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El mal cálculo del “60-40”

Por José Roggero

Una de las mejores iniciativas de Colo Colo comenzó con canteranos demasiado inmaduros para ser un real aporte al primer equipo. Habrá que esperar todavía un tiempo para que el objetivo de una oncena mayormente formada en Macul sea una feliz realidad.

Después de más de una década de decisiones erróneas, Blanco&Negro ha dado algunas señales auspiciosas en el último tiempo.

Tomarse en serio, por fin, el cumplimiento de una a estas alturas añosa promesa de remodelar en serio el Estadio Monumental, es una.

El plan “60-40” es otra. Puede significar un vuelco en la conformación del plantel, uno que la institución necesitó desde siempre y que ha aplicado esporádicamente, cuando no le quedaba otra.

Un equipo plagado de canteranos es algo de pleno gusto para el hincha albo. Por eso el orgulloso recuerdo de “Colo Colo 73”, con Galindo, Herrera, González, Valdés y Caszely como emblemas. O el equipo “campeón en la quiebra”, con Lobos, Loyola, Henríquez, Mena, Riffo, Madrid, Zúñiga, Leal, Muñoz, Huaiquipán, Neira, Quinteros y González. O el “equipo del Bichi”, que sumó a Bravo, Fierro, Aceval, Fernández y Valdivia.  

Apenas unos cuantos felices lunares en una historia armada a costa de contrataciones, mejores o peores según qué tan llena estuviese la alcancía.

De ahí que la suerte de los chicos surgidos de sus inferiores parece estar sellada: el retiro, el préstamo a menudo sin retorno o la libertad de acción. Son excepcionales los que triunfaron con la camiseta de sus amores.

Así las cosas, ¿qué puede esperarse del famoso “60-40”?

Un comienzo difícil y un futuro incierto.

Sólo por ahora, hay una primera señal alentadora. Más allá de su tirria recíproca, los dos bandos que se disputan el control de la concesionaria parecen, por fin, estar de acuerdo en algo: el club merece un proyecto de largo plazo ajeno a los vaivenes de la tabla de posiciones.

Pero nunca se sabe. Pese a la molestia de la hinchada con la actual campaña, hay un salvavidas al alcance de la mano: la clasificación a la Libertadores 2020 daría un margen de tranquilidad para seguir con el proyecto.

El problema es otro.

Presa de su tentación por las contrataciones, el club ha dejado partir en los últimos años varias generaciones que perfectamente hoy podrían permitir cumplir con la dichosa cuota y siendo un real aporte al equipo. No como los imberbes de este año que claramente carecen de madurez para ello.

Tomando como base a la generación nacida en 1993 –año base que usó el propio Mario Salas en su selección juvenil mundialista en Turquía 2013- son 20 los jugadores que han sido seleccionados en sudamericanos, mundiales o planteles Sub 23 hasta la actualidad. O sea, con más de algún mérito para haber sido considerados.

De todos ellos –con mayor o menor tiempo de permanencia en el primer equipo- apenas cinco pueden calificarse como un aporte: Claudio Baeza, Juan Delgado, Luis Pavez, Cristián Gutiérrez y Gabriel Suazo, titulares en los últimos planteles campeones.

Otros dos –Diego Rubio y Bryan Rabello- se escaparon prematuramente cuando sus primeras apariciones auguraban buen futuro. Rubio ha recuperado el tono en Estados Unidos y Rabello regresó a Chile para relanzar su carrera, siendo ignorado (¡cómo no!) en Pedrero, y acabar recalando en la Universidad de Concepción.  

Del resto, si bien no lograron agarrar camiseta, hoy cumplen buenas campañas en otros clubes Camilo Rodríguez, Dylan Zúñiga y Bryan Carvallo (todos en Everton), Nicolás Orellana (Universidad de Concepción) y Ariel Martínez (Audax). Otros, como Álvaro Salazar (Universidad de Concepción) y Jorge Araya (Palestino) siguen perteneciendo al club y por ahora son reservas en el Biobío y La Cisterna.

Pese a sus altos y bajos, la gran mayoría podría ser parte hoy del plantel, rejuveneciéndolo y permitiendo a Salas atacar las trincheras enemigas como a él realmente le gustaría.

Y de paso, permitiría a Marcelo Espina declarar que el “60-40” partió bien, tiene buen aspecto y mejor futuro.

Pero eso ya no ocurrió. Por ahora, salvo Carabalí, Gutiérrez y Suazo, todos con 22 años, el resto de los iniciadores del “60-40” tienen entre 20 y 17 años: Iván Morales, Carlos Villanueva, Agustín Ortiz, Benjamín Jerez, Juan Ibarra, Williams Alarcón, Branco Provoste, José Sanhueza, Bryan Soto, Ethan Espinoza y Julio Fierro.

Morales, Villanueva, Alarcón y Provoste, que han tenido oportunidades, aún no dan el tono. Irregulares y laguneros. Morales ha sido el más seguro pero, otra paradoja típica del club, el malestar de Salas con algunos malos comportamientos lo tienen borrado de las citaciones y con sus agentes pensando en llevárselo a otra parte.

Es una suerte de sino. Que el entrenador del primer equipo acabe incidiendo en el patrimonio del club. Tal como el deshacerse de sus proyectos a la primera que no dan el tono.

Por haber incurrido en ese frenesí exitista en los últimos años, el “60-40” parece haber partido con un error de cálculo.