El silencio de los entrenadores

Como demostración de que los técnicos ya entregaron a los dirigentes las decisiones que les corresponden, fueron 16 los  despedidos en la temporada reciente, contando solamente a los de Primera A. Se hace urgente, en consecuencia, que retomen su papel y se hagan respetar.

Por GERARDO SILVA

¿Qué pasa con los entrenadores que ya no tienen voz ni voto para armar sus propios planteles?

Para hablar de esto vamos a remitirnos solamente a nuestro fútbol, sin referirnos a las demás ligas sudamericanas y europeas; no nos vamos a comparar con nadie, solamente vamos a hablar de lo que estamos observando en nuestra liga local. 

Desde hace un tiempo a esta parte los entrenadores de fútbol han perdido jerarquía y poder, y su liderazgo se hace cada vez más débil. Los clubes de fútbol han cambiado absolutamente los paradigmas de cómo se hacen o se deben hacer las cosas. Según ellos, ahora el entrenador es una pieza más; ya no es la cabeza de nada. Las instituciones, a través de sus dueños y sus principales colaboradores en los diferentes departamentos, definen todo. Deciden hasta la forma en que deben jugar sus equipos, buscan el perfil del técnico que les acomode según sus fundamentos, que claramente obedecen a estudios obsesivos en una sala de videos. Ahí, el supuesto analista táctico contratado para tal efecto les permite visualizar las mejores jugadas de una enorme cantidad de futbolistas que ofrece el mercado a través de sus ágiles representantes.

Al advertir estos nuevos procedimientos, observo con tristeza cómo los entrenadores aceptan esta modalidad entregando en manos de terceros algo tan importante y fundamental para su desempeño como es elegir de acuerdo a sus parámetros técnicos a los futbolistas que integrarán su plantel para luego ofrecer el trabajo técnico táctico y el modelo de juego para que todos juntos ofrezcan su mejor versión y así plasmar su propia idea de juego.

Como las cosas vienen cambiando sostenidamente respecto a lo antes mencionado, me imagino que los entrenadores de fútbol que se prepararon para tomar decisiones no sólo en el trabajo diario, sino que también fueron adoctrinados para elegir de acuerdo a su filosofía a los integrantes de su equipo, deben estar con sentimientos encontrados. Por un lado, tienen la fortuna de ser elegidos entre un montón de colegas para hacerse cargo de un equipo, pero a la vez deben adaptarse a la filosofía del club y a las características de los jugadores que ya se encuentran contratados y elegidos por terceros.

Con suerte hoy los entrenadores pueden integrar dos o tres jugadores de su gusto; de ahí para adelante, ¡a entrenar! Para lo que fueron contratados, en la actualidad se hace lo más difícil: el entrenador deberá adaptarse a las circunstancias y arriesgar; de lo contrario, tendrá que quedarse sin trabajo.

Así funcionan las cosas hoy en el fútbol chileno. Es así como empieza a rodar la pelotita y al poco andar empiezan a caer los técnicos. En la temporada 2020, en un torneo atípico donde se suponía habría mayor estabilidad, fueron 16 los técnicos que cayeron en desgracia: Mario Salas en Colo Colo, Juan Azconzábal en Antofagasta, Germán Corengia en Coquimbo Unido, Jaime Vera en Deportes iquique, Patricio Graff en O’Higgins de Rancagua, Gualberto Jara en Colo Colo, Hernán Caputto en  Universidad de Chile, Ivo Basay en Palestino, Nicolás Larcamón en Curicó Unido, Francisco Meneghini en Audax italiano, Javier Torrente en Everton de Viña del Mar, Eduardo Acevedo en Universidad de Concepción, Gustavo Florentín en Huachipato y cierra la triste nómina, casi al término de la temporada, Ronald Fuentes en Unión Española.

Estamos considerando solamente a los técnicos de primera división. En la B se repitió mucho de lo mismo. En la serie de honor sólo cuatro técnicos mantuvieron su trabajo de principio a fin: Ariel Holan en Universidad Católica, Gustavo Huerta en Cobresal, Juan Pablo Vojvoda en Unión La Calera, y Miguel Ramírez en Santiago Wanderers de Valparaíso.

Así las cosas, creo que llegó  el momento de que los entrenadores se hagan respetar y tomen las mejores decisiones. No es posible que la necesidad tenga tanta cara de hereje. No podemos aceptar todo lo que dicen los directivos o dueños de los clubes porque ellos no son los especialistas en la actividad. Los especialistas somos nosotros, que cada vez estamos perdiendo mayor importancia y entregando mucho terreno que nos perteneces a fin de tener un trabajo. Respetémonos nosotros mismos para que nos respeten los demás; de lo contrario, ocurrirá lo que ya sucedió en la presente temporada con el despido de técnicos, algunos por sus propios errores por supuesto y otros -la mayoría- por aceptar modelos ya preestablecidos en las instituciones.

No permitamos que esto siga sucediendo. Si seguimos aceptando atropellos de este tipo, pronto ya no seremos necesarios y el fútbol chileno seguirá sucumbiendo en la mediocridad deportiva encubierta con el progreso económico.

Por favor, queridos colegas: carácter  y dignidad para el buen ejercicio de nuestra profesión, y exijamos respeto por nuestros conocimientos.