El Colo Colo de Tapia: cuesta abajo en la rodada

Lejos de los puestos de avanzada en el Torneo Nacional, el Cacique ahora quedó eliminado de la Copa Chile por un cuadro de Primera B, como Ñublense. Carente de plantel, con un técnico que piensa que la posesión de balón es la panacea como arma de triunfo, lo único que resta esperar es que su aventura copera, frente a Corinthians, no termine en un papelón histórico.

Fue lo que se llama una “victoria Pírrica” la obtenida por Colo Colo frente a Ñublense, por la Copa Chile, en el Estadio Monumental. Porque el 2 – 1 no le sirvió de nada: en el partido de ida, disputado en Chillán, había caído por 2 – 0 con un equipo alternativo, lo que lleva a preguntarle a Héctor Tapia, el técnico albo, si ahora sigue tan “contento” como se manifestó tras ese contraste.

No sólo eso: si ahora, visto lo ocurrido, sigue pensando en si fue una buena idea prescindir de los jugadores titulares, en circunstancias que, sin compromisos por delante, no tenía ninguna explicación plausible para no utilizarlos.

Y es que terminada Colo Colo su mediocre participación en una primera rueda plagada de malos resultados obtenidos por el técnico que en la fecha undécima reemplazó a Pablo Guede, la plana mayor alba sólo tenía en su agenda un viaje a Brasil, para una inter temporada que, por lo jugado hasta aquí por el Cacique, se antojaban más bien unas vacaciones gratuitas que un reforzamiento físico para lo que viene.

¿Qué fue lo que tras aquella derrota en el “Nelson Oyarzún” chillanejo había dejado tan contento a Tapia? El que, en sus propias palabras, había quedado con la tranquilidad –y lo que es peor con el convencimiento- de que con ese grupo de muchachos, más los consagrados, más los que Blanco y Negro incorpore, iba a quedar con un plantel tan numeroso y rico para el segundo semestre que Colo Colo podía esperar un futuro más que promisorio.

Le faltó decir que, con ese plantel, el Cacique podía llegar a ser la envidia del Real Madrid o el Barcelona, que cuentan con plantillas de 22 o 25 tipos primera serie en cualquier club del mundo.

El problema, director técnico Tapia, que cayendo en ese encuentro por 2 – 0, Colo Colo no mostró ni un solo jugador que permita hacerse ilusiones. Simplemente porque no los tiene. Y no los tiene porque, desde que llegó Blanco y Negro a usurpar el club, se ha trabajado pésimo con las series inferiores. Entre otras cosas porque en los chicos no se invierte como se hacía antes que aparecieran esta manga de frescos e iluminados.

No faltarán los que, en defensa de este sistema nefasto y corrupto de Sociedades Anónimas Deportivas, argumenten que los dirigentes del sistema antiguo –Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro- eran tan sinvergüenzas y venales como los de ahora. Mentira. Santos no eran. Seguramente más de alguno se tentó alguna vez y metió las manos en el cajón, sólo que, de haber ocurrido, la poca plata a robar era tan poca que el hecho no iba a pasar de una ratería rasca.

Porque, sin excepciones, los dirigentes de los clubes eran hinchas. Hoy son accionistas que esperan voraces sus dividendos y cuentan con un Canal del Fútbol que les para mes a mes la olla, casi sin necesidad de hacer gestión.

¿Alguien tiene dudas? ¿Algún regente de la concesionaria puede decir entonces cuál es el motivo de que un Colo Colo libre fuera capaz de producir jugadores de la talla de un Bravo, de un Riffo, de un Valdivia, de un Vidal o de un Mati Fernández y, en cambio, ahora sólo aparezcan únicamente pataduras a los que incluso la pobre competencia local les queda grande?

A mucha distancia de ser considerado candidato en el Torneo Nacional, con escasísimas posibilidades de avanzar de octavos de finales en la Copa Libertadores, el Colo Colo de Tapia suma ahora una tempranera eliminación en una Copa Chile que, después de todo, entrega un cupo para el más importante torneo sub continental de clubes del próximo año.

En otras palabras, un objetivo nada de desdeñable para un cuadro que, jugando como lo viene haciendo, tiene por delante un segundo semestre de espanto.
Está claro que, de esa euforia que provocó el regreso de Héctor Tapia a la banca del club popular, es bien poco lo que queda. Memoria corta y selectiva, los hinchas albos recordaron que con él se obtuvo la estrella número 30, en el Torneo de Clausura 2014, pero olvidaron que, tras ese logro, terminó yéndose sin pena ni gloria de la cabina técnica del Cacique.

Nada que, sin embargo, pueda extrañar. Pasados de moda, la inmensa mayoría de los técnicos nacionales le rinden reverencia y pleitesía a la “posesión de pelota”, olvidando que esta no sirve de nada en campo propio o lejos del área enemiga. Como tampoco sirve de nada si esa mayor posesión no va acompañada de cambio de ritmo allí donde hay que acelerar, de desborde por las bandas y de profundidad y claridad para llegar al gol.

Como Colo Colo carece de todo eso, alguien tiene que decirle a Tapia que su supuesta mayor posesión como arma de triunfo hasta aquí ha sido un rotundo fracaso. Y que se deje de patrañas que a estas alturas sólo aplaudiría el “Tata” Riera, que sostenía que “mientras la tengamos nosotros, el rival no juega”, cuando el fútbol se jugaba con botines de caña alta y a 50 kilómetros por hora.

Tapia re debutó en la banca alba en la fecha undécima, cosechando un pobre empate a cero frente a Curicó Unido. A la fecha siguiente sus corifeos lo llenaron de loas, luego que el Cacique, en el Monumental, diera cuenta del peor Everton de los últimos años por 3 a 1. Y eso sería todo, porque luego Colo Colo decepcionó en toda la línea empatando sin goles como local frente a Iquique, para redondear luego una primera parte desastrosa cayendo frente a Unión Española (2-3) y ante Unión La Calera (0-2).

Mirado fríamente, Tapia sólo se salva porque, tras once años de sucesivos fracasos, Colo Colo logró meterse, por fin, en octavos de Copa Libertadores. Que el Delfin y el Bolívar fueran dos equipos de la “Población El Esfuerzo”, y que el punto decisivo se consiguiera aplicando la “táctica del murciélago” frente al Atlético Nacional de Medellín, no pesó para nada a la hora de mitigar la euforia del pueblo albo.

Se había conseguido un objetivo largamente acariciado y, como si eso fuera poco, el archirrival, Universidad de Chile, se había desinflado groseramente luego de una partida de caballo inglés y llegada de matungo.

El problema es que, de aquí en adelante, los partidos son de 180 minutos. Lo que equivale a decir ida y vuelta y el que muere, muere.

Y no se ve por dónde este Colo Colo actual, de plantel pobre y técnico que al parecer aún cree en la elegancia de las polainas, pueda ser rival de riesgo para Corinthians.

Mirado también fríamente, ¿por qué podría pensarse que Colo Colo tiene cierta opción de seguir avanzando si no ha sido capaz de ganarles a Curicó Unido, Deportes Iquique, Unión Española y Unión La Calera? ¿Si lo eliminó de Copa Chile un club de Primera B, como Ñublense?

Con lo que es y lo que juega este Colo Colo, lo único que parece sensato es exigirle a Tapia y a los jugadores que regresen de Sao Paulo sin haber protagonizado un papelón histórico.