Foto: Claudio Quijada

¿Debe Esteban Paredes seguir jugando?

El máximo ídolo albo de la última década afronta una difícil disyuntiva, agravada para bien y para mal con su condición de jugador record. El corazón debe pedirle seguir estirando la cuerda, pero él, que no es ningún bobo, racionalmente debe saber que ello, aparte de un inmenso riesgo, puede ser del todo un despropósito.

-¿Fue su último Superclásico, Esteban?
-Sí.-
¿Es definitivo?
-No.

El ánimo del mayor ídolo albo de la última década estaba tan arriba luego de haber roto el record de “Chamaco” Valdés como goleador máximo de los torneos nacionales, frente el archirrival por añadidura, que tras la evidente contradicción entre ambas respuestas a la prensa, lanzó la carcajada.

Y si ya antes existía todo un debate acerca de la posibilidad de que Paredes prolongue su carrera, por un año o un semestre más, las especulaciones y los sesudos análisis de los paneles deportivos de radio y televisión seguramente no se harán esperar tras esa respuesta que da para todo tipo de interpretaciones.

El tema les viene de maravillas para rellenar uno o más programas, con twitters incluidos de auditores o telespectadores. Redes sociales que transforman en protagonistas, aunque sea efímeros, a tipos a los que les encanta opinar, dar consejos o, derechamente, pontificar. Los programas, felices de reflejar, a través de este medio, lo escuchados o vistos y populares que son.

Existen, además, razones objetivas para que Esteban Paredes se eche todos sus años y sus naturales achaques al hombro, para seguir bregando.

De partida, con sus 15 conquistas en Superclásicos está a sólo un gol de Carlos Campos, el “Tanque Azul”, que colgó los botines en 1969, en otras palabras, hace medio siglo, con una marca hasta ahora imbatida de 16 tantos frente al “Cacique”.

No faltarán quienes, considerando este dato estadístico, lo insten a intentar primero igualarlo y luego batirlo, como ocurrió con la marca de “Chamaco”.

Pero en esto de manejar estadísticas no han faltado, tampoco, los delirantes.

Como señalar, por ejemplo, que otro record a batir sería el de Carlos Caszely, que en su carrera con la alba (la única camiseta que vistió a nivel nacional, aparte, por cierto, de la Roja), llegó a la más que respetable cifra de 208 anotaciones. Y eso que, entre 1973 y 1978, jugó en la Liga hispana defendiendo la camiseta del Levante y luego la del Espanyol de Barcelona.

Considerando que de los 216 goles del record “sólo” 150 fueron defendiendo los colores del “Cacique”, la meta no es difícil: es del todo imposible.

Baste decir que Luis Hernán Alvarez, centro delantero en el Colo Colo campeón de 1963 -y dicho sea de paso padre de los dos Alvarez que jugaron por Universidad Católica-, mantiene imbatida hasta hoy su marca de 36 conquistas en un solo campeonato.  Y que Pedro “Heidi” González, que con sus 213 goles estaba a sólo dos del record de “Chamaco”, con varios partidos por delante y por más que batalló, ni siquiera alcanzó a igualarlo, por más fácil que en el papel pareciera.

Más allá de los números, sin embargo, lo más sensato sería que el ídolo albo, cumplido el objetivo de transformarse en historia y leyenda viviente del fútbol nacional, desoyera los cantos de sirena y decidiera más con el cerebro que con el corazón.

Porque es natural que la vida del futbolista sufra un violento quiebre llegada la hora del retiro. Después de todo, más que profesión el jugar fue siempre una pasión. En otras palabras, siempre los genes pudieron más que el raciocinio en aquellos tiempos en que llegar a jugar en Primera División era toda una quimera, una dudosa ilusión, y nada ni nadie te podía asegurar que el destino te iba a poner en la envidiable situación de hacer lo que te gustaba y que además te pagaran por ello, asegurándote en gran medida un buen futuro.

Y es que, aunque suene a blasfemia decirlo, claramente Paredes está en el momento justo para gritar los hurras y retirarse del fútbol manteniendo incólume su condición de ídolo popular. El mismo, que no es ningún bobo, seguramente también lo sabe. Como nadie, él debe estar plenamente consciente de que seguir un tiempo más vistiendo los cortos es más un riesgo que un aliciente.

Don Mario, el padre de Esteban, terminado el Superclásico y entrevistado por “Las Ultimas Noticias”, sin poder ocultar su alegría y su orgullo, señaló sin embargo muy maduramente que “él igual está cansado. Se le nota en la cancha. No lo veo jugar como hace cinco años. Hay que sacarse la venda de los ojos”.

Lo que dijo el progenitor del ídolo es rotundamente cierto. Con 39 años cumplidos el pasado 1 de agosto, Paredes está en el ocaso de una carrera que lo llevó a defender cuatro clubes nacionales, ir al fútbol mexicano y estar en dos Mundiales con la Roja. Tiene, además, otro record del que pocos parecen acordarse: con 22 goles, es el máximo goleador chileno en la Copa Libertadores, superando al mismo “Chamaco” y a Ivo Basay, que suman 21 conquistas cada uno.

En otras palabras, está plenamente cumplido. Puede mirar su carrera hacia atrás y sentirse tan conforme como orgulloso de lo que logró tras iniciarse siendo un niño en las canchas de tierra de Cerro Navia.

Seguir un año más, o seis meses incluso, constituye un claro despropósito.

Es natural que no tenga ya la explosión, la chispa ni la velocidad de los 20. Está en esa edad en que el que es “crack” suple todos esos atributos perdidos con clase, ubicación y oportunismo. Sólo que la potencia y la fuerza tampoco son las de antes, y hoy resulta presa fácil para cualquier defensa más joven y más vigoroso, por más pobres que sean sus atributos futbolísticos.

El Superclásico, sin ir más lejos, fue una prueba indesmentible de todo aquello. Esteban Paredes logró el record sin hacer para nada un buen partido. Superado por la marca alternada de González y Aveldaño, al ídolo albo le costaba un mundo incluso aguantar la pelota con un hombre ubicado a sus espaldas.

Ni hablar de las veces que, con pelota dominada, quiso como antes sacarse un rival de encima. Perdió muchas más de las que ganó. Sólo prosperó cuando, sin ningún rival cerca, pudo recibir limpio para buscar al compañero mejor ubicado.

En el fútbol de hoy, a pesar de todo más intenso y más físico, claramente con eso no alcanza.

¿Cuál es el problema para Mario Salas en lo que resta de campeonato? Que en la banca no tiene a nadie que, a pesar de todo, pueda superar a Paredes. Dicho de otra forma, con su sola presencia, olfato y ubicación para estar en el momento justo y en el lugar indicado, siempre del goleador se podrá esperar algo más que de cualquier otro que eventualmente pueda reemplazarlo.

Como sea, y más allá de cualquier análisis, la decisión final sólo depende de Esteban Paredes.

Lo han dicho y reiterado Mario Salas y el propio Aníbal Mosa, presidente de Blanco y Negro. Lo que significa que, de querer Paredes seguir vistiendo la alba, ambos estarían llanos a respaldar la decisión, por controversial y polémica que parezca.

No serán fáciles para Paredes los meses que faltan. Porque si el cerebro le aconseja que pare, el corazón con toda seguridad lo impulsará a seguir intentándolo.

Después de todo, un futbolista sólo es feliz jugando. Y si ya quedarse fuera por una lesión o una suspensión supone un momento triste y amargo, ¿qué queda frente a la certeza de tener que levantarse y saber que el camarín, la cancha, el olor a linimento y el estallido del público sólo van a ser un grato recuerdo?