El fútbol chileno a punto de retroceder treinta o más años

Ello ocurriría si la ANFP no reacciona frente a la masiva renuncia de los integrantes de la Comisión Antidopaje y pretendiera seguir con la competencia como si nada. La razón dada para esta sorpresiva dimisión es la indebida intervención de organismos estatales en el proceso de análisis de muestras.

Por EDUARDO BRUNA

Al confirmar la renuncia en pleno de la Comisión de Antidopaje de la Asociación Nacional de Fútbol, su presidente, Fernando Jorquera, hizo una denuncia gravísima, aunque sin entrar en detalles: explicó que médicos y directores que integraban esta comisión habían dado el paso al costado “producto del giro que ha tomado el control de dopaje debido a la intervención de organismos estatales”.

En otras palabras, y aunque Jorquera no lo explicita, se supone que el ministerio del Deporte, encabezado por la inefable Cecilia Pérez, ha ejercido una presión indebida para no llevar a cabo de una manera adecuada y ciento por ciento profesional estos imprescindibles controles de un fútbol limpio y donde no existan artimañas para sacar ventajas extradeportivas.

Porque, cuando Jorquera habla de una indebida intervención estatal, ¿a qué otro organismo puede estar aludiendo que no sea al del Deporte? Porque ocurre que el Comité Olímpico de Chile es una entidad privada, y el ministerio de Salud bastantes problemas tiene ya con el control de la pandemia como para estar metiendo mano en un ámbito que ni le corresponde ni tampoco le interesa.

¿O es que, como el ejecutivo no ha dado el ancho con el control del Covid, como no lo da en nada en realidad, se piensa que es un desperdicio que laboratorios analicen muestras futboleras cuando el principal problema en el país es otro, en este caso la pandemia?

Extraño sería, porque las muestras de orina que se les toma a los futbolistas van al mismo laboratorio que se ha encargado siempre de esos análisis, y por lo demás tiene tanta experiencia en este rubro que detectar un dopaje se consigue en un tiempo más que acotado. No se trata de esos exámenes de PCR de los que tanto alardea el gobierno, cuyos resultados demoran tanto que un contagiado puede infectar a su entorno a su regalado gusto durante varios días, sin que nadie pueda saberlo.

Porque la también tan cacareada “trazabilidad” es otro chiste de La Moneda y del ministerio de Salud, liderado por el zalamero Enrique Paris.

Lo serio, en este caso, es que la renuncia de la Comisión de Antidopaje de la ANFP significa retroceder 30 o más años. Significa volver a una época en que jugadores tramposos y directores técnicos inescrupulosos “pichicateaban” impunemente a sus dirigidos, que jugaban tan pasados de revoluciones que faltaba poco para que después de los partidos volvieran corriendo a sus casas.

Este vicio, tan común en épocas pretéritas, pero no tan lejanas al final de cuentas, fue afortunadamente erradicado de nuestras canchas. Como fue también erradicado, paulatinamente, en otras latitudes. 

El conflicto que estalló este martes es, pues, de la mayor gravedad. El fútbol no podría funcionar sin que exista este imprescindible control, que por lo demás evita la trampa tanto como protege la salud del futbolista.

Urge un pronunciamiento de la ANFP, es decir, de su presidente, Pablo Milad, acerca de esta masiva renuncia. El problema es que, hasta aquí, Milad se ha mostrado como todo un especialista en hacerse el tonto.