El “Pancora” Velásquez quiere seguir soñando

Nacido en Quellón, el pugilista chilote ha tenido una carrera irregular, sacrificada, y siempre al borde del retiro. Hasta que el año pasado viajó a Sao Paulo “de punto” para disputar el título latinoamericano de los gallos frente a la figurita emergente del pugilismo brasileño y sorprendió a todos consagrándose campeón con un nocaut demoledor. Es, sin lugar a dudas, el más “mexicano” de los boxeadores chilenos.


El más “mexicano” de los boxeadores chilenos estuvo más de una vez a punto de perderse. El 28 de diciembre, sin embargo, José Velásquez, conocido como “Pancora” por haber nacido en Quellón, isla de Chiloé, afrontará un nuevo desafío que podría significarle la consecución de una nueva corona internacional, cuando enfrente, en el Teatro Caupolicán, al peruano César Paredes.


La distancia, la escasa actividad profesional, llevaron a Velásquez en más de una oportunidad a pensar en la alternativa cierta de colgar los guantes. Después de todo, los años pasaban sin hallar mayores horizontes sobre el cuadrilátero y, casado, con un hijo, no podía pasarse la vida persiguiendo quimeras mientras en la casa escaseaba todo.


“Es verdad. Más de una vez pensé abandonar el boxeo y dedicarme a mis trabajitos de carpintero y de soldador. Es que nunca tuve suerte en mi carrera. Con decirle que mi primer manejador, un tipo de nombre Juan Low, no me conseguía nunca una pelea importante y, por el contrario, me cobraba hasta por entrenar”, cuenta Velásquez, que agrega:


“Luego, tuve la suerte de toparme con Cardenio Ulloa, quien creyó en mí y me ayudó muchísimo. Hoy ya no estoy con él, pero siempre lo recuerdo como una buena persona, que nunca me defraudó”.


El golpe de suerte le llegó al “Pancora” en septiembre del año pasado. El pugilismo brasileño tenía una figurita en ciernes -Antonio Paulo Soarez-, invicto, y los manejadores paulistas pensaron que, una manera de impulsar su carrera, sería haciéndolo combatir por el título latinoamericano de peso gallo reconocido por la Organización Mundial de Boxeo, que se encontraba vacante.


Pusieron entonces sus ojos en José Velásquez. Que con seis derrotas en una veintena de combates parecía la víctima más propicia para el despegue de Soarez. El chileno, claramente, viajó a Sao Paulo “de punto”, como se dice en la jerga pugilística. Tanto, que ni siquiera el periodismo nacional dio cuenta de su pelea.


La noche del 23 de noviembre, el Clube Atlético Juventus, de la megalópolis, estaba a reventar. La gente había ido a ver la consagración del prospecto de Sorocaba frente a ese chilenito al cual todos definían hasta despectivamente como un “paquete”.


Dice Velásquez: “Hasta la prensa me trató así. Pero yo, en lugar de derrumbarme anímicamente, sentí un incentivo extra para tratar de dejarlos callados y con la mesa puesta para el festejo”.


El primer atisbo de asombro se tuvo en el tercer round, cuando un recto de izquierda impactó de lleno el rostro de Soarez, abriéndole un corte sobre su ceja derecha. No había sido poca cosa. Aparte de tambalearse, el brasileño y su equipo tenían que luchar cada minuto de descanso por cauterizar esa herida que no dejaba de sangrar.


El “Pancora” vio herida a su presa y, fiel a su estilo, pensó que por nada la dejaría escapar. Siguió atacando furiosamente, privilegiando sus impactos por sobre el temor a recibir una réplica demoledora. Es que así pelea Velásquez. Lo que le falta en técnica lo compensa con creces con un coraje y un instinto “homicida” que, guardando las proporciones, lleva a compararlo con grandes campeones mexicanos, como Marco Antonio Barrera, como el “Terrible” Morales y tantos otros.


Velásquez, en cualquier circunstancia, es un huracán desatado de golpes lanzados desde cualquier posición y cualquiera sea el ángulo. No siempre acierta, pero basta que una de esas manos llegue para que la posibilidad de la victoria se vea cercana. Es verdad que en ese jueguito de “dame que te doy” la posibilidad de la sorpresa desagradable estará siempre vigente, pero así pelea el “Pancora” y nada ni nadie, a estas alturas, podría hacerlo cambiar.


El séptimo round fue un claro anticipo de que el boxeador que iba “de punto” estaba a un tris de ser “banca”. Velásquez derribó dos veces a Soarez en esa vuelta y el silencio sepulcral que se apoderó del gimnasio paulista fue el mejor prólogo para lo que el propio periodismo brasileño calificaría luego como una “hazaña”.


En el octavo, todo acabó para Soarez mientras el “Pancora” sentía que, en su vida pugilística, la suerte por primera vez le sonreía. Volvió a tirarlo, y cuando el prospecto brasileño estaba nocaut de pie, tuvo que intervenir criteriosamente el árbitro para evitarle una golpiza a esas alturas absolutamente innecesaria.


Los diarios paulistas del día siguiente llevarían la foto siempre soñada por el “Pancora” cuando, en el gimnasio, o ganándose unos pocos pesos como soldador o carpintero, se imaginaba de rodillas y brazos al cielo.


Ese título latino, hoy, es sólo un lindo recuerdo para el “Pancora”. Lo defendió exitosamente cuatro veces y ahora irá por el título latino supergallo reconocido por el Consejo Mundial de Boxeo.


Antes, el 3 de noviembre, Velásquez pudo mostrarse frente a los suyos, cuando en Quellón noqueó en una intensa pelea al argentino Abel Leandro Silva.


Ahora, en Santiago, se prepara para este próximo desafío. En el escenario más boxístico de todos, intentará seguir mostrándose como un boxeador taquillero y, sobre todo, confiable. Para ello viene entrenando con su técnico, Juan Alderete, compartiendo gimnasio con Martín Vargas y el ex campeón chileno de los welters, Cristián “La Cobra” Salas.


Después de tantos avances y retrocesos, de subidas y caídas dolorosas, ¿quién le puede negar al “Pancora” su intención de seguir soñando?