El gol de media cancha del CDF

De DirectTV, el Canal del Fútbol obtuvo el permiso para transmitir los partidos de Colo Colo por la Copa Sudamericana. Pero para obligar a los giles a seguir pagando, los avispados ejecutivos decidieron mostrarlo no a través de la señal “Premium”, que ya significa un costo extra para los abonados al cable, sino a través de la señal HD, lo que en la mayoría de los casos significa considerar, además, la adquisición del correspondiente conversor de imagen. Negocio redondo que, seguramente, no será el último.

Más de un desprevenido hincha albo vio las imágenes del Monumental a través de la cadena Fox y se sobó las manos, preparándose para presenciar, en “vivo y en directo”, el partido de Colo Colo por la Copa Sudamericana. Según gustos, hasta se preparó un contundente café o fue raudo hacia el refrigerador (todavía hay giles que hablan de “frigidaire”) a buscar una bien helada “chelita”.

Hasta debe haber recibido con beneplácito el toc toc en la puerta que anunciaba la llegada de esos infaltables amigos paracaidistas que siempre le pechan al vecino “palo grueso” el fútbol que le llega a través de los servicios denominados “Premium”. Que, como su nombre lo indica, significan un pago extra a lo que ya se paga por el servicio de cable.

Después de todo, no hay nada más sin gracia que ver el fútbol solo, sin tener con quien comentar, blasfemar e, incluso en unos pocos casos, elogiar a ese equipo que juega bien al fútbol o al crack distinto que rompe la monotonía que imponen los “troncos”. La “vieja” no es ningún aporte: aparte de no entender nada de nada, le cargan esos “peloteros desgraciados”, y la última mocha grande fue, precisamente, cuando el “rey” de la casa (¡saaaaa…!), intentó explicarle en qué consistía el “off side”.

Pero el “cumpa” más informado pronto encendió las alarmas: “Compadre -le dijo al monarca de pacotilla-, Colo Colo juega en Quito, Ecuador, así que esas imágenes del Monumental deben ser de otro partido”.

Su respuesta de “no estís…” no tuvo, sin embargo, nada de dramatismo. Con una confianza y tranquilidad que no admitía límites, tomó el control remoto y se puso a recorrer las otras señales que -pensó- la cadena Fox dispone para llevar la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana en directo a todos los hogares del continente.

En una daban noticias, algunas por lo demás bastante añejas, en otra anunciaban un “rally” (¡un rally…!), y las dos restantes se dedicaban a transmitir partidos -entre ellos Atlético Paranaense, de Brasil, con Boca Juniors- que ciertamente le importaban un carajo.

El vecino más avispado, al ver el desconcierto pintado en la cara del dueño de casa, le hizo la sugerencia que presumió salvadora: “Ponga el Canal del Fútbol, compadre. Ahí seguramente van a dar el partido del albo”.

Nada. El Atahualpa de Quito no aparecía por ninguna parte. A cambio, tenía la chimuchina característica de los ex futbolistas devenidos en expertos comentaristas, hablando de “rombos”, “verticalidad” y “volantes mixtos”. Pero a esas alturas ni ganas tenía de reírse de ese meta lenguaje científico que se le dedica al fútbol para tratar de hacerlo más trascendente, casi un tema exclusivo para iluminados.

Faltaban sólo un par de minutos para que la pelotita en Quito comenzara a rodar y la falta de imagen, a esas alturas, ya tenía fuera de si a los fieles hinchas del “Cacique”.

Uno recordó la pillería de la internet e intentó entrar echando mano a un destartalado “notebook”. Otro fue a su celular y, efectivamente, cazó la imagen del partido que ya comenzaba. Pero el aparato no daba para las cinco o seis cabezas que pugnaban y alguien hasta llamó a la cordura y a la sensatez luego del primer empujón para ganar la primera fila. Peor fue cuando otro, en el colmo de la desesperación puso, como en épocas pretéritas, el humilde aparato de radio.

Todos se quedaron con un palmo de narices cuando pudieron percatarse de que la radio iba por lo menos un minutos antes, relatando incidencias y jugadas que el celular todavía no ofrecía. El chusco que nunca falta hasta espetó un “ese chico Díaz parece que tiene poderes sobrenaturales”.

En medio del pandemónium, alguien gritó como Rodrigo de Triana cuando descubrió América: “¡Lo está dando el Canal del Fútbol…! ¡Pero el Canal del Fútbol HD…!”.

