Debut de Carlos Caszely

El doble debut de Carlos Caszely

Por estos días se cumplen 53 años desde la aparición oficial de Carlos Caszely en un partido de Colo Colo con Santiago Morning en el Estadio Nacional. Pero, en rigor, su estreno había sido contra Peñarol, seis meses antes, en el transcurso del que es considerado el mejor Hexagonal de esa época dorada.

Por Julio Salviat

Era una tarde soleada, como la de estos días, la de ese 30 de julio de 1967.

La clásica reunión doble futbolera del Estadio Nacional comenzó con muy entretenido encuentro de Universidad Católica con Palestino, que terminó igualado a dos. De fondo se medían Colo Colo y Santiago Morning, y el encuentro invitó a los bostezos. Terminó 0-0 y con los hinchas indignados. Pero algo bueno dejó ese partido: el estreno de Carlos Caszely. Y su actuación mereció un par de fotos y algunas líneas elogiosas de la ponderada revista Estadio: “Debutó oficialmente Casselli (sic), juvenil en el que Colo Colo cifra esperanzas. En el primer tiempo fue el más activo y peligroso. Por lo menos está en el área y tiene codicia. Tuvo algunas oportunidades iniciales, pero Irala se interpuso invariablemente”. Curiosamente, después, en la síntesis del partido, el apellido del debutante fue escrito correctamente.

Héctor Galvez, Carlos Caszely y Julio Salviat, en el camarín del Estadio Nacional. En el comienzo de su carrera, las crónicas consignaban el apellido de la promisoria figura como Casselli.

Para entonces yo estaba cursando el último año en la Universidad y, aunque ya trabajaba, la revista Estadio no aparecía aún en mi futuro. Pero era hincha, el estadio Nacional no me quedaba lejos y la entrada era barata.

Ahí estaba esa tarde, metido entre los 30.925 espectadores que controlaron los boleteros. Y cuando por los altavoces dieron la alineación de los equipos, me propuse seguirle los pasos a ese adolescente que ya había dado con un tiro en el palo cuando probaba las manos de Efraín Santander antes de empezar el partido. La línea defensiva alba estaba integrada por Aldo Valentini, Humberto Cruz, Leonel Herrera y Óscar Montalva; delante de ellos había un volante defensivo, Orlando Aravena, y otro organizador, Francisco Valdés; y los que acompañaban a Caszely en el ataque eran Mario Moreno, Víctor Zelada y Jorge Valenzuela.

Viéndolo correr, esquivar y soportar golpes sin chistar, no me sorprendió su desparpajo. Tanta personalidad parecía impropia de un juvenil que 25 días antes había cumplido los 17 años de edad. Pero había una explicación. Lo había visto seis meses antes en lo que fue su verdadero debut en Colo Colo: el 14 de febrero, frente a Peñarol en el hexagonal de verano, también en el Estadio Nacional y -¡qué coincidencia!- con el mismo árbitro: Lorenzo Cantillana.

Cuando se hizo el balance de ese magnífico torneo, considerado como el mejor de esa época dorada, había una mención para él, aunque cada uno de los seis equipos mostraba estrellas de nivel mundial. Los equipos locales eran Colo Colo, que tenía en sus filas a Francisco Valdés, Walter Jiménez y Elson Beyruth; Universidad Católica, campeón vigente, en el que destacaban Alberto Fouillioux, Néstor Isella, Ignacio Prieto y Leopoldo Vallejos; y Universidad de Chile, que  contaba con el temible cuarteto integrado por Pedro Araya, Carlos Campos, Rubén Marcos y Leonel Sánchez. 

Peñarol mostraba a Ladislao Mazurkiewicz, Pedro Rocha, el ecuatoriano Alberto Spencer y el peruano Juan Joya. Vasas de Hungría, que le metió 9-3 a Colo Colo en el debut y compartió el primer lugar con Santos, enseñó las bondades del goleador Janos Farcas, el volante Pal y los veloces punteros Korsos y Molnar. Y Santos tenía estrellas de sobra como satélites de Pelé: Gilmar, Zito, Carlos Alberto y Coutinho.

Esa noche veraniega del empate con Peñarol, Carlos Caszely entró a reemplazar a Jaime Bravo y, pese a su empeño, no logró cambiar el 2-2 con que habían llegado a los 70 minutos de juego. Pero no pasó inadvertido para las 70.796 almas que abarrotaban el Nacional. En la primera pelota que le llegó, le hizo un túnel a uno de los más fieros de los defensores uruguayos, Pablo Forlán, esquivó la inevitable patada de vuelta y siguió jugando como si nada.

Ni él ni nadie imaginaba lo que le depararía el destino, pero la rareza del apellido y la calidad de su juego hicieron que la vista de los hinchas que se fijara en él tanto en el debut absoluto como en el debut oficial. Y no se la sacara más.