El Premio Nobel Serge Haroche abre los caminos de la computación cuántica

Una de las promesas de la tecnología es la computación cuántica. En general, nuestra relación con la tecnología y sus posibilidades es una relación de consumo y sumisión; pocas personas establecen una relación crítica y reflexiva con las nuevas tecnologías.

Por CAMILA BARACAT / Foto: ARCHIVO

La relación popular con las tecnologías está muy lejos de la tecnología de punta y de las investigaciones de Serge Haroche, físico francés nacido en Casablanca, Marruecos. Su campo de trabajo específico es la física cuántica, área donde se dedica a investigar los fotones (una partícula más pequeña que los átomos y que transportan la luz).

El físico francés no quiso dejar pasar la oportunidad de referirse al estado actual de la computación cuántica, sobre todo en relación a algunas empresas que afirman haber llegado a la “supremacía cuántica”.

Haroche pretende señalar la relación comercial de dicha tecnología en relación al estado actual en el que se encuentra, cuánto de eso es verdad, cuán viable es y cuáles son sus alcances. De hecho, se puede establecer una relación sociológica o tecnocrática entre su objeto de estudio y la computación cuántica.

La dificultad de estudiar fotones es que pierden sus propiedades cuánticas cuando interactúan con el mundo exterior, con lo que estudiarlas es complejísimo. Sin embargo, junto a su amigo y colega David J. Wineland, encontraron la forma de observar y medir partículas cuánticas individuales sin que estas se destruyan.

Este solo hecho es invaluable para la física cuántica y abre todo un campo de estudio y otras posibilidades de mundo. La importancia de la luz para descifrar los enigmas del universo es determinante.

Profesor emérito del Collège de France, autor del libro “La luz revelada: del telescopio de Galileo a la extrañeza cuántica”, señala que la importancia de la luz es tan fundamental con el hecho de que la mayoría de la información que como especie hemos logrado recabar se debe a la luz. Ya sean las estrellas, la luz invisible de las ondas de radio, los rayos x, entre otras cosas.

También señala que la revolución tecnológica, desde el láser al internet, todos los computadores o los gadgets con pantalla, guarda relación con el mundo microscópico que proviene de la física cuántica y la teoría de la relatividad.

Respecto a la computación cuántica, Haroche sostiene que hay mucho “bombo publicitario”, algo que no es de extrañar en un mundo donde la publicidad es el alma del sistema.

El físico propone lo siguiente: en las últimas décadas se ha logrado aislar un átomo o un fotón y lograr que interactúen en condiciones específicas. Sin embargo, hay que lograr hacer eso con grandes cantidades de átomos o partículas. Cada átomo puede contener un bit de información.

Un átomo puede estar en dos estados distintos, al que los físicos llaman 1 o 0, pero al hacerlos interactuar se logra una máquina cuántica que forma cubits de información. La gracia de la máquina cuántica respecto de la clásica es que puede estar en ambos estados al unísono, lo que se denomina superposición de estados.

Para lograr estos estados, se necesitan máquinas muy específicas, pero el profesor francomarroquí señala que compañías como Google están fabricando “máquinas de juguete”, ya que hacen máquinas muy lejanas de la cantidad de cubits (millones) que se necesitan para lograr mantener el estado de superposición y no recaer en lo que se llama decoherencia, que es cuando la máquina cuántica abandona el estado doble.

Hasta el momento, es un problema sin resolver, y el físico no cree que la respuesta venga de compañías tecnológicas que especulan con la física más que aportar a la misma.

El término referido más arriba, “supremacía cuántica”, es solo un término de libre competencia, pero el sustantivo supremo denota irresponsabilidad en su uso. Estamos lejos todavía.