“El Presidente”: la serie que muestra al mundo invadido por los “car´e raja”

Pensábamos que con los sinvergüenzas protagonistas íbamos a quedar -aparte de entretenidos-, más que hartos. Pero no. “Nuestro” Jorge Segovia y el hijo de Julio Grondona reaccionaron indignados por estimar que el filme incurría en imperdonables calumnias. ¡Déjense de joder…!

Por EDUARDO BRUNA

La historia del mundo y de la humanidad es una sola, pero siempre se ha dividido en períodos que no se pueden comprender sin considerar el anterior y que forman la base social del que, mediante la acción y la interacción humana, se está formando. Y así como en un determinado momento vivimos el oscurantismo de la Edad Media para luego caminar al Renacimiento, que sirvió de base para lo que luego se definió como “El Siglo de las Luces”, no hay que tener una bola de cristal para calcular que, cuando en el futuro se analice y se defina lo que ahora estamos viviendo, los historiadores tendrán que designar este período como “La Era de los Car´e Raja”.

La actividad humana está repleta de ellos. El “car´e rajismo” se da en todos los ámbitos y en todos los oficios o profesiones, aunque por su exposición mediática, y las consecuencias que esa conducta frescolina tiene entre nosotros -el perraje-, en este aspecto son los políticos los que llevan la delantera. Me encantaría mencionarlos uno por uno, para que nadie acuse de tirar la piedra y esconder la mano, sólo que la lista sería tan larga como interminable, transformando a nuestra antigua Guía Telefónica en lo más parecido a un inserto pichiruche de cualquier periódico.

Toda esta introducción viene a cuento a raíz de la serie “El Presidente”, que con indiscutible éxito Amazon puso a disposición de sus suscriptores a partir del 5 de junio. Ocho capítulos de una hora aproximadamente cada uno que, en forma cinematográfica, y por lo mismo con una buena cuota de ficción, narra las poco edificantes correrías de nuestro fugado ex presidente del fútbol chileno Sergio Jadue, compartiendo aventuras y sinvergüenzuras con la flor y nata de la mafia enquistada por décadas en los más altos organismos futbolísticos mundiales y regionales. Desde la FIFA a la Conmebol, pasando por la Concacaf y la Unión Europea de Fútbol.

Más allá de algunas poco creíbles escenas; más allá de otras que son enteramente gratuitas y que no quitan ni ponen; más allá de episodios que claramente nunca ocurrieron, “El Presidente” tiene el mérito de apelar a todos esos “ganchos” cinematográficos para contar de forma amena y entretenida una historia que exhibe, de forma bastante fiel por lo demás, una podredumbre que finalmente salió a la luz sólo porque Estados Unidos nunca le perdonó a la mafia del fútbol haberles otorgado la sede del Mundial de 2018 a Rusia y el de 2022 a Qatar, en circunstancias que ellos querían repetir el gigantesco negocio del que ya habían disfrutado en 1994.

Sabedores de que los maletines con dólares turbios habían sido entregados generosamente a los votantes clave previo al Congreso de la FIFA que fijaría las dos próximas sedes, los frustrados gringos se propusieron pasarles la cuenta. Para ello los investigaron reuniendo pruebas de los sobornos y luego les echaron el guante, dejándole claro al mundo que el Imperio no sólo interviene o invade países para defender sus intereses geopolíticos, sino que hasta es capaz de meterle mano al fútbol si alguien no acata sus dictados de potencia dueña del mundo.

La serie, alabada y disfrutada por la inmensa mayoría, tuvo también, y como no podía ser de otra forma, detractores. Como un rubicundo periodista argentino que la calificó de “mala” e incluso de “pésima”, ganándose la ingeniosa e irónica respuesta del actor colombiano Andrés Parra, el Sergio Jadue de la ficción, que le respondió que a él lo haría muy feliz si el colorín pudiera compartir esa opinión con sus enemigos. A todo buen entendedor le quedó claro que Parra, que en su momento personificó también en forma brillante a ese buen muchacho conocido como Pablo Escobar Gaviria, había metido su réplica a la altura de la medallita.

