Record de Esteban Paredes

El récord de Paredes en el reino de la chapuza

Primero era, luego se desconoció, para después volver a validarlo. La ANFP, gracias a su funcionario Rodrigo Robles, hizo en todo este sainete un papel tan triste como patético. ¿Qué puede extrañarnos, cuando hasta en la propia Moneda tenemos a un presidente inepto y chapucero combatiendo una implacable pandemia?

Por EDUARDO BRUNA

La breve y artificial polémica por el récord de Esteban Paredes entretuvo por algunas horas en estos momentos de insoportable tedio derivado de un largo y obligado encierro, pero tuvo un incuestionable mérito: demostrarnos -una vez más- que Chile, hasta 1973 un país tal vez más pobre, pero mucho más equilibrado y digno, se ha transformado en las últimas décadas en el reino de la chapuza. 

Estamos siendo gobernados, a todo nivel, por una tropa de ineptos chapuceros. Por verdaderos “maestros chasquillas”, esos que en los tiempos de oro de la radiotelefonía, por la ausencia de la televisión, de acuerdo a los graciosos guiones de Eduardo de Calixto en su recordado programa “Hogar, dulce hogar”, llenaban de agua las ampolletas de una casa cuando reparaban una cañería.

Rodriguito Robles, funcionario de segunda línea de la también inepta y corrupta ANFP, tuvo sus quince minutos de fama suscribiendo una investigación de historiadores chantas que, nueve años después, y luego de siete meses de conseguido, dijeron en todos los tonos que el récord del goleador albo no existía. Que a lo más con su gol frente a la U, el 5 de octubre del año pasado, en el Estadio Monumental, había igualado la marca de 215 goles de “Chamaco”, pero que en ningún caso la había superado.

En otras palabras, el gol número 216 del artillero albo jamás se había producido.

Consultado Rodriguito como una de las pocas caras visibles de una ANFP donde penan las ánimas, porque el presidente Sebastián Moreno en los hechos no existe, como tampoco existe la mesa con la que gobernaba al fútbol chileno, se maquilló rápidamente para las cámaras pensando “¡aquí está la mía!”. Por ningún motivo iba a dejar pasar estos 15 minutos que lo iban a sacar de su anonimato para lanzarlo a la fama nacional y, en una de esas, hasta internacional.

El, un simple “gerente de Ligas” (entre paréntesis, ¿qué diablos es eso?), engolando la voz señaló que “efectivamente, en nuestros registros queda claro que Paredes sólo tiene 215 goles, toda vez que no se le contabiliza aquel que, en 2011, anotó contra Cobresal, toda vez que el partido fue anulado a causa de un jugador mal inscrito por Colo Colo y el resultado fue de 3-0 a favor del club minero”.

Con ese mismo criterio, el partido fue un “encuentro fantasma”, porque así como se anulaba el gol de Paredes tenían que anularse las alineaciones de los equipos, el estadio donde se jugó y el nombre del árbitro que había dirigido. En suma, nada de eso había existido. La “Dimensión Desconocida”, famoso programa televisivo de los años 60 y 70 del siglo pasado, había llegado al fútbol chileno.

La reacción superó al fútbol mismo, al punto que hasta el “Chino” Ríos metió la cuchara a través de las redes sociales para manifestarse en contra de la polémica decisión muy en su estilo, calificando a los “historiadores” y a Robles como “hueones pencas…, nueve años después. Una vergüenza para el fútbol chileno”.

En el curso de las horas, y viendo la zafacoca que había armado por metiche y figurón, Rodriguiito Robles tiró para la cola con su “aclaradora” intervención, metida de pata respecto de la cual habían opinado incluso personajes extranjeros. Como el español Míster Chip, famoso estadístico del fútbol quien señaló, consultado por el diario “Las Ultimas Noticias”, que “eso es una burrada. Tú puedes cambiar el resultado de un partido por una irregularidad, pero si el partido no se repite, las alineaciones y goleadores son intocables”.

Agregó el hombre que, según el mismo diario, cuenta con tres millones de seguidores: “Si un partido acaba 1-0 con gol de Pepe y se cambia el resultado, Pepe sigue siendo el goleador del partido”.

