Deportes Concepción: los muertos que vos matasteis gozan de buena salud


El cuadro penquista, venciendo a Deportes Limache, obtuvo su derecho a
militar en la Segunda División, primer paso para retornar al fútbol
“grande”, del que fue desafiliado arteramente por la ANFP luego que la
plata de la institución se la robaran sinvergüenzas aventureros.


A estadio lleno, algo hasta casi increíble para un partido de Tercera División
A, Deportes Concepción logró retornar al profesionalismo luego de tres años
de una de las mayores injusticias que se hayan visto en el fútbol nacional en
los últimos tiempos cuando, durante 2016, el directorio que encabezaba
Arturo Salah desafilió de la ANFP insólitamente al club por “insolvente”.
Pero ocurre que, como quedaría demostrado, la plata de la institución se la
habían apropiado los regentes de la Sociedad Anónima Deportiva que, en
plena orgía delictual de Sergio Jadue, habían decidido sumarse con todo
entusiasmo, y sin ningún cuestionamiento ético, al latrocinio gigantesco que
por esos tiempos sufría el fútbol chileno.
Un caso más que ratifica que este mamarracho de sistema de Sociedades
Anónimas Deportivas creado para el fútbol nacional durante el gobierno de
Ricardo I, ha resultado nefasto desde el punto de vista deportivo y
absolutamente corrupto desde el punto de vista económico e institucional.
Dicho en simple: de la insolvencia del club, con planillas impagas y deudas
surtidas, no eran desde luego responsables el plantel de jugadores ni la
hinchada “lila”. Mucho menos la ciudad. Sin embargo, en uno de los actos
más repudiables y censurables de que se tenga memoria en el deporte, acaso
para demostrar que “las cosas habían cambiado” tras la huida de Jadue a
Miami, Salah y su mesa hicieron todo lo posible por aventar a Deportes
Concepción del organismo, rechazando incluso esfuerzos de última hora de
personeros del fútbol que estaban dispuestos a poner el dinero necesario
para que esta aberrante y abusiva desafiliación no se produjera.

A esta decisión del Consejo de Presidentes de la ANFP sólo se opusieron
Cobreloa, Santiago Morning y, por supuesto, el propio Deportes Concepción.
El directorio de Salah había logrado con holgura los cuatro quintos que se
requerían para expulsar al cuadro “lila” del profesionalismo.
Había que dar ante el país y las autoridades una imagen de recuperada
“rectitud” en el seno de la ANFP, y para ello no se trepidó en recurrir al
descarado abuso. A los regentes de la SAD “Fuerza, garra y corazón”, como
Adolfo Sabando, Nibaldo Jaque, Pablo Tallarico y Luis Polnoroff, culpables de
la debacle económica, para decirlo en buen chileno jamás les salió ni por
curados.
Como tampoco les ha salido ni por curados a todos aquellos cómplices
pasivos y activos del gigantesco desfalco de dineros Sergio Jadue, que sin
duda va a estar bien forradito para cuando sus muchos delitos expiren y
pueda retornar al país en gloria y majestad.
Como era de esperar, la hinchada y la ciudad (y el país, en realidad) quedaron
estupefactos frente a la desafiliación de un club que -a mediados de la
década de los 60 del siglo pasado- había sido pionero en la incorporación de
la Región del Bío Bío al fútbol “grande” de Chile.
Una institución que hasta había representado al fútbol nacional durante
aquella inolvidable Copa Libertadores de 1991, que consagraría por primera y
única vez a un cuadro chileno como campeón: Colo Colo. Y que lo haría, una
vez más, en 2001, tras ganar en forma invicta la liguilla clasificatoria.
Una institución, por último, que había aportado siempre jugadores que
vistieron con éxito la camiseta de la Roja, y entre los cuales de puede
mencionar a Rolando García, Mario Osbén y René Valenzuela, entre varios
otros.
Nada de eso tuvo la más mínima importancia. De la noche a la mañana, entre
jugadores, cuerpo técnico y funcionarios, más de 50 personas fueron
lanzadas a la cesantía. No sólo eso: decenas de chicos, integrantes de las
series menores de la institución, vieron frustrarse el sueño de llegar, alguna
vez, al primer equipo.