Puede que al pontificador colorín la serie efectivamente no le haya gustado. Está en todo su derecho. Pero descalificarla de forma tan absoluta y terminante lleva inevitablemente a preguntarse el por qué. ¿Será que el relator de la historia es su compatriota Julio Grondona, zar del futbol argentino, sudamericano y mundial durante décadas? ¿Qué los guionistas exageraron al presentarlo como un tipo hábil, siniestro y cazurro frente al cual hasta el propio Vito Corleone empalidece? 

Vaya a saber uno las motivaciones de este comunicador, que al igual que la mayoría de los periodistas trasandinos juzgan el fútbol como toda una industria de la cual ellos forman parte. Son “accionistas” que reciben dividendos mensuales y que, como decía con tanta certeza y gracia Bonvallet, “cuando en Argentina un club vende un jugador, hasta el gato de la sede agarra unos dólares”. Con mayor razón el periodista amigo del dirigente y que “infló” por meses el producto.

El papel que en la serie desempeña “Don Julio”, exagerado pero en ningún caso irreal, causó también una profunda indignación en su familia, que estima que se lo está vilipendiando y calumniando. De hecho, su hijo Humberto, primogénito, mostró toda su indignación con la serie, amenazando a Amazon con una multimillonaria querella “por daños y perjuicios”. Para Humbertito, que ha sido dirigente y director técnico de fútbol sin mayor relevancia, la serie daña la figura y el buen nombre de su padre.

Aparte de que estamos seguros de que los altos ejecutivos de Amazon siguen durmiendo de lo más bien, y que están lejísimos del insomnio luego de esta amenaza, a Humbertito le decimos en su mismo dialecto porteño “¡dejáte de joder…!”. Que en ningún tribunal del mundo un recurso tan idiota y rocambolesco como este podría tener éxito. ¿Has sabido, mentecato, de una actitud parecida de los familiares de los restantes “conmeboles”, como se les denomina en la serie? ¿De la viuda o la hija del propio Joao Havelange, mostrado en un par de capítulos como el nazi y sinvergüenza que siempre fue?

No seas caradura, Humbertito… En chileno, no seas “car´e raja”, y aprende de tu fallecido padre, que astuto y piolita siempre supo ubicarse bien por no hacer olitas allí donde no correspondía.

Por lo demás, ¿te queda alguna duda que, de no haber fallecido tu padre poco después de que concluyera el Mundial de Brasil, habría tenido que ponerse el mismo trajecito a rayas que vistieron sus colegas “conmeboles” luego de la redada del FBI?

Pero si Humbertito Grondona se sintió tocado, acá en Chile también tenemos un ofendido por la exitosa serie. Los abogados de Jorge Segovia, dueño de Unión Española y de la Universidad SEK, por encargo de su cliente también reaccionaron con indignación. Y eso que el personero español en la serie no está ni cerca de tener un papel tan estelar como el que tuvo Grondona. Es sólo “arroz graneado”, y que no podía dejar de mencionarse sólo porque fueron precisamente sus problemas judiciales los que le impidieron sentarse en el sillón de la ANFP, pavimentándole de esa forma el camino al hasta ese momento anónimo Jadue.

Señalan estos abogados que «rechazamos enfáticamente la forma en que se ha presentado a D. Jorge Segovia, denunciando públicamente la falsedad de los hechos presentados en todo lo que atañe a su persona. Ni D. Jorge ha participado jamás en reuniones de la Conmebol, ni ha sido nunca formalizado, por delito alguno por ningún tribunal ni chileno ni extranjero».

