Descubren nuevas aves venenosas en Nueva Guinea

Científicos daneses certificaron que dos especies poseen una potente neurotoxina.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Foto: ARCHIVO

La mayoría de las personas conoce las ranas venenosas de América del Sur y Central, capaces de matar a un humano al menor contacto, pero ahora un equipo científico halló dos nuevas especies de aves venenosas en Nueva Guinea y que portan el mismo tipo de toxina en la piel y las plumas.

El veneno de estas aves se llama batracotoxina, que es una neurotoxina “increíblemente potente” que, en concentraciones más altas, como las que se encuentran en la piel de las ranas venenosas doradas, provoca calambres musculares y paro cardíaco casi inmediato después del contacto, señalan los autores de un artículo publicado en la revista Molecular Ecology.

Una expedición científica en las selvas de Nueva Guinea organizada por investigadores de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) logró el avistamiento de dos aves endémicas, y luego de analizarlas, descubrieron que el silbador de Schlegel (pachycephala schlegelii) y el silbador nuquirrufo (aleadryas rufinucha) son peligrosamente venenosos.

El primero fue descubierto en 1871, mientras el nuquirrufo fue catalogado por primera vez en 1874, pero se conocían pocos datos sobre ellas debido a que viven en zonas de muy difícil acceso, en junglas y bosques subtropicales poco explorados de esta gran isla situada al norte de Australia.

“Contienen una neurotoxina que pueden tolerar y almacenar en sus plumas”, explicó Knud Jønsson, investigador del Museo de Historia Natural de Dinamarca y coautor del descubrimiento.

Los cambios genéticos en el ADN de estas especies de pájaros les han permitido sintetizar una ponzoña como mecanismo de defensa contra sus depredadores. Para poder llegar a esos resultados, los investigadores capturaron ejemplares de las dos aves y comprobaron que han desarrollado la capacidad de consumir alimentos tóxicos y convertirlos en su propio veneno.

“Nos sorprendió mucho encontrar que estas aves fueran venenosas, pues no se había descubierto nuevas especies de aves venenosas en más de dos décadas. Y, en particular, porque estas dos especies son muy comunes en esta parte del mundo”, comenta Jønsson.

Los autores están convencidos de que la toxicidad de estas aves les aporta una ventaja evolutiva de defensa ante depredadores, que se presenta en varias partes de la cadena trófica. Comienza en la parte inferior de la cadena, con escarabajos, insectos y otros invertebrados. Con el tiempo, algunos de ellos desarrollan toxicidad para evitar ser comidos.

“Luego, un depredador contraataca y, de repente, una especie de ave puede comérselos sin que les cause daño. El depredador también adquiere, como especie, una mutación que ofrece resistencia a la toxina. Esto le da al ave una ventaja y abre una fuente de alimento completamente nueva, que no está disponible para sus competidores del ecosistema. Entonces, claramente hay una ‘carrera armamentista’ y los escarabajos tendrán que arrastrarse nuevamente debajo de una roca hasta que hayan desarrollado su próximo movimiento unos pocos millones de años después”, explica Jønsson.

“Posteriormente, las aves que han desarrollado la capacidad de comer alimentos tóxicos, se vuelven tóxicas y pueden defenderse de los depredadores más arriba en la cadena alimenticia. Y así, la carrera continúa. Se llama evolución”, concluye el investigador.