El Gobierno de Boric levantó bandera blanca y terminó aceptando el TPP-11

El Tratado Integral y Progresista de la Asociación Transpacífico entró en vigencia este martes. La férrea oposición del Presidente a la firma de este acuerdo, cuando era diputado, es una más de las promesas que se diluyen.

Por EDUARDO BRUNA / Foto: PRESIDENCIA

Casi cinco años después, este martes entró en vigencia en Chile el Tratado Integral y Progresista de la Asociación Transpacífico, más conocido como TPP-11. Y es que la ceremonia de firma del documento, firmado con gran pompa en los estertores del segundo gobierno de Michel Bachelet, con la presencia de la Presidenta y su entonces canciller, Heraldo Muñoz, tuvo lugar en marzo de 2018.

El hoy Presidente, Gabriel Boric, votó en contra de este tratado siendo diputado, y se pronunció reiteradas veces acerca de la inconveniencia de que Chile suscribiera este acuerdo. Sin embargo, la presión de la derecha y del empresariado, que es el único que suele ganar con este tipo de compromisos internacionales, pudo más.

A pesar de las muchas voces en contra del tratado, al parecer para Chile ahora éste es bueno y deseable. De hecho, el ministro de Hacienda, Mario Marcel, dijo que “con el ingreso oficial al TPP-11, el país logrará mayor inversión extranjera, lo que traerá consigo importantes beneficios”.

Chile se convirtió en la décima economía del mundo en ser miembro de este tratado, del que también son signatarios Australia, Brunei Darussalam, Canadá, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam.

Lo curioso de todo esto es que, sin adherir al TPP-11, Chile era el único país del tratado que ya contaba con acuerdos comerciales con los otros nueve países que lo integran.

En 2022, el monto exportado por nuestro país al bloque representó el 14 por ciento del total enviado por Chile al mundo. Y en cuanto a las importaciones por parte de los otros países suscritos, se trata del 8,6 por ciento del total. De las 2.930 líneas arancelarias que presentan rebajas o preferencias con este tratado, habrá rebajas arancelarias en más de 1.200 productos.

Al respecto, el ministro Mario Marcel explicó que «significa que alrededor de 1.200 productos van a ser sujeto de desgravación. En algunos casos va a beneficiar a nuestras exportaciones hacia los países que son miembros del tratado y, en otros casos, nosotros vamos a poder importar a menor costo algunos productos».

El secretario de Estado añadió que «el TPP-11 también contempla una serie de normas ligadas a la inversión extranjera que establece una serie de estándares para la inversión extranjera que también creo que nos va a ayudar a que esa inversión traiga al país más tecnología y mejores estándares en materia laboral».

Sin embargo, no todos ven la entrada en vigencia de este tratado como algo tan positivo.

José Gabriel Palma, economista, en un extenso artículo de fines del año pasado, desmontó una por una las que él denominó “las siete mentiras” con las que se promocionaban las supuestas bondades del tratado.

Advirtió que suscribir este tratado va a causar severas limitaciones a la soberanía nacional, explicando que “si Chile decide aplicar políticas públicas que las transnacionales consideren lesivas a sus intereses, podrían llevar al país a tribunales especiales, integrados por jueces y litigantes expuestos a conflictos de interés”.

No es menos tajante Lucía Sepúlveda, vocera de la plataforma ciudadana Chile mejor sin TPP. Para ella, bajo un atractivo rótulo se esconde un tratado lesivo y leonino, que prácticamente deja nuestra soberanía reducida a cero.

“De partida -señala Lucía Sepúlveda-, lo de ‘progresista’ que reza el tratado en realidad es ‘progresivo’. Es progresista sólo para las grandes transnacionales, las empresas poderosas, ciertos economistas y las clases dominantes de nuestros pequeños países. Lo que hace este tratado es coartarnos todo, desde las políticas públicas hasta los cambios que deberíamos hacer respecto de previsión o salud, por ejemplo”.