayor preocupación es precisamente cómo nos tratan a mí y a Juan. Pero la verdad es que acá hemos sido muy bien recibidos, con mucha amabilidad, cosas que nos han hecho sentir muy bien”.

“Ahora en relación a las demandas que Evo Morales está exigiendo, más bien parece un tema solamente político. La gente no habla de eso, no está preocupada del mar, sino que de mejorar sus ingresos, de trabajar. La verdad es que manifiesta un descontento importante en relación a la conducción que ha hecho su presidente. El tema marítimo en el común de la gente no es como nosotros pensamos: entienden que para ellos sería un total beneficio, pero también asumen que es muy difícil conseguirlo. En definitiva, tengo que ser honesto y decir que ese tema, aun nosotros estando acá, muy poca gente lo ha tocado”.

-¿Qué ha aprendido de su nueva ciudad y qué anécdota recuerda?

“El aprendizaje ha sido múltiple. Al caminar por la calle de Yacuiba, el chaco boliviano, uno advierte claramente el cariño que la gente le tiene a su pueblo, el orgullo que sienten de ser chaqueños y eso sí lo manifiestan a menudo. He aprendido a saludar nuevamente, en Chile la gente casi ni se saluda por las calles. Acá hay que estar muy atento, porque el hecho que nosotros seamos personas públicas nos permite interactuar con mucha gente y todo el mundo no saluda amablemente”.

“Y como anécdota, he aprendido a detenerme en cada una de las esquinas, porque no se respeta el semáforo, ni el disco Pare, ni nada. El tema vial es el tremendo problema, y al parecer a nadie le importa. Estoy feliz de no haber traído mi vehículo, porque seguramente ya hubiese chocado”.