En la noche de este jueves, Robles salió a desmentirse a sí mismo, diciendo que “en línea con el homenaje que Paredes recibió en octubre de 2019, quiero precisar que su cantidad de goles contabilizados en Torneos Nacionales de Primera División es de 216”.

Agregó: “Si bien el partido que se encuentra en entredicho finalizó reglamentariamente con otro resultado por una sanción posterior, nuestras planillas registran esa anotación, por lo que creemos que no es nuestro rol perjudicar a Esteban ni a ningún otro jugador en este sentido”.

¿Estará consciente este tipo del papelón que protagonizó sólo por una desmedida ansia de figuración?

Caso cerrado. Fin a una polémica artificial e inútil que, sin embargo, y como decíamos en la introducción, reflejó palmariamente el escasísimo nivel de criterio y capacidad que hoy por hoy pueden exhibir nuestras “autoridades”.

Así como la autoridad política ha dado la hora por todo lo alto con el manejo de la pandemia, mostrando incluso una arrogancia sin ninguna base (“nuestro país está mejor preparado que Italia para combatir el Coronavirus”, dijo Piñera); así como los canales son imperdonablemente irresponsables, alevosos y poco serios al incluir en sus “paneles de expertos” para hablar del Covid-19 a tipos semi analfabetos e ignorantes, como el senador Iván Moreira; así como el Ministerio de Salud habló en su momento de la “inmunidad de rebaño” como la infranqueable barrera para detener los contagios, la dirigencia del fútbol, de un tiempo a esta parte, como no podía ser de otra manera, ha dado la nota alta con todo tipo de robos, abusos, irregularidades y metidas de pata a destajo.

Mientras Sergio Jadue hurtó lo que pilló a mano, contando con la alcahuetería y complicidad de tipos que hasta hoy siguen en el fútbol muy campantes, su sucesor, Arturo Salah, llevará por siempre en su currículo la abusiva e inaceptable expulsión de Deportes Concepción del seno del máximo organismo del fútbol profesional chileno. Porque, ¿qué responsabilidad podían tener los funcionarios, los jugadores e hinchas del escandaloso latrocinio que habían cometido los audaces regentes de la Sociedad Anónima Deportiva que conducía los destinos de la institución penquista y que la tenían al borde de la quiebra? Ciertamente que ninguno. Pero Salah, con la anuencia de un Consejo de Presidentes donde como mucho hubo tres voces opositoras a tan extrema como injusta medida, se salió con la suya para intentar demostrar que, luego de la huida de Jadue a Miami, “la seriedad había vuelto al fútbol chileno”.

Lo que correspondía hacer era que esa tropa de sinvergüenzas pagaran con cárcel y devolvieran al menos una parte de lo defraudado. Pero a pesar de que la ANFP anunció con gran publicidad una querella, a Pablo Tallarico, Adoldo Sabando, Nibaldo Jaque y Luis Polnoroff, dueños de la Sociedad  Anónima Deportiva “Fuerza, garra y corazón”, no les salió ni por curados. ¿En que quedó todo eso?

La guinda de la torta la constituyó la azarosa elección de Sebastián Moreno para suceder a Salah. Acto que sólo se definió luego de cuatro disputadas votaciones y tras un “lobby” escandaloso de la ANFP para que Moreno pudiera imponerse finalmente al opositor Jorge Uauy.

Moreno, en el sillón de la ANFP, fue un poema a la ineptitud y a la inacción. Tanto, que su propia mesa se fue disgregando con sucesivas renuncias, hasta casi quedar absolutamente solo y aislado de aquellos mismos que habían contribuido a elegirlo.

Por eso es que todo este sainete con el gol y el récord de Paredes, que primero fue, luego no fue, para terminar finalmente siendo reconocido por esa misma ANFP que en su momento hasta un homenaje le había rendido al delantero albo por su marca, no había para qué tomarlo tan en serio.

Si en la propia Moneda tenemos un Presidente tan inepto como chapucero, ¿qué otra cosa puede esperarse de organismos de tono menor y encargados de conducir un fútbol por tantos años ya a la deriva?