DT de La Roja: 10 peticiones, para empezar

Eduardo Berizzo ya está trabajando como entrenador de la Selección Chilena y al iniciar un camino que se espera que termine con la participación de Chile en el Mundial 2026 que organizarán Estados Unidos, Canadá y México, es bueno señalar cuáles son las esperanzas -o exigencias, si se quiere ser más drástico- que hay en torno a él.

Por SERGIO GILBERT J.

1.- RECOMPONER LA ESTIMA DEL MEDIO

Tras la última eliminatoria, el medio futbolístico nacional cayó en una especie de estado de depresión. La comprobación de que pese a los esfuerzos individuales ya no existía un equipo capaz de llegar a los niveles que alcanzó en años anteriores, terminó con una frustración colectiva. Muy parecida a la que se vivía antes de que emergiera la llamada “generación dorada”. Berizzo debe ser capaz de devolver la autoestima del equipo y, por ende, la confianza del medio. Dar señales de que ya se tocó el suelo y que ahora solo queda subir. Debe dar mensajes de inclusión, de esperanza, de fe y no solo criticar la escasez de recursos materiales y humanos (que ya los tenemos claros). Ese es el primer paso del éxito.

2- EMPODERARSE

El nuevo seleccionador no debe ser como los últimos entrenadores de La Roja (Pizzi, Rueda y Lasarte) que siempre parecieron estar más al servicio de los dictámenes de sus jefes en la Federación (Salah, Moreno y Milad) que de sus propias convicciones. Berizzo debe exigir las que él cree son las herramientas para hacer un buen trabajo técnico. No pedir, exigir. Él es el jefe del proceso, no un simple empleado.

3-  IMPONER DISCIPLINA INTERNA

Para todos es sabido que el camarín de Chile es complicado.  Mañoso. Y en algunas ocasiones, derechamente rebelde, le gusta imponerse. No pues. Ahora no puede ser así. Eduardo Berizzo es el dueño de casa en Juan Pinto Durán y las reglas las impone él. Nada de relajos ni aceptación de peticiones para distraerse un rato cuando los jugadores son convocados (aunque se trate de amistosos). Este es un trabajo y no un hobby. Que lo sepan los jóvenes, pero también los veteranos.

4- CERCANÍA, PERO NO AMIGUISMO

En su calidad de ayudante de Marcelo Bielsa en la Selección, Berizzo fue algo así como el nexo afectivo (junto a Luis Bonini) con los futbolistas. Por ello logró conectarse con varios, incluso a nivel de cierta amistad. Hoy la situación es distinta. Berizzo es el DT titular y su relación con sus dirigidos debe ser cercana pero solo desde el punto de vista profesional. Él es el que manda en La Roja, no es el amigo de los futbolistas. Puede que ahora alguno de sus ayudantes asuma ahora esa función de conector. Él no. Debe estar por sobre eso.

5- INVENTAR UNA NUEVA GENERACIÓN

Está más que claro que a pesar de los deseos del medio, la famosa y esperada “generación de recambio” no nació. Si fue porque no la había o porque no la dejaron surgir, ya no es tema. No hay no más. El nuevo seleccionador, entonces, debe inventarla. No solo en base a jugadores jóvenes e inexpertos, sino que con futbolistas que pudiesen llegar al Mundial 2026 con una edad ideal para competir en estas lides, es decir, entre 27 y 29 años. Aunque muchos arisquen la nariz por algunos nombres que vayan surgiendo como alternativas, Berizzo debe hacer esta labor. Buscar, evaluar, decidir. No le queda otra.

6- PROTAGONISMO SÍ, SOLO ATAQUE, NO

La vinculación obvia de Eduardo Berizzo con Marcelo Bielsa se ha convertido casi en una mochila para el nuevo seleccionador. Todos le quieren exigir a él que sus equipos jueguen como los de Bielsa. Error craso. Tontería. Berizzo no es un clon de Bielsa. Ni un espejo. Tiene convicciones parecidas, principios comunes. Pero no es su reflejo. A Berrizo le gusta que sus equipos sean protagonistas y que ataquen. Pero como él mismo señaló en su presentación, para atacar hay que recuperar la pelota y ordenarse defensivamente. Ese equipo es el que él quiere. Y el medio, entre tanto absurdo dogmatismo, debería querer lo mismo.

7- MAYOR VINCULACIÓN Y DEBATE CON LOS ENTRENADORES DEL MEDIO NACIONAL

Eduardo Berizzo tiene una historia que lo avala: fue DT de un equipo nacional (O’Higgins) y como tal, siempre necesitó de una comunicación con el seleccionador de turno para saber sus necesidades y compartir ciertos criterios. Ahora que está en la vereda del frente, debe hacer lo mismo, pero en forma más intensa. Abrir los canales de conversación con sus colegas tanto de los equipos profesionales como con los de series juveniles. No se trata de tomarse un café cada cierto tiempo. Debe haber charlas, conversatorios, seminarios, donde no solo haya exposiciones sino que posturas distintas y debates. Falta hablar de fútbol en Chile. Y los entrenadores deben ser los primeros en hacerlo.

8- PRESENCIA SEMANAL EN LOS ESTADIOS

El seleccionador nacional no trabaja solo cuando encabeza entrenamientos formales o dirige en los partidos. Su pega es 24/7. Si no está en la cancha, debe estar viendo partidos de los jugadores chilenos por el mundo y, por cierto, siguiendo la competencia doméstica todos los fines de semana in situ. Berizzo debe estar en el Monumental, en San Carlos, en Santa Laura, pero también ir al Parque Schott o al Luis Valenzuela Hermosilla. Para qué hablar de los partidos de los jóvenes en Quilín o en el CDA. Nadie debe quedar fuera de su visión.

9- APERTURA CON LOS MEDIOS

Es un tema de suyo complicado pero hay que decirlo: el seleccionador nacional debe tener una vinculación permanente con los medios. Por una razón sencilla: es su única ruta para que los hinchas se enteren de su trabajo. No basta con dar conferencias de prensa anodinas, aburridas y dirigidas. Debe abrir la posibilidad de entrevistas mano a mano, donde puede explayarse, pero también ser cuestionado. Eso se llama diálogo, que es la mejor manera de crear lazos.

10- DE FRENTE, SIN DEJAR NADA OCULTO

Si algo debemos pedirle al nuevo DT de La Roja es que diga las cosas de frente, sin miramientos, y en el momento oportuno. No queremos saber un año después o cuando se vaya que hubo una indisciplina o un conato que en su momento se ocultó “por el bien de la Selección”. En el momento sí vale, después suena a excusa barata. Hay que ser honesto.