El espectáculo de una fábrica de estrellas

El telescopio espacial James Webb reprodujo el mismo paisaje espacial fotografiado en 1995 por el Hubble, y la diferencia es notable.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Fotos: NASA

Hace casi 30 años, el telescopio espacial Hubble de la NASA capturó la primera imagen de los llamados Pilares de la Creación, una especie de vivero estelar que muestra gruesos pilares de gas y polvo de maravillosa belleza.

Esta semana, el nuevo telescopio espacial James Webb captó una imagen más detallada del mismo paisaje que se supone ayude a los científicos a entender cómo se forman las estrellas.

Los Pilares de la Creación captados por el nuevo telescopio parecen arcos y agujas que están “tejiendo” con gas y polvo estelar semitransparente. Se trata de una región donde se están formando estrellas jóvenes, aseguran los que saben.

El James Webb, anunciado como el sucesor del envejecido Hubble, está optimizado para ver la luz del infrarrojo cercano y medio, invisible para las personas, lo que le permite mirar a través del polvo que puede oscurecer las estrellas y otros objetos en las imágenes del Hubble.

Aunque los ojos infrarrojos del James Webb no pudieron atravesar la mezcla de gas y polvo de los Pilares de la Creación, su nueva visión ayudará a los científicos a identificar con mayor precisión los recuentos de estrellas recién formadas, así como la cantidad de gas y polvo en la región.

A la izquierda, los Pilares de la Creación en 1995. A la derecha el mismo paisaje espacial captado por el telescopio James Webb.

Klaus Pontoppidan, científico del proyecto que trabaja en el James Webb, escribió en Twitter que el equipo quería capturar los Pilares de la Creación utilizando el nuevo telescopio espacial después de ver la demanda popular al respecto. “No sólo hay estrellas obvias moteadas en cada rincón de esta imagen, sino que, si se mira de cerca en las puntas de los pilares, se puede ver este ardiente enrojecimiento. Parece un volcán escupiendo lava.

Las manchas rojas en los bordes de algunos pilares proceden de estrellas jóvenes, de unos pocos cientos de miles de años, que disparan chorros supersónicos que excitan las moléculas de hidrógeno circundantes y crean el brillo carmesí.