El Colo Colo de Salas no va a ninguna parte

Cuatro partidos, cuatro derrotas. La idea futbolística del director técnico es imposible llevarla a cabo con los jugadores que cuenta el “Cacique”. Si Blanco y Negro no rompe el chanchito para traer al menos dos figuras de verdadero calibre, a los usurpadores de la institución alba les espera un año tan malo como movido.

“No es cuestión de dinero”, dijo Marcelo Espina cuando se le consultó por la carencia de refuerzos para Colo Colo.

No podría serlo, porque al presupuesto con que contaba Blanco y Negro había que agregar casi 4 millones de dólares que la usurpadora regencia alba recibió por el traspaso de Claudio Baeza al Al-Ahli Saudi, de Arabia Saudita. Otro millonario ingreso por un jugador en el que ellos nunca invirtieron ni un miserable peso para su formación.

Si no es cuestión de dinero, ¿dónde está entonces la razón que explique en forma satisfactoria el que, a dos semanas del inicio de la competencia local, y a dos meses del término del Campeonato Nacional pasado, Mario Salas todavía no pueda saber el plantel con el que deberá afrontar las tres competiciones en las que el Cacique estará inmerso?

¿Se trata entonces de desidia? ¿De incompetencia? ¿De pensar que con lo que hay basta y sobra para que Salas conforme un plantel competitivo para todos los frentes?

La Noche Alba, el Torneo de Verano en Viña del Mar, son pruebas irrefutables de lo atrasado que está Colo Colo. Que, si no se refuerza como se debe, la mediocridad de su fútbol en estas primeras cuatro confrontaciones del año, en que sólo cosechó derrotas, será una constante y no el mal inicio producto de la búsqueda de una manera distinta de afrontar el juego tras la pésima campaña que redondeó Héctor Tapia.

Todos sabemos lo que quiere Mario Salas. Un equipo agresivo, que salga a “comerse vivo al rival” marcándolo desde la salida para luego, recuperado el balón, provocar daño por las bandas. Un equipo “corto”, de líneas coordinadas y solidarias al momento de perder la pelota. Que, fiel a la tradición de Colo Colo, ataque siempre, pero intentando no quedar expuesto al contragolpe, con defensores corriendo hacia su propio arco.

El problema es que Salas no tiene los jugadores para lograr imponer ese estilo, esa idea de juego. En su equipo la veteranía constituye un arma de doble filo y la lentitud de sus más connotados defensores, como Barroso e Insaurralde, será siempre vulnerable, simplemente porque por mucho que el oficio valga, a veces suele no ser suficiente.

Nadie puede discutir la jerarquía de un “Mago” Valdivia, los chispazos geniales del “Pajarito” ni la capacidad goleadora de Paredes. Pero que dos de ellos sean titulares ya constituye un problema a la hora de marcar y de apretar. Sencillamente porque ya no están en edad de corretear rivales y mucho peor sería que actuaran juntos los tres. Jugando como pretende Salas, que al menos ha parecido entender que en el mediocampo no pueden convivir el “Mago” y Valdés, a Colo Colo como equipo la “bencina” con suerte le alcanzaría para un tiempo.

Nunca los 90 minutos.

El problema para Salas, además, es que, con Paredes a punto de cumplir los 39 años, por el centro del ataque podrá contar con calidad, sapiencia y oportunismo, pero nunca con explosión. A estas alturas de su carrera, el goleador ya no tiene ni la velocidad ni la fuerza para el desmarque frente a defensores que, por muy limitados que sean, le ganan lejos en vigor. Les bastará con anticiparlo una y otra vez para hacerse el pino.

Los últimos partidos de Paredes durante el torneo pasado, y lo que alcanzó a jugar en el cuadrangular de verano en Viña del Mar, revelan que su idea de dejar el fútbol activo hacia fines de este año es una decisión más que sensata.

Después de todo, nada es eterno. Mucho menos lo bueno.

Andrés Vilches, regresado de Universidad Católica, y burdamente presentado como “refuerzo” por parte de Blanco y Negro, no parece convencer del todo al técnico albo. Más allá de su gol frente a Everton, Mario Salas apuró la contratación de Javier Parraguez, goleador en Huachipato junto al panameño Torres.

Con 29 años, y un paso por Linares, Melipilla, Everton, Magallanes, Talagante y Puerto Montt antes de llegar al cuadro de la usina, Parraguez es toda una apuesta y una incógnita en el “Cacique”. Resta saber si sus condiciones futbolísticas, a saber, una buena dosis de velocidad, fuerza y decisión frente al gol, bastarán para que su presencia en la red sea constante, que es lo que esperan precisamente el técnico y la hinchada alba.

Tarea nada fácil para Parraguez, que además de vestir la camiseta más exigente de su prolongada y variada carrera, con todo lo que ello significa, tendrá que aprender a desenvolverse bien con mucho menos espacios que los que contaba antes. ¿Tiene la habilidad suficiente para prevalecer en el dribling que le limpie el camino cuando no tenga la ventaja de un pase bien filtrado?

