El histórico parto de Colo Colo

Fue un 4 de abril, pero hace 98 años, cuando los jugadores más jóvenes de Magallanes se reunieron en el bar El Quitapenas decididos a fundar un nuevo club. Hoy recordamos ese episodio con el testimonio del libro “De David a Chamaco, Medio Siglo de Goles”, escrito por Edgardo Marín y Julio Salviat.

Por EL ÁGORA / Foto: ARCHIVO

Hasta que Colo Colo cumplió 50 años, su separación de Magallanes para su fundación era un misterio. Lo más que se decía era que se produjo “por cuestiones de carácter interno”. Las causas, obviamente, eran muy precisas y quedaron grabadas para siempre en el libro “De David a Chamaco…”, que vio la luz en enero de 1975.

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El motor fundamental del desarrollo futbolístico en el mundo, y causal directa de la formación de Colo Colo, fue el profesionalismo. Decir esto hace cincuenta años equivalía a ganarse las penas del infierno. Porque toda relación deporte-dinero era considerada sucia, despreciable. Y por eso es que nadie se atrevió jamás a ligar al profesionalismo con la evolución futbolística. Sólo se aceptó hacerlo cuando éste fue oficialmente proclamado -en 1933-, como si hubiese nacido por generación espontánea, como si antes del 33 no hubiese sucedido nada que explicara su implantación, como si los hechos históricos no fueran producto de otros hechos anteriores.

“Y el profesionalismo -encubierto, “marrón”- existía en Chile desde mucho antes de que fuese oficialmente aceptado. Y el fútbol chileno, como en todo orden de cosas, no fue un creador, sino simplemente un imitador, por necesidad, de lo que sucedía en el resto del mundo. El fútbol profesional en Europa -empezando por Inglaterra- era un secreto a voces que precisamente los ingleses eran los más interesados en sofocar. Y en América, por razones de fácil intercambio, los primeros en probarlo fueron los del Atlántico.

“No interesa ahora hacer la historia del profesionalismo en el mundo. En el caso chileno, para graficar su existencia -aunque sea en un nivel muy primario- recurramos a esta charla de don Carlos Fanta, presidente de la Liga Nacional, con un periodista en enero de 1924.

“-Con nuestro sistema rentístico nos barajamos perfectamente: en cada match pagan 40 centavos tanto el jugador como el espectador.

“-Entonces, don Carlos, la Nacional practica el profesionalismo a la inversa.

“-Exacto, nada de granjerías ni empleítos con sueldos envidiables.

“Del diálogo -elegido sólo como botón de muestra de la prensa de la época- se extraen dos observaciones. Primero, que el término “profesional” era de uso común; y segundo, que el profesionalismo en esos años, tal como en todo el mundo, se manifestaba a través de dar empleos con rentas muy superiores a las habituales e, incluso, se daban sueldos a cambio de nada…

Todos, en esos años, querían el progreso del fútbol chileno. Querían un mejor espectáculo, querían que todas las ligas dispersas a través del país tuvieran una unificación a nivel nacional. Todos querían que nuestros equipos fueran a Argentina y que después, en Buenos Aires, no se escribieran más cosas como ésta que apareció en enero de 1924: “Con un criterio obtuso y por el bastardo interés de unos cochinos pesos, no han meditado sobre el poder del equipo que enviaban y nos endilgaron una pobre murga que sólo ha servido para demostrar una vez más lo que siempre hemos sostenido: que a los chilenos, hoy por hoy, sólo les queda el derecho de chupar chicha hasta por los codos”.

La fundación del club se produjo oficialmente el 19 de abril de 1925, pero el momento culminante del histórico episodio se vivió el 4 de abril, quince días antes, primero en la sede magallánica y después en el Quitapenas.

En una tensa reunión, los dirigentes acabaron provocando a los jugadores. Las divergencias eran enormes. Los jugadores querían irse y los dirigentes deseaban echarlos. Santiago Nieto, vicepresidente del club, abrió los fuegos: “Ancha es la puerta. A nadie se le tiene por la fuerza en la institución”.

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“A nombre de los “rebeldes” tomó la palabra Juan Quiñones, pero chocó con la autoritaria parquedad del dirigente. Sus compañeros del primer equipo (David Arellano, Francisco Arellano, Clemente Acuña, Rubén Sepúlveda y Rubén Arroyo) dejaron sus asientos y dirigiéndose a su representante dijeron su penúltima frase en la sede de Magallanes: “Vámonos, Quiñones”. La última la gritaron cuando abandonaban la sala: “¡Que jueguen los viejos!

“Ya en la calle, mientras caminaban por Independencia hacia la Avenida Panteón -era muy tarde para comer y decidieron ir a El Quitapenas, un bar restorán cercano al Cementerio-, se les agregaron otros tres jugadores del segundo equipo (Nicolás Arroyo, Luis Contreras y Guillermo Cáceres) y dos del tercero (Luis Mancilla y Eduardo Stavelot).

Fue en El Quitapenas donde se elaboró la primera estrategia. Se le ofreció la presidencia a Quiñones y se decidió informar de la situación a la Liga Metropolitana y a la Asociación de Fútbol de Chile, para evitar que se tomaran medidas contra el grupo. Y a cada uno se le pidió que pensara en un nombre y en un uniforme para el nuevo club”.

El histórico El Quitapenas.

Cuatro días después -el 19 de abril-, en el Estadio El Llano, de la Avenida Subercaseaux (San Miguel), Juan Quiñones abrió la sesión a las 10:30 horas y ofreció la palabra para tratar los dos temas de la tabla: 1) Nombre del club, 2) Uniforme del club.

Colo Colo ya estaba en camino. Pero esa es otra historia.