Del proceso al logro

¿Cuál es el gran defecto de nuestro fútbol a nivel de selecciones y clubes? Poner los bueyes detrás de la carreta (o el arado). Pero ojo, que aún así, si coordinamos bien los bueyes, se puede empujar la carreta….

Por CLAUDIO GUDMANI

El tema es que para tener equipos y selecciones constantemente en la primera línea de las competiciones internacionales, hay que barajar múltiples condicionantes, pero sobre todo, hay que tener una directriz clara, y eso es el inicio del tan manoseado proceso. Es cierto que se pueden logar triunfos por azar o generación espontánea, debido a una buena camada de jugadores, o a un técnico con la capacidad de “ver las virtudes y defectos” y potenciar a sus dirigidos en un equipo eficiente. Pero lo lógico es que los triunfos, y el buen juego, sean consecuencia de un trabajo planificado.

¿Quién debe hacer eso? Por cierto, no son los bueyes, ni tampoco la inerte carreta o el pesado yugo. Eso lo hace el hombre que quiere arar y sembrar en una tierra fértil, para tener los mejores frutos. Son los que dirigen el fútbol los encargados de ordenar la casa: los dirigentes y los directores técnicos.

Aterricemos los conceptos.

En el caso de los dirigentes, ¿quién debe dar las directrices del fútbol chileno para trabajar con sus selecciones? ¿La ANFP?  No pues, la ANFP es la asociación nacional de los clubes de fútbol profesional, que vela por sus propios campeonatos y el beneficio de sus asociados. Quién debe velar por las selecciones es la Federación de Fútbol, que debe manejar recursos propios y autónomos, tanto de lo que generen las mismas selecciones por los campeonatos en los que participan a través de Conmebol y FIFA, como de los patrocinadores y televisación de sus partidos. Y también por aporte del Estado, en su rol formativo, educativo, a través de la representación que se hace para el país. Y eso se debería hacer en conjunto con los ministerios del deporte, de educación y de salud, si es que se quiere hacer un trabajo profundo desde la base más amplia de los niños y jóvenes deportistas. 

Pero eso no le conviene a la ANFP, porque reparte las utilidades de la selección entre jugadores de elite y los clubes, sus socios directos, y lo que queda es poco. La ANFP solo debería manejar los recursos que generan los clubes a través de la competencia nacional e internacional, a través de las trasmisiones del Canal del Fútbol, pero estamos en Chile y a río revuelto, ganancia de algunos pescadore. Así se manejan las cosas, por lo que mi idea parece una utopía.

Aún así, la Federación debería estar por sobre la ANFP, tal como se pide a todos los países asociados a Conmebol y FIFA, pues ese es el conducto asociativo hacia la competición internacional. Entonces, empecemos por ir poniendo los bueyes delante de la carreta.

Y una Federación bien estructurada, además de dirigentes independientes y con altura de miras de largo plazo, y de presupuestos propios, debería estar asesorada por una Unidad Técnica Nacional, conformada por entrenadores, preparadores físicos y jugadores de gran experiencia que puedan ayudar a dar lineamientos claros del fútbol más representativo de Chile. Eso requiere conversaciones, estudios y propuestas completas de detección, seguimiento y formación de jugadores, con los estándares que requiere un proceso de selección, definiendo además el soñado estilo de juego que queremos.

Hay un viejo concepto que dice: “Si sigues haciendo lo mismo, obtendrás los mismos resultados”, que por cierto, formuló un sabio Albert Eisntein para la ciencia, pero que se aplica a todo. Y si nos damos cuenta, nuestro proceso más exitoso de los últimos años lo inició José Sulantay, con su detección de jugadores para esa selección sub-20 de hace casi quince años, y lo siguió un obsesivo Marcelo Bielsa, que vio potencial en esa camada de jugadores. 

Pero fue un proceso basado en ellos, en que se apuntó a cambiar la mentalidad de los jugadores, la autoestima, la ambición de triunfos con la idea de un fútbol agresivo, de ataque. Con Bielsa los resultados fueron relativos, pero el logro máximo fue tener un estilo claro y llevarnos a un Mundial después de 12 años de ausencia. 

Fue entonces que se produjo otra virtuosa coincidencia, pues a esos jugadores que nos llevaron a Sudáfrica, se agregaron otros futbolistas que iban en la misma línea de protagonismo, los de la U de Sampaoli que consiguieron la Copa Sudamericana del 2011, y el acierto fue confiar en un entrenador hambriento de triunfos y gloria, otro obsesivo, el mismo Sampaoli, que continuó la senda de Bielsa. 

Sin embargo, no me queda claro que ese proceso haya sido planificado, si no más bien la intuición de los dirigentes de turno, que siguieron el impulso de un público, los hinchas e incluso de los periodistas que estaban regocijados por el estilo de juego de nuestra selección y la forma triunfal de esa U. Y eso tiene que ver con la necesidad del medio de verse representado por un estilo ganador.

La duda está: ¿Seremos capaces en este momento, en que se apaga la generación dorada y no se ven tantos jugadores con esas características, formular una directriz clara a mediano y largo plazo, poniendo los bueyes delante de la carreta? ¿Seremos capaces de recobrar una Federación fuerte, trabajando con un mismo criterio formativo y futbolístico desde las selecciones menores, creando centros de detección y seguimiento en todas las regiones, como alguna vez propuso Nelson Acosta? Y en este sentido, ¿finalmente le daremos atribuciones, presupuesto y tiempo a una Unidad Técnica?

Me encantaría que fuera así. Pero mientras tanto, ante la inminente salida de un Reinaldo Rueda que nunca pudo cuajar sus ideas en el medio, porque además no lo conocía bien, ni tampoco supo interpretar el paladar “agresivo” que hemos desarrollado, debemos definir si necesitamos el logro de ir al próximo Mundial o preferimos iniciar un proceso para el siguiente desafío.

Yo creo que se pueden ambas cosas. Un DT para la contingencia de las presentes Clasificatorias y un proyecto de Unidad Técnica a través de la Federación para que inicie el proceso con las selecciones menores. Aremos con los bueyes que tenemos con un técnico chileno con carácter y liderazgo, motivado, que sea capaz de sacar lustre a los últimos años de nuestra generación dorada y los mejores jugadores del momento.

Mientras tanto, empecemos a preparar la tierra, buscando otros bueyes más jóvenes y vigorosos, conformemos bien el yugo, la estructura que deberán llevar, y vislumbremos con gran unidad la próxima siembra que queremos cosechar.