El contexto social es una de las variables que más influyen cuando se habla de bienestar y salud mental

Chile fue el segundo país del mundo donde se deterioró más la salud mental tras la pandemia y registra un 23,6% de enfermedades de ese tipo. El psicólogo clínico Fernando Romero analiza la situación y sostiene que “es una cifra preocupante, junto a otras, como por ejemplo que Chile es uno de los países con mayores tasas de suicidio a nivel latinoamericano, con casos que han ido en aumento en los últimos años. Son datos alarmantes, que debemos prestarle total atención y no naturalizarlos”.

Por EL ÁGORA / Foto: ARCHIVO

En una sociedad tan convulsionada como la actual, que sobrelleva una pandemia, violencia latente, economía apremiante y una crisis de trastornos emocionales, los especialistas de la salud mental sugieren hacer una pausa para reflexionar sobre el bienestar psicológico y social.

Chile es el segundo país del mundo que vio su salud mental (SM) más deteriorada tras el confinamiento y registra una tasa de enfermedades mentales de 23,6%, según la Encuesta Nacional de Salud.

“Es una cifra preocupante, junto a otras, como por ejemplo que Chile es uno de los países con mayores tasas de suicidio a nivel latinoamericano, con casos que han ido en aumento en los últimos años. Son datos alarmantes, que debemos prestarle total atención e interés y no, como suele pasar, naturalizarlos”, señala el psicólogo clínico del Instituto de Salud Mental y Bienestar (www.ismyb.cl), Fernando Romero.

Sobre la situación en Chile, el magíster en Psicología Clínica sostiene que “por lo que hemos vivido estos últimos años, el concepto de bienestar o SM ha emergido como un tópico recurrente. A pesar de ello, la óptica en que se lo mira sigue siendo, preferentemente, desde un estado patológico, desde el riesgo potencial de padecer o no una enfermedad mental”.

Y agrega que, sin embargo, “el bienestar debería ir mucho más allá de ese estado, y ser mirado como un continuo equilibrio de satisfacción entre aspectos y experiencias afectivas positivas y negativas, como un bien-estar frente a las gratificaciones y frustraciones, complicaciones, desafíos y oportunidades de la vida, que le permita a cada uno otorgarle un valor y un significado personal. Y por supuesto, de cómo recuperarse de las experiencias que desequilibran esa búsqueda de continuidad”.

Psicólogo Fernando Romero.

– Los casos de ansiedad y depresión son hoy frecuentes…

“Las afecciones mentales, como la ansiedad y depresión, surgen como resultado de ese desequilibrio, cuando las estrategias de afrontamiento o defensivas se agotan; los valores personales que determinan la sensación subjetiva de bienestar se empobrecen y se dificulta la posibilidad de conciliar experiencias positivas y negativas.

Para comenzar a favorecer el continuo equilibrio habría que emprender acciones eficaces que armonicen ambos polos, dando cabida al sufrimiento del paciente, resignificar lo acontecido y modificar la posición subjetiva frente a ello. Estas afecciones son trastornos de la SM, que se han sostenido en el tiempo y que han afectado uno o varios aspectos en la vida en cuanto a las emociones, pensamiento y conductas. Cuando ya se ha configurado, es crucial que las personas acudan a un especialista para prevenir y minimizar sus efectos, así como desarrollar un tratamiento que le permita aliviar la situación que lo aqueja”.

– ¿Cómo se puede cautelar la salud mental?

“Uno de los aspectos primordiales es respetar las experiencias y vivencias personales, dar cabida a su sufrimiento y que tenga la posibilidad de dar cuenta de lo que siente. Por temor o por desinterés, estamos más acostumbrados a cambiar de tema, desviar la atención o no tocar temas atingentes sobre SM… Los pilares se construyen como ‘variables constantes’ completamente personales. Cada experiencia, cada persona, tiene la oportunidad de reconocer cuáles son los aspectos de su vida que le entregan mayor gratificación”.

-¿Cómo incide el entorno social: la familia, el trabajo, el colegio?

“El contexto social es una de las variables que más influyen cuando se habla de bienestar y SM. Es de tal relevancia que habría que comenzar a incorporar y trabajar este determinante desde las primeras experiencias de socialización. La infancia y adolescencia es la etapa de mayor vulnerabilidad de todo el ciclo vital, y cuando se adquiere la mayoría de los hábitos que incidirán fuertemente en las sucesivas etapas.

Si nos ocupamos genuinamente en promocionar estilos de vida saludables y de bienestar psicosocial desde la niñez (padres e hijos), ayudaremos a un mejor tránsito y desarrollo en el continuo de la vida; tendrá más y robustos factores protectores y estrategias de afrontamiento en cada etapa (de la infancia a la adultez mayor), será una persona que se logre insertar en diversos contextos, desarrollará habilidades sociales y redes de apoyo, será un agente activo y protagonista de sus experiencias, reconocerá las situaciones y contextos que atentan contra su salud y podrá tomar mejores decisiones.

Si nos damos cuenta de los beneficios de intervenir prontamente, cambiamos el foco de la enfermedad hacia la salud, del riesgo a la protección y de la prevención hacia la promoción de bienestar y salud mental.

– ¿La inseguridad ambiental actual influye en el bienestar?

“Actualmente, la sociedad tiene una sensación de inseguridad y agresividad muy alta, que incide en la manera en que las personas viven concretamente su entorno. Una de las consecuencias que promueve ambientes sociales con este estilo de experiencias es el aislamiento y la tendencia a producir respuestas psicobiológicos negativas; donde las personas recurren a comportamientos compensatorias como son las conductas de riesgos, el abuso de alcohol y consumo de otras drogas.

Este dato es relevante, ya que se observa que el alcohol es el principal factor de riesgo que subyace a muchas enfermedades y trastornos mentales en toda la población.