El olor a potrero en la U es peor que en 1988

El año en que descendió Universidad de Chile siempre estuvo en zona protegida y la caída a Segunda División era algo impensable para dirigentes, técnicos, jugadores e hinchas. Hoy, en cambio, está a la vista… Semejanzas y diferencias entre ambas desgracias azules.

Era pobre Universidad de Chile en 1988, al mando de dirigentes entusiastas,  y en las temporadas anteriores su equipo zigzagueaba entre mitad de tabla y un poco más arriba. “Teníamos que rasguñar la tierra para cobrar”, recordó no hace mucho Héctor Hoffens, uno de los referentes de entonces, en una entrevista concedida a Emol. Pero nunca estuvo en las mentes directivas, técnicas, de plantel e hinchada que pudieran descender.

Hoy, al mando de una Sociedad Anónima que sabe poco de fútbol, y de la que se sabe poco, el déficit aumenta año a año y en un tiempo más los jugadores recordarán que “teníamos que llevar el champú de la casa para bañarnos” y el equipo ha estado en los últimos lugares de la tabla desde que empezó el campeonato. Y en la mente de todos está el fantasma del descenso, para indisimulada alegría de sus detractores.

La U había sido novena en 1985, octava en 1986 y quinta en 1987. Para la temporada 1988 hizo ajustes severos. Sólo contrató a un jugador de cierta jerarquía, el quillotano Jorge Pérez, y dejó al frente del equipo al entrenador más barato que podía encontrar: Manuel Pellegrini, hasta entonces a cargo de las divisiones menores. En las últimas temporadas los azules fueron terceros y, entusiasmados, los dirigentes gastaron lo que no tenían para formar un plantel poderoso. El problema es que no supieron elegir y hoy no saben qué hacer.

El momento clave para la desgracia azul, en 1988, fue la ausencia de Manuel Pellegrini durante un mes. Pidió permiso para asistir a un curso de perfeccionamiento en Inglaterra y dejó al equipo en manos de su ayudante, Carlos Urzúa, que había sido el eterno suplente de los arqueros azules. Bajo su mando, la U consiguió uno de los ocho puntos que disputó y no anotó ni un miserable gol: empató con Valdivia como local (0-0), y perdió con Cobreloa en Calama (0-1), con La Serena en Santiago (0-1) y con Everton en Viña del Mar (0-1). Cuando “el Ingeniero” regresó, su equipo estaba en capilla, pero con tiempo para recuperarse.

El momento actual de la U no ha podido ser mejorado por tres entrenadores caros. Para peor de sus males, ninguno ha podido superar las pobres marcas de Frank Kudelka, que comenzó el año con una temprana eliminación en la Copa Libertadores y dos derrotas feas al comienzo del torneo. Alfredo Arias, que llegó mintiendo, recibió el sobre azul después de dos victorias y tres derrotas, entre estas un demoledor 0-4 en el clásico universitario. Ahora está Hernán Caputo, que comenzó ganando partidos en la Copa Chile, pero lleva un triunfo, cuatro empates y una derrota en el campeonato nacional.

La mejoría del agónico la tuvo Universidad de Chile frente a Colo Colo hace 31 años. Le ganó 3-0 en el penúltimo partido del campeonato y el resultado provocó sospechas: el DT de los albos era Arturo Salah, íntimo amigo de Pellegrini, pero nadie pudo probar concomitancias. Con esa victoria, los azules sólo debían  vencer a Cobresal para mantener la categoría. Y si no ocurría eso, que Unión Española no ganara –como era previsible-a Universidad Católica en San Carlos de Apoquindo y que O’Higgins –también previsible- no saliera triunfador en Las Higueras frente a Huachipato. Y se dio todo en contra los azules: ellos empataron y sus compañeros de angustia ganaron sus compromisos. Muchos se acordaron –y mencionaron- al hombre del maletín, pero tampoco hubo pruebas. La U se fue a los potreros por diferencia de gol y con el hasta entonces mejor porcentaje de puntos conseguidos por un equipo que desciende, honor que ahora comparte con otros dos equipos.

No se sabe si habrá mejoría de agónico esta vez. El próximo sábado, los azules enfrentarán a Colo Colo en el Estadio Monumental. Y ese día pueden quedar, si no ganan, como únicos colistas.

En 1988, ningún equipo –ni el colista, que fue Palestino-, ganó tan pocos partidos como la U: 7; estuvo entre los que más empataron (igualado con La Serena): 12; fue el que más partidos perdió: 11; tuvo la delantera menos efectiva (26), y su valla –tal vez el único mérito- fue quinta entre las menos batidas; su diferencia de goles fue de -8, sumó 26 puntos y tuvo un rendimiento de 36,67%. Ahora, es el equipo que menos ha ganado: 3; el que más ha empatado: 12; sólo cinco equipos han perdido menos partidos: 7; está octavo en la tabla de goles: 28; es la tercera valla más batida: 34, su diferencia de gol es de -6, suma 21 puntos y tiene un rendimiento de 31,42%.

Por todo eso hay tanto aroma a potrero en el Centro Deportivo Azul, Un olor más fuerte, incluso, que el que se sentía en 1988.