El punto de ciego del fútbol chileno

Rafael Dudamel sigue la tendencia mayoritaria del fútbol chileno y que indica que no existe coherencia técnica mínima en los clubes nacionales para realizar de buena manera el traspaso de un juvenil a su conversión en futbolista profesional.

Por SERGIO GILBERT J.

Los estragos causados por un masivo ataque del Covid 19 -que deberá investigarse y sancionarse en cuanto a su origen- dejó al plantel de Universidad de Chile diezmado para enfrentar el partido de vuelta por la primera fase de la Copa Libertadores ante San Lorenzo de Almagro.

La expectativa no era, por tanto, muy auspiciosa de cara al enfrentamiento a jugarse en el Nuevo Gasómetro: sin la mayoría de sus titulares y cargando un 1-1 poco feliz en el partido de ida jugado en el Estadio Nacional, algunos apostaban a un milagro para seguir con vida en la Copa, aunque la mayoría simplemente esperaba que la inédita oncena azul, plagada de rostros jóvenes y debutantes, no fuera vapuleada en forma inmisericorde.

No pasó ni lo uno ni lo otro, finalmente.

La clasificación se perdió al caer 2-0 ante los argentinos (con goles de Di Santo y Romero) y el trámite, si bien siempre favorable a los locales, no fue arrollador como lo fuera, 24 horas antes el de Independiente del Valle ante Unión Española en la misma instancia copera.

Claro, en el resumen final, si bien no hubo conformidad, los hinchas y también la prensa sacó algunas cuentas alegres de la presentación azul. Se habló de “personalidad”, de “pachorra” e incluso de “futuro asegurado” para la U por lo mostrado por su contingente juvenil, donde destacaron el lateral Daniel Navarrete (19 años), el volante Mauricio Morales (19) y el ya conocido atacante Simón Contreras (18).

El entrenador de la U, Rafael Dudamel, también transitó el mismo camino del halago y de la visión de un futuro esplendor azul. Claro que el adiestrador no supo o no quiso sostener, junto con ello, una promesa que parecía lógica: que esos juveniles seguirán teniendo oportunidades en el primer equipo de manera permanente.

No, no es solo una crítica a Dudamel. En realidad, el DT venezolano solo sigue la tendencia mayoritaria del fútbol chileno y que indica que no existe coherencia técnica mínima en los clubes nacionales para realizar de buena manera el traspaso de un juvenil a su conversión en futbolista profesional.

Tal es, en realidad, el punto ciego del futbol chileno. Es eslabón perdido. 

Por muchos años, la discusión sobre la tardanza de la maduración de los jugadores locales ha sido atribuido a dos aspectos fundamentales: la escasez de recursos que destinan los clubes al trabajo de sus divisiones menores (con algunas excepciones); y la aparente incapacidad de quienes asumen los mandos técnicos en los equipos de niños y adultos (que serían los que, teóricamente, no tienes capacidades para dirigir en los primeros equipos).

Por cierto, algo de eso hay. En la actualidad, con instituciones regidas en su mayoría por criterios meramente lucrativos, no parece un negocio seguro la inversión a mediano o largo plazo en el trabajo de las divisiones menores. Y también es verdad que muchos DT hacen su práctica en esas instancias esperando solo un llamado de algún primer equipo para ganar más y ser más reconocido ( y los que no lo logran solo trabajan con niveles altos de frustración).

Pero eso no explica por sí solo la falencia en la maduración de los jugadores.

Lo esencial es la inexistencia de una competencia permanente y sostenible de los jugadores que ayude al crecimiento de ellos.

En Chile, un futbolista sigue siendo “promesa” a los 22 años porque entre los 18 y esa edad no ha tenido posibilidades de progreso real. A lo más, ha recibido la opción de entrenar junto a primeros equipos, ser citado o ido a la baca en alguna oportunidad o, por una reglamentación incómoda para la mayoría de los clubes, ha sumado minutos en la cancha, insuficientes para que la gran mayoría pueda mostrar sus condiciones reales.

Así, es poco probable que se produzcan recambios o, para decirlos en términos economicistas, se pueda producir “materia prima vendible” que posibilite el retorno de las inversiones previas.

Competencia es lo que falta. Opciones es lo que esperan los jugadores que han recibido formación durante su niñez y adolescencia.

Sin eso, no sirve de nada ver a estos jóvenes alguna vez en una cancha y escuchar elogios a sus condiciones.

Puro humo.