El potencial subversivo del humor: una conversación con Alejandra Matus (I parte)     

En mayo se estrena en el GAM la primera obra de teatro de la reconocida periodista, “Asilo contra la opresión”, que gira en torno de tres figuras clave del Chile en que, a pesar de todo, vivimos. Me refiero a Salvador Allende, Lucía Hiriart y Augusto Pinochet.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Foto: ARCHIVO

Nos juntamos en el centro de Santiago y nos dirigimos a lo que ella denominó un “café de apoderados”, lo que me hizo sentir incluido, pues ya comencé mi etapa de apoderado (palabra, entre paréntesis, que no me gusta mucho, a diferencia de “pupilo”, como suele utilizarse en los colegios de nuestro país).

Puntuales ambos, casi extranjeros en ese sentido, nos dispusimos a la conversación y dentro de mi inexperiencia como “entrevistador” le dije que no era periodista. Su respuesta inmediata fue “no te voy a pedir título”. Me sentí cómodo, encendí la grabadora y le hice la primera pregunta.

-El titular de la entrevista que diste a El Desconcierto decía que Chile tuvo transición pero no destape. ¿Puedes referirte al concepto de “transición” y “destape”?

-Chile tuvo transición, pero no destape, haciendo la comparación con España. En España existió el concepto de “destape” después del franquismo, que fundamentalmente fue una movida cultural. Democratización de las relaciones, diría yo. Y eso se manifiesta en la cultura en el sentido de que te puedes reír de cualquier persona, por ejemplo, sobre todo de cargos de autoridad o visitar temas incómodos. La primera década de nuestra transición estaba constreñida en términos culturales y de contenido, nada que ver con ahora. De todas maneras, y con todos los resquemores que existen, en el humor no hay un destape. No de cuerpo, porque cuerpos piluchos vemos todos los días, hablo de destape mental, la valoración verdadera del sentido crítico, del sentido que incomoda. La gente se pone nerviosa y quiere callar al tiro a alguien que dice algo incómodo.

-O sea, ¿el humor como algo subversivo?

-Exacto.

-Pienso en Raúl Ruiz, por ejemplo, el tratamiento que le da a lo chileno, por ejemplo en “Cofralandes”…

-Yo creo que la obra está mucho más cerca de “La Negra Ester” que de Raúl Ruiz. No es una obra conceptual, es humor negro, directo. Es muy popular.

-Ahora que aclaraste de dónde viene la idea de destape, ¿puedes discurrir un poco más sobre la idea de transición?

-Hablar de transición es como hablar del amor: cada cual entiende lo que siente y es muy difícil definir. Sobre todo tratándose de Chile. Yo empecé a trabajar como periodista en 1987 y desde ahí vengo escuchando transición, y el referente español fue el primero que tuvimos. O sea, vino Felipe González, el rey de España… Junto con muchas otras cosas, gran parte de lo que se hizo en Chile para la transición pacífica de la dictadura a la democracia, ese modelo de transición se decía que aludía al modelo español. Pero la transición fue muy chilena,  por los poderes que hubo detrás de la dictadura. Esto no fue sólo Pinochet, porque para mí Pinochet era el capataz. No era él solamente. Él era la figura, por supuesto, y es muy responsable de todo lo que pasó, pero quienes lo pusieron y quitaron del poder son otras personas. Y esas personas se aseguraron de que la transición a la democracia fuera lo menos democrática posible, esto de la democracia tutelada que inventó Jaime Guzmán tuvo su correlato en la cultura, en lo que se puede y no puede decir. Y hubo mucha censura directa, en temas de investigaciones políticas y judiciales, pero también en el humor. El humor es la primera víctima cuando el sistema no es democrático. Y en mi opinión, tú puedes medir la fortaleza de una democracia según lo robusto que sea el espacio que tiene el humor para tocar temas incómodos, porque contar chistes cochinos es un facilismo. A través del humor se pueden abordar tabúes, y esto debiera fortalecer una democracia. Y en Chile ha sido un tránsito con ulpo, muy lento.

-Respecto de trabajar con Natalia Valdebenito, me produce mucho interés verla como Lucía Hiriart, puesto que en la rutina del festival el tratamiento que le dio a este personaje abrió una relación entre humor y feminismo(s). Entonces, hay una continuidad entre Natalia Valdebenito y Lucía Hiriart como punch del humor cultural, por decirlo así.

-No quiero ser spoiler de la obra, pero el tema del rol de la mujer es uno sus temas centrales. En esta fantasía, esta comedia, hay un lugar, también hay una transición del lugar de la mujer en la sociedad chilena, que podemos pensar que en los setenta, para Pinochet y Allende no era muy distinta. Entonces, ese tema está en la obra.

-Vaya relación la que estableces entre Allende y Pinochet…

-En la relación artística, creativa, incluso intelectual, esto igual es de 360 grados, porque se puede aplicar a cualquier expresión humana. Por ejemplo, una investigación periodística tiene que hacerse cargo de estos temas, de la reacción que va a provocar, si uno entra desde la investigación histórica o periodística a indagar en el rol de la mujer en los setenta, se tiene que hacer cargo de que va a incomodar a cierta gente, a ciertas parroquias. Nos gusta pensar que nuestros héroes son buenos a libro cerrado. Es fácil ser antipinochetista o antiallendista si todo tu círculo piensa y mira igual al personaje, pero cuando encuentras características comunes entre los dos, se vuelve incómodo. Y eso es lo que hace la obra desde el humor.

(Continúa mañana).

 

SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS

Poeta y traductor. Ha publicado “Animal muerto” (Aparte, 2021) y “Po, la constitución borrada” (facsímil digital). Entre otros, ha traducido a John Berryman, Mary Ruefle, Zachary Schomburg y Chika Sagawa. Forma parte del colectivo artístico transdisciplinar Kraken.