El triste calvario del “Mati” Fernández

Cuando este sábado Colo Colo retorne a las prácticas, pese al largo receso producto de la pandemia, hay un jugador que seguirá ausente: Matías Fernández. Sus rodillas no le dan tregua, al punto que en siete fechas disputadas apenas ha podido jugar 63 minutos. Aunque suene duro, su carrera parece encaminarse a un inevitable ocaso.

Por EDUARDO BRUNA

Parece increíble que, después de cuatro meses de absoluta inactividad, el fantasma de un prematuro retiro siga rondando a Matías Fernández. Y es que, cuando este sábado Colo Colo vuelva a los entrenamientos, con todos los cuidados y cortapisas obligatorios en esta pandemia, el “Mati” ni siquiera dirá presente. Un rebelde problema de “desbalance muscular” en sus rodillas, que no se ha recuperado, ni siquiera mitigado tras 120 días de para, están señalando a las claras que el otrora talentoso volante está -dolorosamente- resultando otra apuesta desafortunada de Blanco y Negro.

Lo dijimos ya a mediados de diciembre del año pasado cuando, tras quedar con el pase en su poder luego de una deficiente temporada en el Junior de Barranquilla, la Concesionaria alba, encabezada por Aníbal Mosa, se propuso recuperar al jugador luego de un peregrinar de trece años por canchas del mundo.

Teóricamente, y cuando ya los dados de la partida del “Mago” Valdivia estaban echados, el “Mati” se antojaba el jugador justo para reemplazarlo de acuerdo a los cálculos de los regentes del “Cacique”. Sólo que, estudiando nada más lo que habían sido sus últimas temporadas tanto en México como en Colombia, temíamos que el volante surgido de la cantera alba no pudiera ser en absoluto el aporte esperado.

Hasta hacíamos la pregunta en el titular de aquella nota: “¿Cuál sería el “Mati” que retorna a Colo Colo?”. Inquietud absolutamente lógica y sin ningún ánimo de menoscabo para quien, en tres años plenos y refulgentes, se había convertido en todo un ídolo para la afición alba, al punto de ser clave en los títulos conquistados por el “Cacique” y llegando, incluso, a obtener en 2006 el merecido título de “Mejor Jugador de América”.

Contra todos los pronósticos, Fernández jamás alcanzó en Europa la estatura esperada y que le auguraban sus tremendas condiciones. El Villarreal de Pellegrini le abrió las puertas del fútbol del primer mundo, pero, más allá de buenas actuaciones, de chispazos propios de su inmensa calidad, el “Mati” nunca hizo huesos viejos en ninguna parte. El Sporting de Lisboa, la Fiorentina y el Milan, sólo fueron clubes de paso para un jugador tan talentoso como tímido y callado en una posición donde forzosamente el grito, el don de mando y la capacidad de liderazgo, resultan fundamentales.

En esa misma nota hacíamos la pregunta: ¿Se imaginan callados en la cancha a un “Leo” Rodríguez, a un “Pipo” Gorosito o al “Cabezón” Espina? Por supuesto que no. El “peso específico” un jugador naturalmente lo logra con calidad y con talento, pero para alcanzar la trascendencia, es decir, un nivel superior, se requiere además de una personalidad que lamentablemente el “Mati” nunca tuvo.

Y si eso no lo mostró nunca en canchas nacionales, mucho menos podía exhibirlo en un medio mucho más competitivo y demandante, donde cada jugador defiende a muerte su metro cuadrado y la hoguera de las vanidades funciona con un fuego que suele quemar a los más retraídos y tímidos.

Su paso al Necaxa mexicano tras una temporada por el AC Milán constituyó la primera llamada de alerta acerca del rumbo que tomaba la carrera del “Mati”. Con 31 años recién cumplidos, se le suponía con cuerda para rato. Y aunque en el equipo del que era hincha el entrañable “Don Ramón” estuvo por cierto lejos de protagonizar un desastre, su actuación tampoco fue tan vital ni tan trascendente como se le suponía viniendo de un medio claramente superior, como el italiano.

Sus espaciadas convocatorias a la Roja también carecieron del brillo que se esperaba, y en más de una oportunidad hasta quedó al margen de la cita a causa de sus constantes lesiones.

Su paso por el Junior de Barranquilla, para colmo, resultó absolutamente intrascendente. El “Mati” cada vez jugaba menos y, cuando lo hacía, demostraba estar a años luz de ese jugador que en su mejor momento había encandilado a todos, incluidos los periodistas y críticos argentinos, poco dados, en general, a reconocerles méritos a jugadores que, por no ser de ellos, no prometen mucho que digamos frente a la posibilidad de una transferencia millonaria.

El periodismo colombiano llegó a calificarlo, incluso, como una de las peores apuestas del Junior de Barranquilla en los últimos años.

El recuerdo de lo que alguna vez había sido, la idolatría que con toda razón se había ganado en la hinchada alba, hacían de la decisión de Blanco y Negro por traerlo de vuelta al Monumental una medida que en ese momento se antojaba irreprochable. Económicamente, además, era muy viable, toda vez que la regencia del “Cacique” no tendría que negociar con ninguna institución por el valor de su carta.

Pero analizado más a fondo, y con toda la objetividad que era posible, planteábamos nuestras legítimas dudas acerca de lo que podía ser el aporte futbolístico de un “Mati” agobiado por sucesivas y rebeldes lesiones. Exponíamos, además, aquella máxima de que “nunca segundas partes fueron buenas”, apelando al recuerdo fresco de lo que para Colo Colo significaron el regreso del “Chupete” Suazo, primero, y de Lucas Barrios, después. Y es que ambos, ídolos incombustibles y goleadores implacables en una primera etapa, en su retorno al Monumental fueron apenas un remedo de lo que habían sido la primera vez que vistieron la alba.

Lamentablemente, los hechos parecen estar dandoles la razón a nuestras fundadas aprensiones. En siete fechas disputadas, el “Mati” sólo pudo estar en tres partidos, sumando además escasos minutos: apenas 63. Frente a Cobresal jugó 16, ante Curicó Unido 36 y 11 frente a la Universidad de Concepción. No dijo presente frente a Palestino, Audax Italiano, Universidad Católica y Deportes La Serena.

No pudo estar, tampoco, en los dos partidos que alcanzó a disputar Colo Colo por la Copa Libertadores de América. Ni frente al Wilstermann, en Cochabamba, ni ante el Athletico Paranaense, en el Estadio Monumental.

A cuatro meses de detenido el fútbol, el “Mati” Fernández lamentablemente no es mucho lo que ha superado la dolencia de sus rodillas. Todo lo contrario, por ejemplo, de Zaldivia, que aprovechó el obligado receso para superar la grave lesión que sufrió en agosto del año pasado, en la víspera del encuentro que Colo Colo debía disputar frente a Palestino, por el Campeonato Nacional: rotura total del ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda.

Dicen que la semana próxima el “Mati” podría estar de regreso en las prácticas. Ojalá fuera cierto. Y que, ya recuperado, vuelva a ser ese jugador que espera Colo Colo  y que sería además todo un aporte para el fútbol chileno.