Dos o tres se abalanzaron sobre el teléfono, para llamar urgente al cableoperador y, contrato verbal mediante, obtener la imagen desde Quito. Vanos intentos. Después de marcar el correspondiente número, una voz con marcado acento extranjero (¿colombiano, venezolano?) te pedía marcar tu RUT, aclarándote que, de terminar en K, debías reemplazarlo por un “1”. Luego de eso, quedabas en tierra de nadie. O derechamente no te pescaban, o te avisaban que “nuestros ejecutivos se encuentran muy ocupados”, agregando el verso de que “no cuelgue, su llamada es muy importante para nosotros”. Y ahí terminabas con ganas de cortarte las venas con una hoja de lechuga: te tenían diez o más minutos -lo que fuera tu aguante- con publicidad de la compañía acompañada de una musiquita ramplona que terminarías indefectiblemente odiando.

Resumen: un par de estoicos se fue con el celular hacia otro lado. No fuera a ser que el chico Ernesto Díaz les aguara el festejo gritando el gol de Colo Colo antes de que pudieran verlo ellos. Otros, menos exigentes, se quedaron con la radio. Y hasta se descubrió la presencia de un sigiloso infiltrado: del todo ajeno a lo que ocurría en Quito, el individuo de marras observaba absorto el triunfo de Palestino frente a Alianza de Lima.

¿Qué había ocurrido? Que Fox tiene los derechos de la Copa Libertadores, pero no los de la Sudamericana. Esos, considerable inversión mediante, los ganó DirecTV, pero como DirecTV también pertenece al holding Turner, aparte de transmitir un partido que era de ellos, le metieron el balonazo en profundidad, al más puro estilo del “Mago” Valdivia, al Canal del Fútbol, última adquisición del consorcio gringo.

Pero he aquí que los ágiles ejecutivos del CDF decidieron sacarle el máximo partido al encuentro de Colo Colo. “Ni locos lo vamos a dar por la señal abierta”, dijo uno, ganándose el aplauso unánime de los demás contertulios presentes en tan magna reunión. Pero cuando ya envalentonado sugirió llevarlo a través de la señal “Premium”, estuvo a punto de ganarse la capotera del año.

“No, pos hombre -intervino el ejecutivo que llevaba claramente la voz cantante. El CEO, como dicen ahora-, la empresa Turner ha invertido demasiada plata como para darles a estos rotitos el partido de Colo Colo prácticamente gratis. Lo vamos a dar por la señal HD, así no sólo van a tener que pagar el extra que esa señal supone, sino que vamos a obligar a toda esta gente, que en general llora de puro llena, a adquirir además el correspondiente conversor de imagen para poder ver efectivamente el partido en alta definición”.

A todos les brillaron los ojitos pletóricos de emoción y felicidad. Más cuando el CEO agregó que “de acuerdo a nuestras cifras, la gran mayoría de los que se encuentran abonados al Canal del Fútbol cuentan con conversores antediluvianos, pos hombre. Obligarlos a ver a Colo Colo en HD es llamarlos a la modernización. Es como cuando el Presidente habla de modernizar leyes e instituciones, ¿se fijan?”.

Con esa frase final, entendieron todos. Incluso el más tontorrón de los ejecutivos, pero que es amigo de un amigo del ejecutivo que, finalmente, corta el queque y ve las contrataciones.

En simple, una vez más ya encontraron una fórmula para seguir exprimiéndonos cual limones antes del pisco sour. Aquel que con gran esfuerzo cuenta con Fox para ver la Copa Libertadores, y la señal “premium” para ver el fútbol nacional en directo, ahora tendrá que pensar en hacer otro sacrificio económico si no quiere repetirse el chasco de no haber podido ver “al albo”.

Es que vivimos siendo exprimidos. O faenados. Si usted tiene cabros en edad escolar, sabe de antemano que se le aparecerá marzo con su interminable lista de libros que al público llegan a precios veinte o veinticinco veces mayor que lo que les costó a las editoriales producirlos. Si tiene un auto, por más viejo y destartalado que se encuentre, tiene que prepararse para pagar permiso de circulación, seguro obligatorio, peajes, TAG, estacionamientos y más de un parte brujo de esos que pasan las municipalidades para hacer caja. Si no quiere ser menos que el gañán Moreira, y a pesar de todas las pellejerías y abusos se mantiene en su Isapre, sabe que, cada cierto tiempo, le meterán impunemente un gol de media cancha subiéndole el precio del plan mientras gobierno y políticos de todos los partidos miran para el techo y se hacen los giles.

Pero al final de cuentas, la culpa es exclusivamente nuestra. Por creer que venía la alegría oculta tras el arco iris, algunos, y otros por jurar que ahora sí que tendríamos tiempos mejores.

No podemos ser más giles. Definitivamente, los chilenos somos derechamente huevones, como lo reconoce hasta la propia Real Academia Española (de la lengua).