Dolor y envidia al otro lado de la cordillera

El bochornoso capítulo de la mala lectura boliviana a un comunicado de la FIFA dejó en evidencia la saña del periodismo trasandino para tratar los temas en que está involucrada la Roja, causante de prolongar la sequía de 23 años sin títulos de los albicelestes.

La cara de felicidad del presidente de la Federación Boliviana de Fútbol, Rolando López, le duró mediodía. La euforia desatada en los paneles deportivos de la televisión argentina, harto menos: a uno de sus integrantes se le ocurrió leer lo que decía el comunicado de la FIFA a los altiplánicos y comprendió que lo manifestado por Ló- pez en esa conferencia de prensa matinal no correspondía.

Exultante, López les había dicho a sus conciudadanos que la FIFA restituiría los puntos que le había quitado a Bolivia por haber incluido en su alineación al paraguayo nacionalizado Nelson Cabrera en sus partidos contra Chile y Perú. Horas después aparecía de nuevo ante las cámaras, esta vez demudado, para reconocer que la FIFA lo había desmentido. Lo que el organismo superior del fútbol les había dicho era que podían apelar.

La alegría boliviana antes de la aclaración era explicable: no siempre empatan con Chile en Santiago, y ese puntito era poco menos que histórico. Cuesta un poco más entender el jolgorio de los argentinos. Si era cierto lo que decía inicialmente el ministro altiplánico, los chilenos perdían los dos puntos ganados en secretaría y ellos volvían a la zona de repechaje en la Clasificatoria Sudamericana para el Mundial de Rusia 2018.

Como no era verdad, volvieron al sexto lugar de la tabla y tendrán que esperar un fallo definitivo después de las esperadas acciones legales de Bolivia ante el Consejo de Apelaciones de la FIFA y, si les va mal, ante el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS, por sus siglas en francés), una especie de Tribunal de La Haya encargado de dirimir conflictos deportivos.

Tienen un no sé qué…

El programa “90 Minutos de Fútbol”, que se transmite diariamente por Fox Sports y que se ve en Chile por cable, fue el que mayor y mejor material dio para entender qué sienten los argentinos cuando hay algún aspecto deportivo relacionado con Chile.

Esta vez los puntos entregados por secretaría los afectaban directamente: con esas unidades, Chile ascendía al quinto lugar y los desplazaba al sexto. “Estamos fuera (del Mundial)”, se había lamentado el diario Olé en su portada. Del mismo tono habían sido los titulares de todos los medios.

Por eso hubo tanto júbilo en el panel de “90 Minutos…” cuando el ministro López hizo el anuncio de la restitución de puntos. El conductor del programa, el teñido Sebastián Vignolo, se sobó las manos, tomó aliento y lanzó su frase célebre: “Lo más importante de esta noticia no son los puntos, sino ¡cómo deben estar en Chile ahora!”.

Se rieron un rato los panelistas, y el que parecía menos chanta tomó la palabra: “Claro, como los periodistas de ese país dijeron tantas porquerías, veremos qué dicen después de esto”. Y aumentaron las risas.

Se supone que los que están ahí son personas preparadas, pensantes por lo menos. Y no se les ocurrió que en todo este caso, el que menos culpa tiene es Chile. Deberían maldecir a los bolivianos, que fueron los causantes del desaguisado. O a la FIFA, por último….

¿De dónde vendrá tanta saña contra Chile? La respuesta es simple: los futbolistas de este país ya dejaron de ser los “chilenitos”. Esos que les pedían autógrafos en la cancha, que se asustaban con sus vozarrones y que se achicaban en cualquier confrontación. Esos “chilenitos” de ahora les quitaron la Copa América en el 2015 y se las volvieron a quitar en la Copa América Centenario este año. Las dos veces en definición por penales, aspecto en el que parecían imbatibles. Y, por añadidura, con técnicos argentinos a los que ellos no les han dado oportunidades.

La tirria contra los chilenos trasciende al deporte. El creciente progreso de este país en las últimas décadas y el constante deterioro de la calidad de vida de ellos en el mismo período los hace mirar con envidia nuestra situación: hemos sido más prósperos y menos corruptos. Y eso les da envidia o les duele.

Líderes del casi casi

El último título de la selección mayor de Argentina fue en 1993 -¡hace 23 años!- en la Copa América de Ecuador. En las versiones siguientes fue un desastre: no pudo superar los cuartos de final en Uruguay 1995, Bolivia 1997 y Paraguay 1999, y no participó en Colombia 1991. De ahí en adelante le ha ido mejor, pero sin llegar al título: fue subcampeón en Perú 2004, Venezuela 2007, Chile 2015 y Estados Unidos 2016. Incluso malogró su condición de dueño de casa en el 2011, cuando terminó séptimo.

Las dos veces que se clasificó para participar en la Copa FIFA Confederaciones (en Arabia Saudita 1992 y Alemania 2005) fue segundo.

Y para aumentar la frustración, considerando lo ocurrido desde que levantó el último trofeo, tampoco le fue muy bien en la Copa del Mundo: fue décimo en Estados Unidos ’94, quinto en Francia ’98, 18° en Corea y Japón 2002, sexto en Alemania 2006, quinto en Sudáfrica 2010 y –premio de consuelo- subcampeón en Brasil 2014.

El complejo del casi-casi se está enquistando en su historia y en el sentimiento de todo el país.

Para salir de esa situación, jugadores tienen. Les falta una buena mano técnica (dejaron ir a José Pekerman, que ha hecho un gran trabajo en Colombia), no han insistido con Marcelo Bielsa (que es uno de los mejores entrenadores del mundo), miran con indiferencia a Jorge Sampaoli (que perfectamente los podría sacar del letargo) y no se atreven a llamar a Diego Simeone (que tiene en el cielo al Atlético de Madrid).

También carecen de un camarín unido. Los ídolos se miden con recelo y la capitanía de Lionel Messi no trasciende: el jugador –lo denunció Maradona- no tiene personalidad para imponerse en el grupo, y sus compañeros lo miran esperando alguna señal que él nunca da. En ese plantel se cuchichea que el gran líder es Ramiro Funes Mori. Y el otro caudillo valorado es Javier Mascherano.

El gran problema para los trasandinos es que, con o sin los puntos de Bolivia para Chile, les viene una fecha terrorífica: visitan a Brasil y reciben a Colombia. Capaz que terminen la semana sin ningún punto. Y ahí sí que tendrían motivos para llorar.