El circo

Claramente, el espectáculo ya no es el mismo de antes. Ahora pasan cambiando las carpas de lugar, porque nadie los quiere aceptar por la mala gente que pulula alrededor de ellas. Además, los buenos payasos, malabaristas y trapecistas se fueron hace rato, dejando aquí a los fomes y descoloridos.

Por CLAUDIO GUDMANI

Una frase típica del mundo del espectáculo dice “el show debe continuar”. Y en eso estamos en este “circo”. Un circo, hace unos pocos años atrás, muy rico y ahora con claros síntomas de circo pobre y decadente… 

Resulta que el sindicato de payasos se niega a hacer reír a los espectadores, a veces porque las graderías están vacías (y sucias), otras veces porque hay tanto “público” que viene a divertirse lanzando palomitas de maíz al ruedo, saltando en las sillas y prácticamente haciendo “bulla propia”, sin mirar siquiera el espectáculo. En realidad, los payasos últimamente son bastante fomes y descoloridos. 

También sucede que en este circo los malabaristas dejan caer las cosas sin mayor gracia, los lanzadores de cuchillos ya han herido a más de alguna ayudante de su acto, los domadores de leones dejaron de tener autoridad con sus bestias y los magos no son capaces de maravillar a nadie con sus trucos porque se les ve el hilo negro a una legua. 

Otra cosa es que los dueños de los circos andan cambiando la carpa de lugar a cada rato, porque ya nadie, en ninguna ciudad, quiere recibirlos, y esto porque alrededor del circo pululan ladrones, viciosos y violentos que provocan destrozos más que la alegría que otrora traía el circo.

De hecho, los alcaldes y políticos han aprovechado el momento para figurar “mostrando su poder” y a la vez su inutilidad, porque no son capaces de controlar el orden público, y prefieren evitarse el problema. Lo lamentable es que se limita la entretención de la comunidad, pues prácticamente no se pude ir en familia o con los niños a ver el espectáculo, pues es muy peligroso y reñido con las buenas costumbres. Además las entradas están muy caras y los boleteros no son muy gentiles.

Se ha culpado a los dueños de dar un mal espectáculo, un mal servicio de diversión, pero ellos dicen que la actividad ya no es rentable, que “se pierde” mucha plata. Y yo tiendo a creerles… ¿o no? … ya no lo sé, porque hace un tiempo las grandes empresas de las comunicaciones pagaban sumas exorbitantes por trasmitir las jornadas del circo, en horarios prime, pero ahora ya no existe novedad, porque en las esquinas del pueblo y en cualquier horarios, podemos ver muchos malabaristas, payasos y magos, en funciones gratuitas. Por lo demás, parece que el dinero “se lo llevaron a otra parte”.

Dicen que en esto los grandes culpables son los representantes de artistas que les llenan la cabeza con la idea de irse a los grandes circos de Europa, como el “Cirque de Solei”, si aquí no les pagan lo que merecen. Por eso, sólo quedan artistas mediocres, sin gracia, sin amor a su arte, que sólo responden a un buen plato de comida y alojamiento en los alrededores. A veces a más de alguno se le ha visto borracho en alguna esquina de la ciudad.

Últimamente, los tramoyistas, iluminadores y presentadores del circo también están en tela de juicio, pues se dice que “arreglaban” las funciones para que el público creyera que era divertido, que la magia existía y que había suspenso cada vez que los trapecistas subían a lo alto, a desarrollar sus vuelos “aterradores”, hasta que un día, uno cayó y no había red, pues no había presupuesto o a alguien se le olvido ponerla (nunca se supo si era una u otra cosa).

La muerte de uno de los máximos exponentes del circo fue la muerte del espectáculo. La gente ya no quiso asistir más, pues “las condiciones no estaban dadas”, ya que existía el peligro que un cuchillo del lanzador cayera entre el público, o un payaso se volviera loco y en vez de challas tirara agua podrida a los niños, o que el domador no pudiera dominar a sus leones, o simplemente un trapecista cayera sobre alguien causando otras muertes a gente inocente.

Los dueños del circo vendieron la carpa vieja, los payasos se retiraron a hacer “stand up comedy” en bares de mala muerte, y sólo un puñado de amantes del circo, de vez en cuando, asiste por ahí a ver malabaristas y magos decadentes. Y aún hay un público fiel, que sueña con el regreso de los grandes circos, de las carpas relucientes, de los payasos divertidos, de los certeros lanzadores de cuchillos, de los malabaristas y trapecistas que parecían detener el tiempo y volar, y de los sorprendentes magos y su magia.

“El show debe continuar” … prenda la tele, mire los programas deportivos de nuestro país, observe un partido de la B, o incluso de la Primera A, escuche los comentarios especializados, aprecie los errores y horrores arbitrales, la precariedad del espectáculo y sabrá de qué circo pobre y decadente le estoy hablando. Incluso también puede apreciar que el circo refleja otras decadencias sociales y políticas. Y si prefiere, cambie de canal o suscríbase a uno más caro, donde podrá ver circos de primera calidad, como los de Europa, como el “Cirque de Solei”.