Habrá que verlo frente a tal colosal desafío. La historia alba está llena de jugadores que, siendo figuras en sus equipos, pasaron por el “Cacique” sin pena ni gloria.

Apuestas son, también, el delantero uruguayo-peruano Gabriel Costas, llegado desde el Sporting Cristal Limeño, y Ronald de la Fuente, lateral izquierdo proveniente de la Universidad de Concepción.

Ambos de 28 años, llegan al Monumental por razones distintas. Mientras Costas fue uno de los primeros jugadores pedidos por Salas, luego de tenerlo bajo su mando en el club limeño, De la Fuente lo hizo recién luego que al parecer Marcelo Espina, y la regencia alba, consideraran que no tenía sentido utilizar un cupo de extranjero en un jugador como Damián Pérez, que marcando no era ninguna maravilla y que tampoco existía como elemento de desborde por la banda izquierda. ¿Alguien alguna vez lo vio en esa faceta, vital en el fútbol que hoy impera?

Mientras De la Fuente sólo pudo actuar sólo 45 minutos frente a Everton, Costas pudo mostrarse un poco más, ingresando como titular frente a Universidad Católica. De cualquier modo, el penquista no puede ser menos que Pérez, al paso que la sangre charrúa de Costas garantiza personalidad, entrega y lucha cuando el fútbol escasea.

Como sea, para Colo Colo es poco. Y no nos referimos al factor numérico que supone que los nombres de Costas, Parraguez y De la Fuente no alcanzan a compensar los ocho jugadores que se fueron (Fernando Meza, Gonzalo Fierro, Damián Pérez, Claudio Baeza, César Pinares, Brayan Véjar, Lucas Barrios y Nicolás Maturana). Excepto Baeza, transferido, el resto no tenía por dónde continuar un año más en el “Cacique”. En otras palabras, el que Colo Colo contara con un plantel numeroso nunca garantizó calidad y rendimiento.

Ofensivamente, sobre todo, Colo Colo sigue estando al debe. Desde ese punto de vista, es positivo que Estudiantes de La Plata, Unión Española, Universidad Católica y finalmente Everton, le dieran un cachetazo a las pretensiones de Blanco y Negro de comprar no sólo poco, sino además bueno, bonito y barato.

Le dijeron al señor de las colusiones, y también a Salas, que con lo que tiene está condenado a repetir la más que mediocre campaña del año pasado. Más allá de su gol frente a Everton, Vilches no es el jugador que Colo Colo necesita. Más allá de que frente a los “ruleteros” Marco Bolados se mostró por momentos como el jugador de Antofagasta, ¿quién garantiza que será capaz de exhibir un nivel parecido en el campeonato en circunstancias que ya estuvo un año completo en el Monumental sin poder demostrarlo?

Para colmo, de los juveniles que vienen asomando tampoco se puede esperar demasiado. Iván Morales no tiene por dónde entrar en este esquema y Colo Colo haría bien en cederlo a préstamo, para ver si en otro club puede aprender lo mucho que todavía le falta. En cuanto a José Aguilera, mencionado como una “promesa” alba durante este cuadrangular de triste recuerdo para el “Cacique”, corre mucho más de lo que juega. Insinúa mucho más de lo que realmente produce.

¿Provoste? Le han puesto fichas Guede, Tapia y ahora Salas. Eso sin contar que se le consideraba la figurita del Sub 17 que dirigió Hernán Caputo. El volante “mixto”, como dicen los comentaristas con tanta gracia, vez que ha ingresado, sin embargo, muestra una intrascendencia que desconcierta. Como “mixto” es malazo marcando y como generador de juego casi no existe, porque parece más feliz mientras menos le llegue la pelota.

Clavado con la adquisición inicial de un tontito, como Juan Carlos Gaete, que se motiva mucho más con una camiseta como la de Santa Cruz que con la de Colo Colo, Espina y la regencia alba se han dado demasiadas vueltas para concretar los refuerzos que el “Cacique” y Salas requieren imperiosamente para no seguir pasando bochornos.

De partida, urge la llegada de un extremo, que gane por velocidad y habilidad, y un volante con el suficiente talento como para complementarse o sustituir al “Mago” Valdivia, que, aparte de lesionarse seguido, camina permanentemente por la cornisa buscando con singular entusiasmo tarjetas amarillas o rojas. Ya sea porque se aburre de que le peguen o simplemente porque le da lata que le quite a cada rato la pelota cualquier patadura.

La palabra la tiene Blanco y Negro. O rompe a pesar de un inmenso dolor el chanchito para sumar los buenos jugadores que faltan o que se preparen Ruiz Tagle y sus boys para un año tan malo como movido.

El “¿qué es lo que quiere el pueblo? ¡que se vaya Blanco y Negro…!”, volverá a atronar el Monumental como en sus mejores tiempos.