El desafío del equipo B

Tampoco estamos hablando de jóvenes inexpertos, imberbes y semi lactantes, sino que de jugadores profesionales con, se supone, niveles dignos de enfrentar un desafío internacional y a los que se les exigirán resultados porque de eso se trata el fútbol competitivo.

Por SERGIO GILBERT J.

Casi como pidiendo permiso o, peor que eso, perdón a los hinchas, el seleccionador Martín Lasarte ratificó en TNT Sports que la próxima Copa América (que se jugará quizás dónde y en qué condiciones) Chile la jugará con “un equipo alternativo, una mixtura” concepto más preciso, según él, que la palabra “escuadra de recambio”.

Lasarte sabe, porque ya ha vivido hartos años en este país, que la posición actual de los hinchas de La Roja -y de varios comentaristas militantes-, es tajante: el “equipo de todos” tiene que ir a las competiciones a ganar porque ya aprendimos que no solo somos capaces, sino que hasta podemos enseñarle al resto que jugar en todos lados igual es posible.

Claro, en el fondo, todos sabemos que eso no es tan así. Al contrario, está meridianamente claro que el fútbol chileno nunca ha estado para darles clases a nadie y que los logros que se han conseguido en los últimos años -dos títulos de la Copa América, dos clasificaciones mundialistas, un subcampeonato de la Copa Confederaciones- son fruto de una generación bendita (y quizás irrepetible) y no como algunos creen o hacen creer producto de un cambio de mentalidad o el efecto de que ahora sí sabemos hacer bien las cosas.

Por eso, ir con un equipo B, alternativo, o con una mixtura no es una simple elección técnica. Es una obligación. Sabemos de sobra que si ya se han ido Jara, Carmona, Díaz, González, Suazo, Valdivia y Fernández, muy pronto deberán dejar sus espacios en la Selección Beausejour y Medel, y que los que hasta hoy tienen aún buena presencia internacional como Bravo, Mena ,Isla,  Aránguiz, Vidal, Sánchez y Vargas apuestan a su último baile de aquí al Mundial de Qatar.

Entonces, buscar nuevos jugadores, probar gente, es una urgencia y nadie en su sano juicio podrá discutir la determinación de Lasarte.

Pero, ¿significa eso que el equipo chileno deba resignar anticipadamente sus posibilidades competitivas en razón de este obligado proceso de recambio?

Por supuesto que no. El mandato de intentar ganar será el mismo que si fuera el supuesto equipo titular. Por una razón muy sencilla: el equipo que finalmente determine Lasarte mandar a la cancha en la Copa América no será uno Sub 17 sin experiencia. Será una escuadra distinta, si duda, pero en su mayoría compuesta por jugadores no solo con experiencia en el fútbol profesional, sino que, en varios casos seguramente, mayores de 23 años que incluso hoy actúan en ligas superiores a la chilena.

Claro, ninguno de ellos tendrá aún la experiencia de los veteranos campeones de la Copa. Ni tampoco serán del grupo que juega en la elite del fútbol mundial. Pero tampoco estamos hablando de jóvenes inexpertos, imberbes y semi lactantes, sino que de jugadores profesionales con, se supone, niveles dignos de enfrentar un desafío internacional y a los que se les exigirán resultados porque de eso se trata el fútbol competitivo.

Tratarlo de otra manera, así como cuidándolos como si fueran bebés o no remarcando sus eventuales defectos, sería contraproducente al plan que Lasarte está construyendo.Equipo B o alternativo a la cancha en la Copa América. De acuerdo. Pero no como un chiche. Si no, bajemos la cortina y esperemos que Vidal, Alexis y Bravo extiendan sus edades de jubilación.