El opio del pueblo en tiempos de pandemia

Hoy por hoy, el fútbol se ha convertido en mucho más que “el deporte más popular del mundo”. El fútbol representa el éxito, la fama, los millones de dólares… todo lo que refleja el materialismo imperante en la civilización globalizada. Pero también sigue siendo el opio del pueblo, la ilusión, más aún en tiempos de pandemia. 

Por CLAUDIO GUDMANI

Los jugadores, como ídolos adorados ciegamente por la hinchada, hasta que caen en desgracia, vilipendiados por sus errores y sombras, por los mismos que los idolatraban, lo saben, por lo que han visto en esta carrera la posibilidad de ser mucho más que jugadores… Ahora son actores políticos y sociales, personajes de la farándula, e incluso exigen “cosas para el pueblo” para estar siempre amigados. De alguna manera vienen a ser los hijos surgidos desde las entrañas de la pobreza y el esfuerzo, aunque ya esos ídolos se hayan convertido en justamente los contrario, millonarios y muchas veces alejados de la realidad, por la vida privilegiada que llevan. No todos por cierto, ni muchos, pero sí eso pasa con la mayoría de los ídolos.

Al mismo tiempo, los dueños del fútbol, de los clubes, de las instituciones, de los holding que dirigen la televisación, el dinero de las transacciones y los contratos de los jugadores, como titiriteros manejan el mercado de este opio, e incluso algunos se erigen como personajes públicos, los más ególatras, y otros se mantiene en las sombras, los más pragmáticos, a veces en directa relación con los gobiernos del mundo, con los políticos y con los poderes fácticos que se cuelgan de este “mundo”.

Hoy por hoy, en medio de la pandemia, en todas partes, el fútbol tiene una situación privilegiada para desarrollarse en medio de cuarentenas, restricciones de movilidad y parece ser una actividad “esencial”. La FIFA y los grandes gobiernos han consensuado por muchas razones que el “show debe continuar” a pesar de los casos de covid 19, 20 y 21. 

En Chile, esto no ha sido diferente. Es parte del circo necesario a falta de pan. Es una forma, a través de los medios de comunicación, de mantener a la gran cantidad de ciudadanos fanáticos de nuestro país, alienados, entretenidos, distraídos del acontecer nacional. A pesar de los desatinos de algunos actores, dirigentes (caso Mosa en la temporada pasada), jugadores (múltiples casos de contagio en diferentes clubes por actitudes irresponsables) e incluso directores técnicos, que se supone son personas con criterio para dirigir a un amplio grupo de profesionales (que se saltan las medidas ya privilegiadas que tienen), dejando en evidencia la soberbia y la desconexión con la realidad general. El Gobierno y los dirigentes del fútbol hacen la vista gorda, amonestan verbalmente o en dinero, pero no se arriesgan a “suspender la actividad”.

Todos, de alguna manera, incluso yo, consumimos “este opio”. Y quizá es absolutamente necesario para pasar el mal momento que la vida nos ha traído con esta pandemia. Pero sería bueno que todos los actores de este circo, se dieran cuenta que son vendedores de ilusiones para miles de ciudadanos comunes, y que su deber es que el espectáculo, el fútbol que nos entregan, semana a semana, debe ser de calidad, con todos las habilidades de unos artistas de este deporte, magos, ilusionistas, hombres fuertes, equilibristas, contorsionistas, y también que los presentadores y dueños del espectáculo, hagan bien su pega, porque o si no, más que un opio, o un circo esplendoroso, será una mugrienta pasta base o una distracción decadente, que nos quemará el seso y los ojos, sin ningún placer asociado. 

Es bueno reflexionar que, ante más privilegios, más responsabilidad social, sobre todo ahora que estamos esperanzados en un nuevo sentimiento nacional, más empático y justo, que agrade a todos, y que se simboliza en una Nueva Constitución política, un nuevo pacto social. 

Ojalá todos los actores de estas “actividades esenciales”, en el fútbol y en la política, abran los ojos, pues es un momento importante en nuestra sociedad y en el mundo, y como se dice en el notable libro “El principito”, comprendan que “lo esencial es invisible a los ojos”.