El fútbol: su yo y sus circunstancias

Mario Salas dejó de ser el entrenador de Colo Colo tras casi un año sentado en la banca alba, simple y sencillamente porque su proyecto -o aspiración futbolera para no ser tan grandilocuente- no cuajó.

Por Sergio Gilbert J.

El Comandante, de hecho, se mostró incluso menos dogmático e inflexible de lo que había exhibido como DT en anteriores experiencias (de hecho, incluso, jugó con tres zagueros centrales y dos atacantes por el medio más de una vez) pero ni así pudo plasmar ese Colo Colo que los dirigentes, los hinchas y la prensa, aspiraban a ver en la cancha cuando Salas aterrizó en el Monumental: uno aguerrido, ofensivo, temerario y hasta un poquito irresponsable.

Al contrario, lo que se vio mucho fue una escuadra sin ideas, desabrido, con una cantidad inaceptable de errores de ejecución y con rendimientos individuales paupérrimos en general. Un fiasco. Y la puerta de salida se abrió de par en par al estratega.

Lo curioso -o al menos lo que llamó la atención- es que Salas no terminaba de firmar su finiquito cuando se supo que la cesantía del Comandante duraba solo un suspiro: Alianza de Lima lo contrató y le pidió incluso que se pusiera a trabajar a distancia, por video conferencia usando plataforma Zoom ante la imposibilidad de viajar a Perú por efecto de las restricciones sanitarias originadas por la pandemia.

No es todo. En las últimas horas trascendió que el equipo de los Íntimos de la Victoria quería llevarse también al delantero albo Javier Parraguez.

Esperen un momentito. ¿Están locos los peruanos? ¿Acaso no vieron los pobres números de Salas en el último año? ¿No supieron de las pifias de los hinchas en su contra? Peor aún ¿vieron algún video de Parraguez en Colo Colo? No un higlight o 20 segundos con sus goles. Un video completo de un partido. ¿Lo vieron?

A las claras, uno cree que en Lima están desesperados y que la venta de humo, por allá, está en su mejor momento.

Pero no. No es eso.

El futbol nunca ha sido ni será una ciencia exacta. No es inamovible. Es solo la realidad de un momento. Eso quiere decir que algo es bueno o malo dependiendo del lugar, de lo que se tiene a mano o de lo que se carece, del ambiente. 

Este es un ejemplo claro de ello. 

Mario Salas construyó una imagen potente en Perú tras su exitoso paso por Sporting Cristal. El equipo “que nació grande” sin duda jugaba como el entrenador chileno aspiraba. Fue, de hecho, revolucionario en una liga donde el toque, aunque sea eterno, es la base de la estética futbolera. Su sello. Pero Salas y Cristal desordenaron los conceptos y como ellos se reflejaron en la obtención de la corona, la traducción simple y obvia fue que la fórmula Salas es ganadora.

Por eso es que el DT chileno fue contactado de inmediato tras su triste salida de Colo Colo. Por ello es que Alianza le da carta blanca para que haga y deshaga, incluso aceptando solicitud de jugadores que ni ellos conocen y que nosotros pensamos que no están a la altura de ser llamados como refuerzos al extranjero.

Y puede que seamos nosotros los equivocados. Que Salas, su proyecto -con Parraguez incluido- sea un exitazo en Perú.

Claro que puede darse.

Siempre es así:  el fútbol es su yo y su circunstancia. Nada lo explica mejor.