El agradecido adiós a la Generación Dorada

Con el pitazo final del partido con Uruguay no hubo reproches por la derrota y la eliminación, sino un aplauso emocionado que reconocía las alegrías que dio el grupo que formó Sulantay y consolidaron Bielsa y Sampaoli, convertido en el mejor de la historia del fútbol chileno.

Por JULIO SALVIAT

Los buscó, los encontró y los formó José Sulantay.

Los tomó, los maduró y los llevó a las alturas Marcelo Bielsa.

Los rescató, los enderezó y los consagró Jorge Sampaoli.

Desde 2007 hasta 2022 -¡quince años!- el grupo fue cambiando de rostros, pero no de espíritu ni de calidad.  Un puñado mantuvo en alto las virtudes naturales y las lecciones aprendidas hasta convertirse en la Generación Dorada.

De aquel equipo que encendió las luces de las ilusiones con la conquista del tercer puesto en el Mundial Sub 20 de Canadá, soportaron todo el proceso cuatro jugadores: Mauricio Isla, Gary Medel, Arturo Vidal y Alexis Sánchez. Hubo otros que aportaron esporádicamente: Cristopher Toselli y Carlos Carmona.

Gracias a ellos (y a Harold Mayne Nicholls) se vino Bielsa a Chile. El reputado entrenador argentino entendió que había una muy buena base para hacer un trabajo provechoso y duradero. Y a ese lote veinteañero le agregó la experiencia de algunos un poco mayores (Claudio Bravo, Pablo Contreras, Humberto Suazo, Rodrigo Millar, Esteban Paredes), el alto rendimiento de otros de edad intermedia (Matías Fernández, Jorge Valdivia, Waldo Ponce, Mark González), más algunos descubrimientos propios que inicialmente causaron sorpresa (Jean Beausejour; Marco Estrada, Gonzalo Jara y Fabián Orellana).

Con ellos desarrolló una sorprendente campaña en las Clasificatorias del  Mundial de Sudáfrica y cumplió un papel decente en el Mundial mismo, donde logró los primeros triunfos de una selección chilena desde 1950 y la primera clasificación a segunda ronda fuera de casa desde siempre, y que fue derrotada solamente por el que sería campeón mundial, España, y por el cuco de siempre, Brasil.

Se desordenó todo con la partida de Bielsa y la llegada de Claudio Borghi. Y llegó Jorge Sampaoli a desenredar el lío y a devolverle a La Roja la mística y el sistema sembrados por su admirado maestro. El entrenador caldilense había mostrado sus dotes dirigiendo a la U y poniendo al equipo a la altura del Ballet Azul. Y justamente aprovechó el gran momento de su cuadro, campeón de la Copa Sudamericana, para incorporar a algunos que le darían muchas satisfacciones: Johnny Herrera, Eugenio Mena, Charles Aránguiz, Marcelo Díaz, Eduardo Vargas.

Unidos a los ya no tan juveniles, Chile consiguió clasificar nuevamente a un Mundial, para después convertirse en protagonista en la justa máxima al ganar y eliminar al campeón mundial vigente (España) y al tener por las cuerdas al dueño casa, que se salvó con el palo de Pinilla y siguió jugando gracias a la definición por penales. Y posteriormente consiguió lo que el fútbol chileno persiguió durante más de un siglo: ganar la Copa América.

Con la Generación Dorada en plena capacidad, con director técnico nuevo (Juan Antonio Pizzi) y unas pocas incorporaciones (José Pedro Fuenzalida, Francisco Silva, Pedro Pablo Hernández, Edson Puch), Chile fue campeón de la Copa América Centenario y finalista de la Copa Mundial de Selecciones.

Ahí se terminaron los logros, pero se mantuvo por un buen tiempo el respeto del mundo por esta Selección y la admiración por los de la Generación Dorada. Claudio Bravo llegó a ubicarse entre los mejores del mundo defendiendo las vallas de Real Sociedad, Barcelona, Manchester City y Betis.Mauricio Isla fue elogiado en Italia (Udinese, Juventus y Cagliari), en Escocia (Queens Patk Rangers), en Francia (Olimpique de Marsella), en Turquía (Fenerbahce) y en Brasil (Flamengo). Gary Medel provocó admiración en Argentina (Boca Juniors), España (Sevilla), Escocia (Cardiff City), Turquía (Besitkas) y en Italia (Inter de Milán y Bolonia). 

Charles Aránguiz también fue reconocido en Brasil (Internacional de Porto Alegre) y luego se instaló en Alemania, donde se convirtió en histórico capitán del Bayern Leverkusen. En este mismo club inició su periplo europeo Arturo Vidal, multicampeón en Juventus, Bayern Múnich, Barcelona e Inter de Milán. Y Alexis Sánchez paseó su calidad por Argentina (River Plate), Italia (Udinese al comienzo y el Inter de Milán ahora), España (Barcelona) e Inglaterra (Arsenal y Manchester City).

Nueve integrantes de la Generación Dorada encabezan la lista de presencias en La Roja, con Alexis como gran adalid, seguido –en este orden- por Medel, Bravo, Isla, Vidal, Jara, Beausejour, Vargas y Aránguiz. Detrás de ellos quedó Leonel Sánchez, figura del Mundial de 1962, que parecía dueño eterno de la estadística.

Lo mismo sucedió con los goleadores. Alexis y Vargas destrozaron los records de Marcelo Salas e Iván Zamorano, y hasta Arturo Vidal se puso por delante de los históricos Carlos Caszely, Leonel Sánchez y Jorge Aravena.

Los números, las campañas y los logros convierten a este grupo en la mejor generación de la historia. La de 1962 consiguió el tercer puesto en un Mundial y eso la deja muy arriba, pero no tuvo continuidad: ni antes ni después se hizo escuchar. Y otras dos dejaron también recuerdos, pero sin suerte: la que participó en el Mundial de 1974, llena de estrellas, y la de 1987, plagada también de astros, que no pudo mostrar su poderío en el Mundial de Italia 90 por pasarse de listos en el Maracanazo.

Todo eso justifica la despedida cariñosa y emocionada que el público le brindó a la Generación Dorada después de la derrota con Uruguay y su eliminación de la gran justa de Qatar. Con el último pitazo no hubo reproches por la pobre actuación, sino agradecimientos por todas las alegrías que dio durante casi dos décadas.

Todo lo que viene de ahora en adelante es otra historia.