El crack del barrio

“De esos que nunca llegan a la hora, sin canilleras, sin zapatos y sin las dos lucas para pagar la camiseta. Como es la  salvación del equipo, todos corren a conseguir lo que falta para que sea titular y haga, como todos los fines de semana, tres golazos”.

Por RODRIGO CASTILLO FLORES

Los amantes del fútbol  siempre se las han arreglado de alguna manera en su vida para “estirar las piernas” con la práctica amateur del deporte. Un dato no menor es que la mayoría de los jugadores de fútbol no son rentados. Sólo una pequeña elite logra ser profesional de la actividad. Incluso en muchos casos los mejores no llegan a los primeros equipos .

Siempre  se  ha comentado que los talentos están en los barrios  y, casi siempre, se quedan ahí.

Les contaré una pequeña historia de un jugador de barrio llamado el “Chispi”, nombre ficticio de nuestro protagonista. Obvio, los amigos le pusieron ese apodo.

Él es un joven con un gran talento futbolístico. Juega de delantero en el Club de sus amores. Goleador. Es nuestro crack del barrio. De esos que nunca llegan a la hora, sin canilleras, sin zapatos y sin las dos lucas para pagar la camiseta. Como es la  salvación del equipo, todos corren a conseguir lo que falta para que sea titular y haga, como todos los fines de semana, tres golazos en Primera. Esa serie que se lleva todo el oro de la competencia dominical, en las ligas donde el tercer tiempo es casi más importante que el partido.

Se cuenta, a modo de rumor, que nuestro “Chispi” fue tentado por un club de los tres grandes de la capital, pero se devolvió porque no le gustaba hacer “la gimnasia”. Bueno, eso fue lo que contó un socio y dirigente del Club amateur donde jugaba. 

El problema es que este crack del barrio es “medio desordenado”. Bueno para las fiestas y la parranda, así que no le gustó entrenar. Prefiere jugar con “los cabros de la población”, con ellos es genio y figura. No importa que el sábado deban sacarlo “en calidad de bulto” de la “disco”, en malas condiciones producto de las copas de más.

Este breve relato es uno de las tantas historias que surgen de las competencias del fútbol amateur en nuestro país. Según ANFA, tenemos 3.716 clubes afiliados y más de 990.000 jugadores y jugadoras, repartidos en las asociaciones en Chile, que cada semana (sin pandemia) juegan en las escasas canchas que tenemos.

En  este universo de deportistas. ¿Cómo no va a ser posible rescatar unos talentos para nuestro fútbol criollo?

La respuesta la tienen los clubes de fútbol profesional, y no solo los tres grandes de Santiago.

¿Existe una real captación de niños y jóvenes para que se integren al Fútbol Joven, como nuestro crack del barrio? ¿O las drogas y el alcohol nos están ganando este difícil partido social?

Nos podrán decir que hay una cantidad de jóvenes que incluso son “apadrinados” por clubes profesionales y que dejan sus hogares para aventurarse como futuros futbolistas. Varios de ellos hasta con representantes. Pero, a la larga, sabemos que ese esfuerzo es limitado.

Si nos sumergimos en el tema , el problema no es de la captación que realizan las instituciones, la piedra de tope es el “Papá Estado”.

Nuestro jugador estrella, desordenado y todo, nunca tuvo un real apoyo. A él le fallaron las políticas deportivas, sociales y de igualdad de oportunidades.

A lo mejor viene de un núcleo familiar con problemas: un padre ausente o una madre que debe trabajar, dejando a sus hijos al cuidado de la suerte. Entonces el inconveniente no es de los clubes, ni del barrio. Es un problema de la mala administración de recursos económicos a nivel país.

Los grandes deportistas son esfuerzos netamente personales. Vamos al tenis: Ríos, González y Massú  son ejemplos de luchas familiares. En el fútbol: la Generación Dorada es una generación Espontánea. Hay éxitos individuales, no de política deportiva.

Entonces: ¿de dónde surgen los jugadores que necesitamos para nuestro fútbol? Podría ser de las Escuelas de Fútbol, pero esa no es su función. Si se descubre a una “joyita” bienvenido sea. 

¿Entonces?……

De los colegios. Lógico, porque en las escuelas están los niños. Pero tampoco se desarrolla el fútbol ahí. Muchos establecimientos están preocupados en la PTU, o como se llame a futuro, y del famoso SIMCE. 

En la gran cantidad de escuelas y liceos no están preocupados del fútbol. Los buenos resultados de las pruebas estandarizadas permiten seguir existiendo como institución educativa. El fútbol queda si sobran recursos y parece que no sobra nunca.

A nivel escolar no existe una competencia de fútbol que involucre a los colegios. Hay una empresa láctea que organiza un torneo. Sí, pero juegan instituciones privadas que pueden costear el pago por participar. Lo demás, únicamente actividades aisladas, esforzadas e insuficientes. Y con eso no desarrollamos a nuestros niños-futbolistas. No le damos el espacio para que avancen deportivamente, porque siempre hay necesidades más urgentes que preocuparse de los “peloteros”, como dirían a quienes no les gusta el deporte.

El crack del barrio se da cada día menos. 

Hoy  nuestro héroe de partidos aguerridos y apretados debe jugar sólo los fines de semana. Está más grande, casado y con hijos. Trabaja de sol a sol para parar la olla. Sigue con sus goles en los clásicos de la población, que cada día están más peligrosos. La delincuencia se ha tomado los sectores vulnerables y jugar, hoy en día, no es tan amigable.  Ahora no debe conseguirse las dos lucas para la camiseta. Los nuevos dirigentes del club le pagan por jugar. ¿Qué mejor?

Y para finalizar, algunos conocidos del “Chispi” dicen que él no era el bueno para la pelota, que el hermano era mucho mejor… Seguramente, pero esa es otra historia.