“Tu ciudad no te abandona”, fue el título del documental que muchachos
penquistas decidieron hacer con la tragedia “lila”, y que se exhibió en cines,
plazas y barrios para mantener viva la memoria de la colosal injusticia.
Y todo indica que la abusiva decisión de la ANFP, las imágenes llevadas al
celuloide, y el sentimiento de una hinchada que permaneció fiel frente al
descarado abuso, surtieron el esperado efecto: el estadio “Ester Roa
Rebolledo” mostró un lleno impresionante (27 mil espectadores) la tarde de
este domingo, en que Deportes Concepción tenía la obligación de vencer a
Deportes Limache para acompañar a Deportes Linares en el ascenso a la
Segunda División.
Había ilusión, pero se sabía que fácil no iba a ser.
En las tres ocasiones en que durante el año se habían enfrentado, los “lilas”
no habían podido con el equipo de la Región de Valparaíso: dos derrotas y un
empate era el antecedente. Al “León de Collao” sólo el triunfo le servía, toda
vez que Deportes Limache llegaba al encuentro definitivo de la Liguilla en
igualdad de puntos, pero con mejor diferencia de goles.
Para colmo, a los 24’, tras un error en la salida del conjunto “lila”, Daniel
Castro puso en ventaja a Deportes Limache con un violento disparo al ángulo.
Y aunque Matt Lagos emparejó el marcador para el elenco local con un
disparo desde los doce pasos en el minuto 42, Luis Felipe Pinilla, mediante
otro penal, volvía a poner en ventaja a Deportes Limache en el minuto 58.
Los peores augurios empezaron a rondar sobre el “Ester Roa Rebolledo”.
Quedaba poco más de media hora de juego pero, se sabe, el reloj pareciera
correr mucho más rápido cuando el equipo de los afectos va perdiendo. Lo
peor: un gol no era suficiente.
Brian Fuentes, en el minuto 62, hizo revivir las esperanzas penquistas. Era el
2-2 y cualquier cosa podía pasar. Hasta que, a los 78’, el recién ingresado
Ignacio Sepúlveda puso en ventaja a Deportes Concepción, con un disparo
con muy poco ángulo que desató la indescriptible algarabía de los
espectadores y de todos aquellos que seguían las alternativas del encuentro
a través de cualquier medio.

Restaban 12 minutos, más los consabidos descuentos que tendría que sumar
Julio Bascuñán, un pito de primera línea dada la trascendencia del partido y
lo mucho que se jugaba. Y si antes del acierto de Sepúlveda el reloj parecía
volar, ahora parecía haber detenido el tiempo.
Cuando Bascuñán, finalmente, marcó el fin de la brega, el “Ester Roa
Rebolledo”, la ciudad y la región vivieron toda una catarsis. Deportes
Concepción, expulsado “por secretaría”, despojado arteramente de su
condición de club profesional integrante de la Primera B, daba el primer paso
para seguir bregando y recuperar en cancha lo que abusivamente y “por
secretaría” le habían quitado.
No va a ser fácil, y los propios aficionados penquistas lo saben. Van a tener
que conformar un equipo más competitivo que el actual para tener
posibilidades en esa Segunda División que, teniendo todos los deberes ante
la ANFP, carece de los derechos más esenciales. Como recibir, por ejemplo,
dineros del Canal del Fútbol que le van a estar vedados, como al resto de los
participantes de la serie.
Pero en este momento de justificada alegría a nadie puede importarle.
Menos amilanarse ante los desafíos que vienen.
Deportes Concepción ya recorrió ese escarpado camino durante el siglo
pasado y están todas las ganas para seguir combatiendo molinos y repetir la
historia.