El papa Francisco enfrenta una dura oposición en El Vaticano

A 10 años de asumir el cargo, el líder de los 1.300 millones de católicos del mundo ha dirigido la Iglesia hacia la izquierda tras más de dos décadas de liderazgo conservador.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Foto: ARCHIVO

La oposición que el papa Francisco enfrenta dentro del Vaticano es feroz.

Sus recientes declaraciones en el vuelo de regreso tras una visita a Sudán, en las que denunció las leyes que criminalizan a las personas de la comunidad lésbica, gay, bisexual y transexual son una injusticia y un pecado, porque las personas LGBT “son hijos de Dios y Dios los ama”, han enfurecido a muchos en la Santa Sede.

Francisco, de 86 años y hace una década al mando de la Iglesia Católica y sus 1.300 millones de feligreses, sigue impulsando reformas, empezando por renunciar a la pompa y al boato, criticando la pedofilia y los silencios cómplices de muchos sacerdotes, prelados, obispos y hasta cardenales, y atacando tanto el celibato como el capitalismo.

Hace unos días, el Papa se mostró dispuesto a “revisar” el celibato en el seno de la Iglesia católica, ya que es una “prescripción temporal” de la iglesia occidental. “No hay ninguna contradicción para que un sacerdote se pueda casar”.

El 13 de marzo de 2013, el nuevo Papa se presentó como procedente “del fin del mundo”. Nacido en Argentina, Jorge Bergoglio se convertía en el primer pontífice no europeo en más de un milenio.

Desde ese día, opina Massimo Faggioli, profesor de Teología en la Universidad de Villanova, Francisco ha dejado en claro que el Viejo Mundo “ya no manda sobre lo que es católico y lo que no. El hemisferio occidental, el Atlántico Norte, un cierto catolicismo burgués, él lo ha rechazado en los términos más radicales”.

El primer Papa jesuita y el primero en tomar el nombre de Francisco -por el santo de los pobres- fue elegido con el mandato de limpiar una administración vaticana plagada de escándalos.

Marco Politi, biógrafo papal y veterano observador del Vaticano, dice que las reformas de Francisco del banco vaticano, por ejemplo, son radicales. “Ya no es posible que el dinero de la mafia fluya a través del banco vaticano o que el dinero de la corrupción llegue a los partidos políticos en Italia, como ocurría en el pasado”, afirma Politi.

“También ha borrado de la mesa toda la obsesión de la Iglesia Católica por las cuestiones sexuales”, dice Politi, y añade que Francisco rehúye las guerras culturales y rara vez habla del control de la natalidad o del aborto: “No cambia la letra de algunos documentos de la Iglesia, pero con sus gestos o con sus palabras, allana el camino a nuevas actitudes”.

Además, Francisco ha promovido el acercamiento a otras religiones, en particular intensificando el diálogo con el Islam.

Todo ello ha enfadado a muchos conservadores dentro y fuera de la Iglesia Católica por sus críticas mordaces al capitalismo, al que llegó a llamar “estiércol del diablo”.

“Una vez que el capital se convierte en un ídolo y guía las decisiones de las personas, una vez que la codicia por el dinero preside todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, enfrenta a las personas entre sí, incluso pone en riesgo nuestra casa común, nuestra hermana madre Tierra”, afirmó Bergoglio.

Dentro de la Iglesia, Francisco ha abierto ligeramente la puerta a que los católicos divorciados y vueltos a casar reciban la comunión. Y está haciendo que la Iglesia esté menos centrada en el Vaticano, dice Politi, delegando más decisiones en los obispos. “Es un proceso lento de descentralización”, afirma.

El Papa también ha abierto la administración de la Iglesia, con muchas mujeres en puestos directivos, y ha declarado la guerra al clericalismo (la red de sacerdotes, obispos y cardenales), una casta privilegiada que gobierna sobre un rebaño incondicional.

David Gibson, director del Centro de Religión y Cultura de la Universidad de Fordham, apunta que Francisco “considera que el clericalismo es el mayor pecado de la Iglesia, la causa del abuso de poder y los abusos sexuales a menores que han convulsionado al catolicismo en todo el mundo. Por eso mismo la oposición a Francisco es cada vez más ruidosa, la oposición es muy fuerte. Es muy apasionada. Todo vale”.

Un memorándum anónimo publicado el año pasado, y al parecer escrito por el difunto cardenal australiano George Pell, calificaba este papado de “catastrófico”, mientras el cardenal alemán Gerhard Müller -destituido por Francisco como vigilante teológico del Vaticano- hizo públicas sus críticas el pasado octubre: “Esta ocupación de la Iglesia es una toma hostil de la Iglesia de Jesucristo”, dijo.

Algunos observadores dicen que una “guerra civil” está en marcha en la Iglesia Católica, pues los adversarios de Francisco intensifican sus esfuerzos para presionarlo a que renuncie. Para Gibson, el tiempo está del lado de Francisco, porque cuanto más años permanezca, más cardenales nombrará que elegirán a su sucesor.

“Así que el tiempo equivale a poder e influencia en la Iglesia católica, y los conservadores sienten que se les está acabando”, concluye.