El perfil técnico de Reinado Rueda

El nuevo entrenador de la selección chilena es obsesivo como Bielsa y Sampaoli y más dedicado que Pizzi. Cercano a los jugadores, descubridor de talentos e implacable contra la indisciplina, tiene buen material para imponer su estilo.

 

La última vez que se escuchó en Chile hablar de la Deutsche Sporthoschule, la Escuela del Deporte de Colonia, fue cuando apareció Nelson Oyarzún, a mediados de los 70, para incorporarse al cuerpo técnico de Universidad de Chile. Él venía de esa verdadera universidad del fútbol y traía métodos revolucionarios para nuestro medio.

Ahora se la menciona porque a la selección chilena llega como entrenador, y con un pstgrado bajo el brazo, otro ex alumno de esa prestigiosa escuela. Empapado de conocimientos, Reinaldo Rueda sigue siendo admirador de la Bundesliga, pero los aplica de acuerdo con las mentalidades latinas.

En su primera declaración de principios, Rueda estableció que “me interesa más el estilo que el sistema”. Y lo dijo en serio, muy a tono con la forma en que ha dirigido equipos de distintas características y que han tenido que adaptarse a su sello. Un ejemplo: el juego de Nacional de Medellín poco tenía que ver con el que luego encontró en la selección de Honduras, pero esta última terminó jugando de manera similar al gran campeón colombiano.

Al nuevo entrenador le acomoda y le gusta el estilo de la selección chilena: juego de posesión, de pases rasantes, de presión recuperadora. En eso se parece mucho a Bielsa y Sampaoli, porque prioriza el ataque construido cuando se recupera el balón y el reagrupamiento defensivo cuando se pierde.

Por eso aceptó de tan buena gana el puesto, a pesar del oscuro panorama que se le presenta: ningún partido oficial hasta la Copa América del próximo año y obligación de cambiar medio equipo para afrontar con posibilidades la clasificación para el Mundial de Qatar.

En los matices estarán las diferencias. Desde que Marcelo Bielsa cambió métodos y mentalidades en la Roja, los representativos nacionales han utilizado como norma general una línea defensiva con tres centrales, cuatro o cinco volantes y dos o tres delanteros. Rueda prefiere la línea posterior de cuatro defensores, con cuatro volantes (o cinco) y dos delanteros (o uno).

Los que lo conocen lo califican de “exigente y motivador”. Aseguran que se gana pronto el respeto de los jugadores y que éstos ven en él a un jefe cercano. Eso le permite readaptarlos en sus puestos o exigirles funciones a las que no están acostumbrados. En Chile puede encontrar suelo fértil, porque el jugador de acá es versátil y disciplinado tácticamente.

Su buen ojo le permite descubrir talentos.Así como Bielsa sorprendió con Jean Beausejour, y Sampaolicon Eduardo Vargas, su gran acierto fue transformar a un fogoso delantero en un destacadísimo defensa central. Fue el caso de Mario Yepes, baluarte defensivo y capitán de las selecciones colombianas en los primeros tres lustros de este siglo.

Tampoco variará mucho en la forma de jugar de los laterales. Los prefiere dinámicos, pegados a las líneas y desbordadores (como Mauricio Isla y Beausejour) y muchas veces les exige ataques simultáneos, disponiendo el retraso de algún volante (como lo hacían Marcelo Díaz y Francisco Silva).

En el mediocampo ocupa, por lo general, dos de corte y dos o tres creativos.

Acá debería encontrar un reemplazante para Marcelo Díaz (que podría solucionarse con el retraso de Arturo Vidal, siempre que aparezca un buen mediocampista de enlace) y mantener a Charles Aránguiz. Eso le permitiría mantener las características de sus equipos en ese sector: buenos quitadores, pero también seguros y visionarios en la iniciación del juego.

En el único aspecto en que Rueda no ha tenido una línea invariable es en la ocupación del 10. Del equivalente a Jorge Valdivia. A veces lo usa y a veces no, dependiendo de las características del rival. Mantenerlo le dio mucho éxito con Nacional de Medellín que ganó la Copa Libertadores en 2016. El elegido fue Macnelly Torres. Tantos en la selección de Ecuador como la de Honduras, a las que dirigió en distintos mundiales, prefirió a jugadores de otra cuerda (como Pedro Pablo Hernández en el medio local).

Para el centro del ataque prefiere a los fornidos, jugadores típicos de área que exijan la atención permanente de los centrales y sean capaces de imponerse en el juego aéreo. Mauricio Pinilla, o alguien de ese tipo, le vendría bien. Pero, a veces, por razones táctica deja afuera al grandote y pone a delantero ágiles, generadores de espacio y buenos capturadores de rebotes.

En el camarín “sabe manejar los estados de ánimo de los jugadores”, revela Bernardo Redín, ex compañero en la selección colombiana y actual ayudante técnico. Y en los entrenamientos “descubre muy pronto los momentos de sus dirigidos”. Así, “es muy certero en la conformación de sus equipos”.

Obsesivo como Bielsa y Sampaoli, y más trabajador que Pizzi, Rueda analiza a sus rivales hasta en sus últimos detalles. Y como le gustan los libros de motivación, muchas veces revierte situaciones muy desfavorables.

Y que se vayan preparando los amigos de las fiestas. Oscar Córdoba, ex arquero de la selección colombiana, le adelantó al diario La Cuarta que “en sus equipos no existen las salidas nocturnas en medio de las concentraciones. No da espacio para casinos ni salidas a tomar”.