Estos abogados parecen olvidar convenientemente que, en diciembre de 2012, Jorge Segovia declaró como imputado ante los fiscales Carlos Gajardo y Pablo Norambuena en el juicio por cohecho, sobornos y lavado de dinero que afectaba a las universidades Pedro de Valdivia, del Mar y SEK, por la acreditación que Luis Eugenio Díaz, en la época presidente de la Comisión Nacional de Acreditación, les habría otorgado tras recibir pagos de los planteles. Vía Skype -y en presencia de su abogado Luis Arévalo-, el empresario debió admitir finalmente haber tenido dos almuerzos, cuatro llamadas y una reunión con Díaz en períodos clave antes que se le otorgara la acreditación a la Universidad SEK.

Actuando además como dueño de la entidad hispana, Segovia fue el mago de las triangulaciones de dinero para solventar económicamente al club. Y como propietario de Unión Española recurrió también a una serie de intrincadas maniobras financieras para la contratación de jugadores.

Fue el caso de Raúl “Pipa” Estévez, que en su momento había defendido la camiseta de Universidad de Chile. Luego de un incidente entre el delantero y el director técnico Rubén Israel, en un partido entre Unión Española y Ñublense, Segovia decidió terminar con el contrato del jugador, sólo que cuando este apeló a la defensa del Sindicato de Jugadores, presidido en la época por Carlos Soto, se descubrió que el vínculo principal del delantero era con el Colegio Internacional SEK. ¿Cuál era la mañosa fórmula? Que a través de ese contrato Estévez cedía sus “derechos de imagen” al establecimiento educacional por un monto de US $ 130 mil por temporada. El otro contrato, firmado con Unión Española el 12 de enero de 2009, estipulaba para el delantero un sueldo mensual de $ 2.202.020. Suma nada de despreciable para un trabajador común, pero sí para un jugador del nivel que Estévez tenía por aquellos días.

La ingeniosa fórmula les permitía tanto al delantero como a Unión Española pagar menos impuestos que los que correspondían. Si esto se hizo con Estévez, y sólo trascendió ante la eventualidad de un juicio, es fácil imaginar que la misma fórmula se usaba con otros jugadores.

Todo, sin embargo, se arregló “a la buena”. Luego de cuatro meses, el “Pipa” Estévez llegó a un acuerdo con el directorio hispano y aquí no ha pasado nada.

Parecido a lo que pasó con la acreditación “trucha” que Segovia logró para su Universidad callampa, porque como suele ocurrir en este país con aquellos juicios en que están involucrados personajes poderosos, al final de todo estos siempre libran de polvo y paja. Tuvo tanta suerte Segovia -o muy buenos abogados- que ni siquiera lo mandaron a clases de ética, terrible e inhumana pena a la que fueron condenados, por ejemplo, los sinvergüenzas ejecutivos de La Polar y otros.

Así es que déjate de joder, Segovia, con la serie “El Presidente”. Primero, porque en la ficción no pasas de ser un partiquino. Y segundo, que en tal condición los guionistas jamás se propusieron escarbar en tu vida para sacar trapos sucios tuyos al aire.

Con todo, las amenazas de Grondona hijo y de Segovia hay que considerarlas. No como enteramente reales ni destinadas a tener éxito en los tribunales, pero sí como buenos ejemplos de cómo la frescura y el car´e rajismo han ido permeando a nuestra sociedad en las últimas décadas.

Mientras políticos ineptos y corruptos siguen apareciendo con su acostumbrada cara de palo en cuanto debate televisivo se organice, hasta el Presidente Piñera en su oportunidad ha tenido la desfachatez de anunciar, a través de sus majaderas e insufribles “Cadenas Nacionales”, políticas más duras contra los delitos de cuello y corbata.

Estamos jodidos por todos lados. A la pandemia sanitaria, a la crisis económica, política y social que se está lentamente gestando, tenemos que sumar un virus relativamente nuevo, pero no por ello menos peligroso. Un virus que no mata, pero cuya acelerada expansión hace que a estas alturas sean miles los infectados de “car´e rajismo”.