El todo… y cada una de las partes

Lo que pareció más importante para la prensa internacional no fue la eliminación de la Juventus y el Barcelona, específicamente, sino que las grandes figuras de ambos equipos -Cristiano Ronaldo y Lionel Messi- hayan culminado su participación en el torneo.

Por SERGIO GILBERT J.

La definición de los octavos de final de la Champions League -la que se autodefine como la competición más importante de clubes a nivel mundial (tema discutible, por cierto, si es que se ponen en la mesa elementos que van más allá de la pompa y del boato)- trajo dos noticias de relevancia: las eliminaciones de Juventus por parte de Porto; y la de Barcelona, a manos de PSG.

Claro, que turineses y catalanes hayan quedado tan tempranamente fuera de la pelea por el título, no dejó de llamar la atención aun cuando ambas escuadras hicieron partidos horribles en algunos de los encuentros de la llave de octavos. Sin embargo, lo que pareció más importante para la prensa internacional no fue eso sino que, específicamente, que las grandes figuras de ambos equipos -Cristiano Ronaldo y Lionel Messi- hayan culminado su participación en el torneo.

Es revelador. Tanto el portugués como el argentino -que han llevado la disputa de ser los mejores del mundo en la última década casi sin contrapeso- hoy son vistos como la cara del fracaso de sus escuadras. No solo eso. También aparecen como casi únicos responsables lo que, en términos del lenguaje futbolero, los hace estar casi al borde de su consumación como grandes y esenciales figuras. De hecho, para los que gozan imponiendo tendencias tanto Cristiano como Messi ya tienen sucesores en el alto rango: el francés Kylian Mbappé y el noruego Erling Haaland, que fueron esenciales en las clasificaciones de sus equipos a cuartos (PSG y Borussia Dortmund), son ahora los predilectos, los regalones, los que están llamados a ser las principales figuras del mercado en los próximos años.

El show debe seguir, por cierto.

Curioso que se haya llegado a esta súper valoración individualista en el fútbol. Es decir, en un deporte concebido, estructurado y claramente ejecutado desde el punto de vista colectivo, que es donde justamente radica una de sus grandes fortalezas (porque propone la integración de individuos de diversas habilidades).

En el fútbol, nunca un jugador por sí solo puede atribuirse la única responsabilidad de los éxitos ni tampoco achacarse la responsabilidad de los fracasos. Uno de los más grandes futbolistas de la historia -Alfredo Distéfano- así lo sentenció: “Nunca un jugador es más importante que el equipo”, señaló- Algo así como ratificación del principio kantiano de que “el todo es más que la suma de las partes”.

Claro, a veces hay futbolistas que escapan a la norma y se trasforman en símbolos de los equipos con los cuales consiguieron la gloria. Pelé, Cruyff, Distéfano, Maradona, Zidane, Ronaldo e incluso los propios Messi y Cristiano fueron esenciales y decisivos en los logros de sus escuadras. Y por eso se tiende a asociar sus nombres a equipos que quedaron en la memoria colectiva. Son ellos figuras excluyentes, que traspasaron límites y que por alguna razón quedaron en la mente y el corazón de los futboleros. Pero ninguno logró sus hazañas sin compañeros que, al menos, les dieran la opción de desplegarse. Nadie fue un ser único en la cancha ni menos un ganador solitario y desconectado del resto.

El que piense distinto, el que crea que hay estrellas solitarias y genios únicos no tiene idea de lo que se trata esto.

Que se dediquen a jugar bolitas.