El Mindep se disparó en los pies apoyando a Natalia Duco

El comunicado del Ministerio del Deporte, emitido a raíz del doping que entregó la muestra de la lanzadora de la bala, confundió lo políticamente correcto con la alcahuetería. Un error gigantesco que podría traer graves consecuencias para el deporte nacional.

El apoyo que el Ministerio del Deporte (Mindep) dio a Natalia Duco luego que una muestra tomada por la Comisión Nacional de Control de Dopaje diera positivo, constituye un gratuito error que podría traer insospechadas consecuencias para el deporte nacional, de acuerdo a lo que manifestó –solicitando expresa reserva de su identidad- un personero del organismo gubernamental que en épocas pasadas formó parte de dicha comisión.

Señaló que “he escuchado la versión de que tal actitud podría significar, incluso, la pérdida de la sede de los Juegos Panamericanos, que el país debe organizar en 2023. No creo que algo así pueda ocurrir, pero contra el deporte chileno la Odepa (Organización Deportiva Panamericana), podría adoptar incluso una sanción más drástica aún: mantenerle la sede, pero sin derecho a participar”.

Agregó que “de hecho, algo así no nos resulta en absoluto desconocido. Ya vivimos esa situación para los Juegos Sudamericanos de 2014, en el país. Quisimos hacer trampa, fuimos descubiertos y la organización nos señaló que o solucionábamos ese problema o los Juegos se llevaban a cabo, pero sin nuestros atletas. De más está decir que ese habría sido incluso un desastre mayor. Equivalía a realizar una inmensa inversión para una fiesta en la que ni siquiera ibas a poder bailar”.

Aclara el personero que “si bien es el Comité Olímpico quien organiza y supervisa nuestra representación deportiva, la trampa que se pretendió realizar estaba en pleno conocimiento de las autoridades deportivas gubernamentales del primer gobierno de Sebastián Piñera. Me refiero, por supuesto, a Gabriel Ruiz Tagle, quien en los últimos meses de ese mandato pasó de director del IND (Instituto Nacional de Deportes, ex Chiledeportes), a transformarse en el primer ministro de la historia del país en la cartera recién creada”.

Según su versión, “fueron como seis o siete deportistas los que, sorprendidos en doping, recibieron sanciones extremadamente acotadas, de modo que no les impidieran tomar parte de los Juegos Sudamericanos que, como la gente debe recordar, tuvieron lugar en los últimos días del gobierno de Piñera y los primeros de la segunda administración de Michelle Bachelet. Entre ellos había atletas y ciclistas”.

Enterada de la situación, la organización madre de los Juegos –Odesur- puso a Chile entre la espada o la pared. En otras palabras, el deporte de esta parte del mundo supo antes que nadie de la impronta de Ruiz Tagle, acusado después de colusión con los precios en mercado del papel tissue y a quien, se sabría después, se le perdieron más de 2 mil millones de pesos de los dineros que el Estado debió invertir para la realización del evento, sin que nunca le saliera ni por curado.

Como nunca le saliera ni por curado por los dineros extraviados en el Rally Dakar de 2014, ni mucho menos la estafa que Blanco y Negro y otras muchas Sociedades Anónimas Deportivas le hicieran por años al Fisco nacional, logrando que poderosas empresas financiaran las series menores de los clubes para luego rebajar impuestos, de acuerdo al Sistema de Proyectos Deportivos Sujetos a Franquicias Tributarias del IND.

Dicho en simple, las empresas lograban rebajar impuestos hasta en un 60 por ciento a cambio de engordar un negocio de privados, en circunstancias que dicho sistema estaba concebido exclusivamente para ir en ayuda del deporte amateur.

Siendo director del IND, Ruiz Tagle no sólo se dejó alegremente estafar, sino que Blanco y Negro, la concesionaria que antes había presidido, fue la Sociedad Anónima Deportiva que más dinero logró para sus series cadetes: poco más de 1.600 millones de pesos.

Como se ve, la lamentable trampa cometida por Natalia Duco, que dio positivo por haber ingerido, según el examen que se le practicó en abril, una hormona del crecimiento, puede acarrear insospechadas consecuencias para el deporte nacional si, al contrario de asumir el problema, las esferas deportivas y gubernamentales pretenden, como en otras oportunidades, transformarse en alcahuetes.

Natalia Duco, entretanto, que se encuentra en Marruecos para participar de la Diamond League en su especialidad –el lanzamiento de la bala- reaccionó de acuerdo a los cánones establecidos para estos casos: alegó inocencia y prometió aclarar a su regreso la situación “con la misma transparencia con que he actuado siempre”.

Y aunque por cierto todos quisiéramos que en el proceso investigativo que resta logre demostrar su absoluta inocencia, todos tenemos claro también que ello, si bien no es imposible, es extremadamente difícil. Dicho de otra forma: es altamente improbable que la contramuestra arroje un resultado distinto al original.

Si ello ocurre, perdería no sólo la medalla de oro obtenida en los Juegos Sudamericanos de Cochabamba, Bolivia, sino que arriesga una sanción de cuatro años alejada de su actividad deportiva. Con 29 años cumplidos, eventualmente sólo podría regresar teniendo ya 33.

Está claro que en su especialidad dicha edad no necesariamente marca el término de una carrera deportiva, como puede ocurrir con otras disciplinas, ¿pero quién puede volver mejor cuatro años después sin competencia alguna?
Por lo pronto, quedaría fuera de los Juegos Panamericanos de 2019, en Perú, y de los Juegos Olímpicos de 2020, en Tokio.

La realidad, pues, aconseja a nuestras autoridades deportivas manejarse con pies de plomo.

Esto del doping en el deporte, que en épocas pasadas se tomaba hasta livianamente, se transformó en los últimos años en un problema de la mayor importancia.

La Unesco y la WADA (Agencia Mundial Antidopaje) unieron fuerzas para combatir un flagelo que no sólo desvirtuaba la esencia del deporte, esto es, la competencia en un plano de absoluta igualdad de condiciones, sino que repercutía directa e irremediablemente en la salud del deportista que, por ganar y lograr el éxito, cometía trampa.
Dicho convenio data de 2011 y todo aconseja tomarlo en serio. Potencias deportivas, como Rusia, se han visto impedidasde participar en los grandes eventos mundiales por creer que la trampa se iba a poder prolongar eternamente.