El fútbol chileno me asusta y me sorprende

Mientras las autoridades de nuestro fútbol no entiendan que el progreso está unido a la masificación del fútbol joven en todo sentido, con los mejores guías para los chicos, seguiremos dependiendo de la eventual y espontánea aparición de una generación especial.

Por GERARDO SILVA

Me asusta y observo con tristeza que en un período tan largo no hayamos podido descubrir y potenciar nuevos talentos. La generación dorada de nuestro fútbol se mantiene como detenida en el tiempo, a la espera de que surjan nuevas figuras para el balompié nacional. Ahí están, dilatando su retiro, cada vez con menos capacidades y más años en el cuerpo, incompatibilidad absoluta para seguir esperando. Y me sorprende porque, no veo inquietud al respecto, pareciera ser que las organizaciones están esperando que caiga del cielo una nueva generación buena para el fútbol.

La ANFP no propone ni dispone cambios sustantivos en sus políticas deportivas para el fútbol joven. Desde hace mucho que el fútbol formativo no mejora sus estándares  competitivos, sí observamos a qué instituciones pertenecen los seleccionados de las diferentes categorías y nos percatamos que, en su mayoría, son futbolistas pertenecientes a los tres equipos grandes del fútbol chileno, con algunas excepciones.

En Chile no hay preocupación para jerarquizar el trabajo formativo con la finalidad de levantar los niveles para competir a nivel internacional. Recuerdo que en  algún momento la Federación de Fútbol de Chile intentó con relativo éxito masificar el fútbol joven, preocupándose, incluso, de incluir en estos procesos al fútbol amateur.

En esos períodos asistíamos regularmente a los mundiales sub 17 y sub 20, lo que en las últimas décadas ya no ha sucedido.

Si somos minuciosos en el análisis podemos observar que no todos los clubes profesionales trabajan con el fútbol joven en todas las categorías. Qué más le podríamos pedir al fútbol amateur.

Lo cierto es que si no se establecen políticas de masificación no será posible implementar un proceso de captación.

El fútbol chileno está compuesto por 97 instituciones repartidas en las diferentes categorías. La Primera A juega su competencia anual con 16 equipos, la Primera B lo hace con 17, la Segunda División con 12, la Tercera A con 16, y la Tercera B con 36 equipos divididos en cuatro grupos.

Por qué no invertimos para que estas instituciones funcionen con los mejores profesionales, todas las categorías del fútbol joven, a lo largo y ancho del país, con la única intención de masificar. Si multiplicamos 97 clubes por diez series estarían participando del fútbol joven 970 equipos. Si a la vez lo multiplicamos por 25 jugadores por plantel el proceso de masificación contemplaría la cantidad de 24.250 futbolistas. Después habría que evaluar, captar, seleccionar y luego potenciar los diferentes talentos en los procesos selectivos y así hacer un barrido perfecto en todo nuestro fútbol.

No sabemos dónde está el crack, por esta razón se hace necesario ofrecer un montón de facilidades para practicar el fútbol. Que el joven futbolista practique el deporte en su hábitat natural y que muestre ahí todas sus habilidades, que represente al equipo de su ciudad, que se identifique y que producto de su talento nos represente a nivel nacional e internacional. Sólo de esta manera no dejaremos en manos de cuatro o cinco clubes del país la representación de nuestros seleccionados. Dinero hay y mucho, sólo está mal utilizado, porque definitivamente está gastado y no invertido.

Estadios de buena calidad tenemos en, prácticamente, todas las ciudades, profesionales sobran, el INAF se ha encargado en más de dos décadas en preparar técnicos para el fútbol, no falta nada, lo estrictamente necesario está, lo único que hace falta es que la Federación de Fútbol de Chile se ponga los pantalones e implemente un gran proyecto para el fútbol chileno, que aplique la necesaria operación rastrillo.