EEUU quiere producir su propio tequila

A medida que los estadounidenses aumentan su consumo del clásico licor mexicano, más productores de estados del suroeste pretenden crear sus propios brebajes sobre la base del agave.

Por EL ÁGORA / Fotos: AGENCIAS

A medida que los estadounidenses beben más tequila, aumenta la industria del agave en el suroeste del país. La idea es obvia: crear sus propios tequilas y mezcales, abaratar costos y tener su propia cartera de clientes en todo Estados Unidos.

El clima árido de Texas, Arizona, California y Nuevo México es una condición perfecta para cultivar el agave, la planta de la que se obtienen el tequila y su primo ahumado, el mezcal.

Hace dos años, el mexicano Leonardo Sánchez y un socio plantaron 2.500 agaves de punta afilada en una parcela en Texas, pero cerdos y jabalíes salvajes se comieron la mayoría. Así que trajo nuevas plantas de su país natal y las plantó en un vivero protegido. Las plantas tardarán al menos siete años en madurar.

¿Por qué tanto esfuerzo? Pues porque las ventas de tequila y mezcal en Estados Unidos se han triplicado en la última década. Tanto, que actualmente se venden más que el whisky estadounidense.

Ahora, destiladores del suroeste se afanan en plantar agave, contando con que el terruño que habitan es bastante parecido al de Oaxaca y Jalisco, los estados mexicanos donde se produce gran parte del mezcal y el tequila.

Mientras crecen sus plantas, la destilería de Sánchez (Ancestral Craft Spirits), importa zumo de agave de una finca de su socio en Oaxaca, lo destila y embotella en un antiguo almacén de 140 años del centro de Roma, Texas. Es la primera bebida espirituosa de agave fabricada en Texas (como el champán francés, sólo los aguardientes de agave producidos en México se pueden denominar tequila o mezcal).

Se llama “Blasfemus”, porque directivos de su destilería mexicana, cuando supieron de sus intenciones de hacer tequila en Texas, le contestaron que eso sería “una blasfemia”, cuenta Sánchez (foto secundaria).

El mexicano Leonardo Sánchez y algunas de sus plantas de agave.

En tanto, productores californianos llevan casi una década cultivando y destilando agave. Un gran productor acaba de plantar 250 mil agaves. Y Hawaii también lo está haciendo y también hay empresas nuevas en Nuevo México y Arizona.

Craig Reynolds, presidente del Consejo del Agave de California, con 50 miembros, es un defensor de lo que él llama “mezcalifornia”. Y aunque el cambio climático tiene muchos inconvenientes, él ve un lado positivo: “Esto también crea oportunidades, sobre todo en la agricultura. A medida que algunos cultivos se vuelven menos deseables, otros son más deseables. Y el agave es uno de ellos”.

California tiene más de 400 acres plantados de agave, y algunos destiladores han abierto salas de degustación similares a las bodegas.

“Soy optimista”, afirma Erlinda Doherty. “Tenemos una planta que requiere muy poca agua y mantenimiento. Puede sustituir a otros cultivos que requieren más agua. Y la demanda de bebidas espirituosas es muy grande”.

Los licores de agave estadounidenses están en pañales, pero los productores no se amilanan. En 1976, una cata a ciegas de expertos en vino demostró al mundo que California podía elaborar un Chardonnay a la altura de Francia. Por la misma época, Texas empezó a elaborar vino. Hoy, la industria vinícola de Texas tiene un impacto de 20 mil millones de dólares.

Los pioneros estadounidenses del agave insisten en que no intentan recrear el auténtico tequila mexicano. “Intentamos crear algo exclusivamente estadounidense”, concluye Sánchez.