EEUU juega con fuego: ensaya con misil balístico intercontinental

El gobierno de Biden abona a la escalada de tensiones con China con un arma que viajó casi siete mil kilómetros hasta el atolón Kwajalein, en las Islas Marshall.

Precisamente el mismo día en que un estudio publicado en la revista científica Nature Food aseguró que una guerra nuclear entre Estados Unidos y Rusia provocaría una hambruna global que podría matar a más de cinco mil millones de personas, el gobierno de Joe Biden lanzó un misil balístico intercontinental desde la base de la Fuerza Espacial Vandenberg, en California, que, tras recorrer casi siete mil kilómetros, cayó en el atolón Kwajalein, en Islas Marshall.

“Este lanzamiento de prueba es parte de las actividades de rutina, periódicas, destinadas a demostrar que la disuasión nuclear de Estados Unidos es segura, confiable y eficaz para desalentar las amenazas del siglo XXI y tranquilizar a nuestros aliados”, dijo en un comunicado la Fuerza Aérea estadounidense.

La declaración agrega que las pruebas “han ocurrido más de 300 veces antes y, por lo tanto, no son resultado de los eventos mundiales actuales”.

Sin embargo, el pasado 4 de agosto, la prueba se aplazó precisamente por la escalada de tensiones con China por la visita a Taiwán de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

Para el comandante del escuadrón de pruebas de vuelo 576, Chris Cruise, se trata de “una gran forma de mostrar las habilidades y la experiencia del personal”.

“Mientras China se involucra en ejercicios militares desestabilizadores alrededor de Taiwán, Estados Unidos está demostrando un comportamiento nuclear de una potencia responsable, al reducir los riesgos de errores de cálculo”, dijo el portavoz de la Casa Blanca, John Kirby.

El misil, llamado Minuteman III, llevaba un vehículo de reingreso de prueba, que en un conflicto armado podría estar equipado con una ojiva nuclear.

El vehículo se desplazó por unos 6.960 kilómetros hasta el atolón Kwajalein, en las Islas Marshall, en el Océano Pacífico occidental.

La advertencia en Nature Food recoge un estudio efectuado por climatólogos de la Rutgers University, que analizan cómo afectaría a la producción agrícola global el hollín que expulsarían a la atmósfera los fuegos derivados de un conflicto atómico.

La investigadora Lili Xia y su equipo analizaron seis posibles escenarios: cinco de ellos corresponden a guerras nucleares entre India y Pakistán, mientras que el sexto es un gran conflicto entre Washington y Moscú.

Los científicos han hecho sus cálculos basándose en el “tamaño del arsenal nuclear de cada país”, según ha detallado la citada universidad en un comunicado.

Al introducir sus estimaciones en un modelo climático, los expertos han calculado el impacto de esos potenciales conflictos en la producción de cultivos de maíz, arroz, trigo y soja, así como los cambios que sufrirían las tierras de pastoreo y los bancos globales de pesca.

El declive en los cultivos sería especialmente severo en las latitudes medias y altas, incluyendo a Estados Unidos y Rusia, grandes exportadores de alimentos, lo que tendría un grave impacto en países importadores de África y Oriente Medio.

Más del 75% del planeta sufriría hambruna en el peor escenario, de acuerdo con el estudio liderado por Xia, que especula con la posibilidad de que la producción agrícola que ahora se destina a los animales podría servir para alimentar a la población humana en un primer momento. Sólo en un primer momento…