El holandés volador

El poeta chileno Renato Salinas modula con estos versos una historia de oscura verdad y de ficción, a propósito de la final del Mundial Argentina ’78.

Por RENATO SALINAS

Soy un mendigo de buen fútbol que va por el mundo, sombrero en mano, Suplicando una linda jugadita Por el amor de Dios (Eduardo Galeano)

El rey del Netherland obliga a la selección de Holanda
a participar en el mundial de fútbol, Argentina 78
La Naranja Mecánica aterriza en un triste Buenos Aires
En proceso de reorganización nacional
Que empezaba a comer futbol,
de tanta hambre de justicia

El holandés volador Johan Cruyff
Como la llamaba la constelación de estrellas de la bola austral
Fue amarrado por la reina de Holanda y obligado a volar
Éste mira a las madres y abuelas de la Plaza de Mayo girar siete veces siete
Alrededor del monumental de Núñez

En la actualidad, la presidenta señora Moria Casán había sido sacada del poder por sus edecanes rabiosamente antiperonistas y expulsada en una nube a pedales con viento norte.

Los ilustres anfitriones todos graduados con honores en American School Panamá

Centro de pensamiento de oficiales y simios de la inteligencia militar brasilera, chilena, paraguaya, la Cía, paramilitares argentinos, neofacistas italianos y agentes del Mossad

Que se ganaban la vida modestamente disfrazados de gorilas.

Transmite televisión canal 7, Buenos Aires L.A. Radio Nacional

Desde el salón blanco ante generales y almirantes, brigadieres, como así también frente a su señora madre Leonor Acevedo.

El presidente del colegio de escribanos entregará el acta que procede a tomar juramento frente a la junta militar de gobierno y el gorilato presente.

“Yo, teniente general, Jorge Luis Borges Acevedo, juro por Dios nuestro Señor, y ante estos santos evangelios desempeñar con lealtad y patriotismo, el cargo de presidente de la nación argentina y cumplir con el undécimo mundial de futbol Argentina 78, si así no lo hiciera, Dios y la patria me lo demanden”.

Firma el acta ante su excelencia la FIFA.

También el comandante general de la armada, Adolfo Bioy Casares, y la brigadiera comandante de la fuerza aérea, Silvina Ocampo, a los 29 días de marzo de 1978.

Al día siguiente la dictadura da por iniciada la copa del mundo FIFA Argentina 78

Un negocio bárbaro, una expectativa desmedida, tiempla el estadio, miles y miles de argentinos en las calles torturados, secuestrados, asesinados, veinticinco días donde los derechos humanos y el fútbol fueron lo mismo.

El holandés volador pasea por el gran Buenos Aires donde el miedo silencioso lo mira.

Por los periódicos sale sangre.

Exige abandonar pero los espíritus lo retienen.

Por orden de la FIFA, Argentina pasa a la final, dicen las radios.

El matador Mario Alberto Kempes, fusila a sus rivales.

El monumental tiembla.

Fillol, Olguín, Galván, Pasarella, Tarantini, Ardiles, Kempes, Menotti.

Holanda: Krol, Jansen, Rensenbrink, Neeskens, Nanninga, Cruyff y la filosofía de un perdedor Rinus Michels, el futbol total.

En la casa de al lado, los vecinos de la escuela de mecánica de la armada gritan y gritan con los torturados.

Cuidado, cuidado Kempes tiró ¡Gol… Gol… golpe en la Argentina!

Borges da un grito de demencia en la tribuna ¡Gol de la Argentina!

Ese Día la NBC de Nueva York anuncia que el fin del mundo llegará a las 12 de la noche y a los argentinos les excita la idea de que todo se acabe con ellos como campeones del mundo.

El Rio de la Plata devuelve esa noche a todos sus muertos.

Se estremece el Monumental Cruyff marcado, Cruyff golpeado, Cruyff detenido, Cruyff interrogado, Cruyff torturado en la cancha.

¡Gol de Argentina… con pelota y todo Mario Kempes!

Argentina 2 – Holanda 0

No diga gol; diga Kempes.

Europa pide detener el mundial, Mafalda escribe en un espejo del periódico El Clarín:

Videla, Masera y la reconchadetuhermana ¡Vivan los montoneros!

Henry Kissinger, emocionado abraza al anciano maligno. Un millón de mariposas de papel

moneda sobre Havelange. La copa del mundo amarrada con alambre púas. Señoras y señores:

Suenan trompetas, Holanda se retira de la cancha, suenan campanas acá en Buenos Aires.

Adán Buenos Aires corre desnudo por la cancha pidiendo auxilio.

Las madres y abuelas de la Plaza de Mayo se encadenan al arco de la Argentina.

Se escucha el himno nacional, comienzan a crecer cruces en el campo de fútbol.

Los bebés lloran y lloran y gritan ¡gol, gol!

Los soldados apuntan a la selección de Holanda.

Cinco mil periodistas al borde de la cancha.

… y Dios dijo:

«Bajemos e inventemos un nuevo lenguaje…» y al sexto día creo el fútbol.

Engrillados, encapuchados los poetas argentinos ante el dolor de los parrillazos ¡gritan Gol, Gol!

La dictadura Borges condecora al dictador supremo Havelange por los favores concedidos a la patria.

Los aviones arrojan pelotas de futbol con jóvenes vivos en su interior amarrados al fondo del mar del tiempo suplementario.

¡No diga gol, diga Kempes!

La gran cámara de tortura trata de marcar otro golazo,

Pero el holandés volador, a la ecuación del futbol total marca el gol.

La FIFA lo anula pero en amnistía internacional dicen que es legal: dos a uno.

Los argentinos juegan atados Menotti grita: ¡Éste es el futbol de la izquierda, comprometido con el pueblo!

Cruyff es seguido por toda la albiceleste a patadas, golpes, le rasgan la camiseta, pero se mete con todo y arco… y dos a dos ¡gol de Holanda!

Un silencio recorrió de la pampa hasta el canal Beagle.

El matadero humano. Borges saca un libro y declama: “Primero mataremos a los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes y en seguida a todos los que no les guste el fútbol”

Cuatro holandeses expulsados. El griterío: ¡Argentina, Argentina!

Minuto 89, las rechiflas, la Naranja Mecánica.

Cruyff se va volando, cruza las líneas enemigas, el palo no fue patriota ahora… y gol.

Silencio total. Havelange no soportó el disgusto y murió de un ataque al corazón.

Verdad o mentira se derrumba el estadio.

El árbitro, un viejo zapatero comunista y deudo, da el pitazo final.

Terminó, terminó, terminó… la dictadura.

Se desangra la Argentina, la junta en pleno, renuncia.

Borges escapó a Chile donde lo recibió Pinochet.

Los holandeses se quedaron solos en el centro de la cancha con la copa del mundo Jules Rimet, abrazados, llorando, escuchando los gritos de miles y miles de desaparecidos.