El feliz adiós de “Chester” Cortés

El valioso volante de Magallanes deja el fútbol y se va a España con la satisfacción de haber hecho lo que siempre quiso, y con el cosquilleo de haber descubierto muy tarde su mejor ubicación en la cancha.

Por JULIO SALVIAT / Foto: AGENCIA UNO

Lo supo desde niño: iba a ser futbolista profesional. En las infantiles de La Serena, con 10 años de edad, ya mostraba dos condiciones que lo caracterizarían a lo largo de su extensa carrera: su espíritu tranquilo y su buena técnica. Esa convicción se solidificó cuando tenía 14 y Universidad Católica lo trajo a la capital para ponerlo en su prolífico vivero.

Desde este domingo, con 39 años en el cuerpo y 11 camisetas en su currículo, César Cortés será un exfutbolista. Deja la actividad para cumplir un sueño antiguo: se va a España, a la tierra de su esposa.

Se puede ir tranquilo. Sin ser una figura deslumbrante, llamó siempre la atención por la pulcritud de su juego y su ejemplar disciplina.

Tal vez por su carácter, no quiso convertirse en crack. Tuvo dos buenas oportunidades en el extranjero, y fueron aventuras sin los finales esperados. En el Albacete, de la Segunda División española, permaneció dos temporadas y jugó casi nada: diez partidos. Y después, en el Varsawua polaco, menos todavía: una temporada y cuatro presentaciones.

Comenzó jugando por en la UC: con la cruz en el pecho debutó a los 18 años. Y se despedirá jugando contra ese mismo equipo, como para cerrar el círculo que lo llevó a pisar con estoperoles el pasto de todas las canchas profesionales del país.

Puerto Montt, a préstamo, fue su primera escala en este largo viaje. Lo hizo muy bien, pero no encontró acogida cuando regresó y de nuevo hizo maletas hacia el límite continental.

Una curiosidad: también tuvo ida y regreso en Huachipato y Palestino, los clubes en que mejor se desempeñó antes de convertirse en la máxima figura de Magallanes. También dejó buenos recuerdos en Everton, Wanderers y Audax Italiano, pero no quedó plenamente conforme con su paso por Universidad de Chile.

Ya pensaba en su retiro cuando le llegó el llamado de Nicolás Nuñez. Habian sido compañeros en la juvenil de la UC y el ahora DT de los albicelestes lo reclutó como el hombre grande que guiaría a los chicos del equipo y que ordenaría los tiempos en el equipo.

En esa tarea, César Cortés se mostró en todo su esplendor, al punto que fue elegido como el mejor jugador de la Primera B en el torneo pasado. Con él en el mediocampo, Albert Acevedo en la defensa y Felipe Flores en el ataque, Magallanes tuvo una base experimentada que resultó decisiva para que la Academia mostrara el buen fútbol y la contundencia que lo llevaron a alturas insospechadas. Todos ellos resultaron clave en el ascenso magallánico y las gracias posteriores: la obtención de la Copa Chile y un más que aceptable debut en la Copa Libertadores.

A la hora de la despedida, “Chéster” rescata sus últimas temporadas como las mejores de su carrera, según confesó en una entrevista que le hizo la radio ADN: “Me vi beneficiado por la valorización que ha tenido el juego de posición. Como volante central, puedes ser muy influyente en el juego. Si lo hubiese hecho antes, habría disfrutado más del fútbol y del juego”.