El colapso del sistema

Increíble paralelismo entre los clubes de mayor convocatoria del país. Pero ¿se trata solo de una simple coincidencia o es, más bien, el lógico resultado de similares desaciertos?

Por SERGIO GILBERT J.

Colo Colo y Universidad de Chile se encuentran en momentos competitivos críticos. 

Los albos han firmado la peor campaña en su bitácora deportiva (más mala aún que la de 1945, según dicen los expertos) y se encuentra luchando por zafar de la posibilidad de descender por primera vez en su historia.

Los azules, no lo hacen mejor. Pese a que en la tabla anual han estado hace rato en la lista de los equipos con posibilidades de clasificación a torneos sudamericanos, su pésima campaña de 2019 le impuso a la U una permanente espada de Damocles en la tabla ponderada que suma las campañas de dos últimos torneos. El resultado de ello es que Universidad de Chile postula hoy a jugar un partido de definición por la permanencia y así evitar el drama que sufrió en 1988 cuando descendió.

Increíble paralelismo entre los clubes de mayor convocatoria del país. Pero ¿se trata solo de una simple coincidencia o es, más bien, el lógico resultado de similares desaciertos?

Parece más probable lo segundo. Y tiene mucho que ver con el colapso del sistema en que está inserto el fútbol chileno.

No se trata, por cierto, solo de un aspecto ideológico. Es, más bien, una situación ligada a parámetros sociológicos. La conversión de los clubes en sociedades anónimas ha evidenciado no solo fallas de orden jurídico (que se supone hoy se están arreglando en el Congreso) sino que, esencialmente, ha provocado un cambio radical en el manejo dirigencial, en la filosofía a la cual se adhieren los dueños mayoritarios de las entidades.

Blanco y Negro y Azul Azul, concesionarios y administradores de Colo Colo y Universidad de Chile, han estructurado sus gobiernos corporativas a partir de premisas demasiado ortodoxas y propias de escuelas de Economía.

Desde el punto de vista mercantil, ambas instituciones se han centrado en la búsqueda de la eficiencia para mantener el negocio, es decir, para lograr al menos equiparar sus cuentas como lo hacen las empresas tradicionales. Y si bien ello debe ser expuesto como una lógica necesidad, hay un punto que no se ha logrado desarrollar: no hay en estos empresarios incentivos y motivaciones para lograr dividendos a partir de inversiones, toda vez que en estos dos clubes pueden sostenerse más o menos tranquilamente por los dineros que reciben por la televisación y por sus contratos con sponsors de sus indumentarias.

Al no haber, entonces, urgentes necesidades de búsqueda de capital fresco, tanto Blanco y Negro como Azul Azul no requieren -o piensan que no necesitan- poner capital de inversión en sus divisiones menores o en compra de jugadores y entrenadores de mayor nivel. Con lo que ganan, y haciendo algunos aportes extras en tiempos de crisis (aumentos de capital) les alcanza para que el negocio no se derrumbe.

Error profundo desde el punto de vista conceptual.

Ello porque si bien es utópico pensar que una sociedad anónima, aunque sea una deportiva, no tenga como fin obtener utilidades, sí se entiende que ésta tiene también un componente distintivo al de cualquiera otra de su especie, simplemente porque sus “clientes” (los hinchas del club) esperan retribuciones mínimas (ganar) por su fidelidad.

En BN y AA no han entendido para nada ese concepto.

Creen que su potencia como marca es suficiente para doblegar a sus competidores. Sienten que son una gran cadena que puede no solo absorber, sino que, a la larga, eliminar al pequeño negocio de la esquina con solo un rugido.

Sí claro. Aprendan de una vez, señores empresarios. No es así la cosa en el fútbol…Miren dónde están ahora para que vayan captando la idea.